Montañas, turismo y delincuencia ambiental en el pos-COVID. Por (*) Arturo Crosby

Aunque en este mismo titular se menciona el pos-COVID, admito que debería llamarse el pos-confinamiento, aunque no para muchos todavía, por desgracia.

Si el titular les pueda alarmar, es mucho mas fuerte la base del mismo, en relación a una noticia recién publicada “Los ciclistas de montaña considerados delincuentes en los Picos de Europa “, en el que se hablaba que en el Parque Nacional de Picos de Europa (norte de España), se había prohibido el uso de bicicletas de montaña en sus caminos y senderos por su impacto ambiental y entendían que esa prohibición de alguna manera los colocaba como delincuentes y supongo que con el calificativo de ambientales.

La situación actual del turismo, en esta pos-pandemia, específicamente en España (supongo que pasará algo similar en otros países de contextos similares), donde se ha promocionado el turismo doméstico, y de cercanía, provoca que el número de visitantes, la mayoría no turistas sino excursionistas (no pernoctan y apenas hacen algún gasto turístico en el territorio) esté creciendo de una forma casi exponencial, en detrimento de los clásicos destinos de sol y playa y obviamente conlleva la disminución de la capacidad de compra, también por el síndrome de la COVID-19 (resumidamente pánico a todo lo que ocurra y sobre todo lo que pueda ocurrir, aunque no lo sepan), que ya se está instaurando en la mentalidad de muchos potenciales turistas.

Por tanto las montañas y por ende el medio natural, la Naturaleza, está sufriendo una presión cada vez mayor por parte de muchos visitantes que además de no tener una motivación por la misma, ya que lo que realmente buscan son lugares de esparcimiento, baratos y accesibles, al aire libre, con no mucha gente (antes no les importaba), pero sin embargo se concentran normalmente en un radio de no mas de 200 metros de sus vehículos.

Así esta presión de los flujos de visitantes depende directamente de la accesibilidad, (tanto de llegada a la zona o destino, como a nivel interno del área natural), a los lugares naturales y si ésta es buena los lugares se saturan, causando daños ambientales en el suelo, vegetación, fauna, en general al ecosistema de montaña, que es en muchas maneras vulnerable con zonas realmente frágiles, aunque con mayor protección.

Por tanto es fácil aseverar que la regulación de visitantes y la salvaguarda de espacios y microespacios en la montaña, se puede gestionar controlando las diferentes accesibilidades, en las que se incluye el uso público como la bicicleta que personalmente entiendo debería tener su territorio especifico y su regulación, acorde a diferentes variables ambientales: tipo de senderos o pistas, pendientes, climatología, intensidad y frecuencia de uso, consistencia del suelo, comportamiento de usuarios, etc…

Debería ser obvio que un mismo terreno o espacio natural, la montaña, sea compartido por diferentes segmentos de demanda, algunos incompatibles entre sí, y que la prioridad debería ser la preservación del medio natural, por lo que la regulación de las visitas no sería un problema, salvo como en la situación actual que por esta presión humana, pone en jaque a lugares que antes no lo estaban.

Dependiendo de la psicología (comportamiento) de la demanda, los impactos son mayores o no

Es mayor amenaza el comportamiento de muchos usuarios que su número, por la cantidad de impactos negativos, tanto hacia el entorno como hacia otros visitantes (algunos mas preocupados por el control de mascarillas que por la basura, ruidos, erosión, etc.)

Existen numerosas zonas de montaña, con gran tradición turística de senderistas, montañeros o de observadores o contempladores de paisajes (Los Alpes, Pirineos, Picos de Europa, Las Rocosas, Los Andes, y un largo etcétera), donde conviven ambos segmentos de viajeros, que producen gasto turístico, traduciéndose en empleo local, mantenimiento de la economía, y son conscientes de la conservación de su recurso natural, del cual viven, que llevan estos últimos años alarmados por la sobresaturación (Chamonix) y es que dependiendo de la psicología de la demanda, los impactos son mayores o no.

Hay muchas formas de “delincuencia ambiental”, pero la esencia de ésta, se basa en el comportamiento de los visitantes, ya sean turistas o excursionistas y la COVID-19

Muchas veces el numero de turistas, no conlleva beneficios en el territorio, si se hace un balance real entre costes y beneficios, pero sin duda actualmente y tal como está el medio rural, el turismo sigue siendo una de las economías clave para el mantenimiento de la población local, y claro la COVID-19 no solo no ayuda sino que también está causando grandes estragos, dependiendo del tipo de restricciones impuestas en los destinos. A mayor restricciones menos turistas y menor consumo local (aumentan los excursionistas en detrimento de los turistas).

A mayor restricciones menos turistas, mas excursionistas y menor consumo local

Por retomar el título del articulo, hay muchas formas de “delincuencia ambiental”, pero la esencia de ésta, se basa en el comportamiento de los visitantes, ya sean turistas o excursionistas y la COVID-19 ha puesto en circulación mas número de aquellos con comportamiento que podría rondar la delincuencia ambiental que obviamente afecta a la otra demanda respetuosa y que valora el entorno natural y social, pero que además contribuye económicamente.

Esto es una cuestión de saber gestionar turísticamente un territorio y no a corto plazo de un año, o en esta etapa de pandemia, sino al menos a medio plazo, con miras a cumplir objetivos claros, alcanzables para todos los actores implicados y no solo para alguno de estos.

 

Un cordial saludo

Arturo Crosby

Editor Natour magazine

www.forumnatura.org

 




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