Bajo el paraguas de la UNESCO: Ciudad de Puebla y Zapotitlán. Por (*) Arturo Crosby

Bajo el paraguas de la UNESCO: Ciudad de Puebla y Zapotitlán. Por (*) Arturo Crosby

Bajo el paraguas de la UNESCO: Ciudad de Puebla y Zapotitlán. Por (*) Arturo Crosby

Seguramente hay una imagen estereotipada del paisaje mexicano dominada por muchas películas de Hollywood y concretamente por los westerns, pero ese territorio se encuentra en las zonas fronterizas con los Estados Unidos.

Sin embargo en el Estado de Puebla, no lejos (en línea recta) de ciudad de México, existe un ecosistema árido, tipo desierto dominado por bosques de cactáceas que contrasta con otros lugares del país.

Me estoy refiriendo al valle de Zapotitlán y a la reserva de biosfera de Tehuacán-Cuicatlán, que en sus 500 Ha, albergan hasta unas 3.000 especies diferentes de plantas, con un 30 % de endemismos (algo increíble) de las que hay que destacar sin duda las cactáceas, con 45 especies del total de 70 que hay en todo México y claro sin olvidar los agaves, de los que se produce el mezcal, por destilación del maguey bebida de dioses y con aguante por sus 50º de alcohol y con denominación de origen de Puebla, en este caso. 

El municipio de Zapotitlán Salinas, que alberga una buena parte de esta reserva de la biosfera, fue fundado por indígenas mixtecos y popolocas en la época prehispánica, durante los años 1000-1560, dejando pocos restos de su presencia.

Pero sin embargo si cabe señalar la gran importancia a lo largo de toda su historia de las salinas, que a pesar de estar lejos de  las aguas salinas del Atlántico, han basado su desarrollo económico principalmente en la producción de sal, gracias a la gran salinidad del rio Zapotitlán o Rio Salado. Es obvio, que la existencia de numerosos y variados fósiles marinos confirman que este territorio estuvo sumergido en el océano, también. Si quieren comprobarlo, basta con acercarse a una pequeña población, apenas a media hora en coche, San Juan de Raya, donde se encuentran el Museo Comunitario Paleontológico y el Parque Ecoturístico Turritelas, desde donde sale un camino hacia la zona paleontológica en la que se pueden observar los diferentes fósiles marinos y también algunas huellas de dinosaurios de patas con 3 dedos.

Ni que decir, que conocer las salinas y la forma de producción de la sal, de forma muy artesanal, es una visita obligada para los viajeros. Recuerden la relevancia de la sal en esas épocas, donde era un bien tan preciado que en muchos lugares se utilizaba como moneda de cambio.

Quizás el principal motivo de la declaración de reserva de biosfera es la presencia de una flora desértica espectacular, en especial cuando florece y en concreto las diferentes cactáceas, que se concentran especialmente en el Jardín Botánico “Helia Bravo Hollis”, gestionado por comunitarios del propio municipio y con guías certificados. Si me piden opinión, les aconsejo que pregunten por Efren Perez.

La evolución de un territorio y más cuando interviene la actividad turística, puede ser muy intensa y grande, ya que logra que paisajes que hace décadas era prácticamente repudiado, a convertirse en un entorno con una capacidad de atracción, realmente espectacular. Y parece según su alcalde Eduardo  que quieren apostar seriamente por convertirse un “destino verde”, basado en la naturaleza inédita y su cultura local.

            Precisamente esta flora desértica la que con creatividad han sabido traducirla en una gastronomía única

Las principales causas de formación y existencia de este ecosistema, son por una parte el clima seco, con apenas humedad ambiental y temperaturas altas, que ocasionalmente en Mayo pueden alcanzar más de 50ºC, toda una experiencia y aventura, debido a que las corrientes del Golfo de México húmedas, cargadas de agua al chocar con la Sierra Madre oriental, descargan en ella y se transforman en vientos secos. Eso si tendrán garantizado sus días de sol. Y por otra parte, también influye el tipo de suelo de yesos y calizas, que lo aprovechan en sus explotaciones de “onix”.

Son precisamente esta flora desértica la que con creatividad han sabido traducirla en una gastronomía única, casi me atrevería decir endémica, porque es más que recomendable probar los platos, que pueden ver en las fotos, basados en las diversas flores de los cactus y otras plantas como chumberas. Todo aquello que aparenta ser extraño se convierte en una aventura gastronómica, sazonada también con platos de diferentes gusanos crujientes, fritos con un poco de chile, saltamontes y otros. 

Si, es cuestión simplemente de probarlos y yo lo hice.

La componente cultural de este destino turístico emergente, todavía en fase de construcción, la otorga la ciudad de Puebla y más exactamente la Heroica Puebla de Zaragoza, fundada en el 1531 y que con sus 1,5 millones alberga el mayor numero de iglesias de toda la región y claro destaca por sus muestras arquitectónicas civiles y coloniales, formando un paisaje urbano en su centro histórico, realmente motivador.

Es una mezcla de arquitectura española, francesa y barroca, destacando la catedral (Por la noche y con luna llena es un espectáculo), el teatro y palacio municipal y un largo etcétera, porque cada esquina tiene su obra, con tal relevancia que fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO

Cabe señalar también, porque justo en este 2019, ha sido declarada por la UNESCO también patrimonio de la humanidad a la cerámica de Talavera (España) que justo en Puebla se traslado un taller y desarrollo la misma técnica.

          La UNESCO declaró Puebla, Patrimonio de la Humanidad y Zapotitlán, Reserva de la Biosfera

Hoteles hay en diferentes partes de la ciudad y más en el centro, pero para quienes les guste combinar la tranquilidad nocturna con la cercanía al centro histórico y mayor seguridad, son más recomendables aquellos que se localizan en la frontera del centro con la parte moderna, como es el caso del conocido Hotel Loa Inn.

Pero si hay algo increíble en este territorio poblano en su gastronomía, muy reconocida en todo México y puedo dar fe de ello. Obviamente es en la ciudad donde adquiere su máximo exponente por su variedad de platos, entre los que cabe destacar el chile en nogada, las chalupas, las “cemitas”, el mole poblano, mole de caderas y los dulces, como camotes, los limones rellenos de coco, el jamoncillo, los muéganos, el piñón, cacahuates garapiñados y otros rellenos o macerados con chile.

La región turística, por no decir el Estado de Puebla, acoge bastantes flujos turísticos, provenientes no solo del país sino de otros países latinoamericanos con fácil acceso aéreo, como los que tiene la línea aérea mexicana Interjet y claro también el mercado de EEUU y el europeo.

Obviamente un destino con mucho futuro, pero que conviene desarrollar de forma sostenible, con gobernanza turística, ausente por el momento y con una debida articulación entre su parte más cultural (Arquitectura, Gastronomía, Artesanías, Textiles,..) y la natural (Ecosistema desértico con bosques de cactáceas).

Así, dos entornos mundialmente reconocidos por la UNESCO, Puebla como Patrimonio de la Humanidad y Zapotitlán, Reserva de la Biosfera

 

No sé si debo terminar con la conocida frase de ¡Que Viva México o Viva Puebla!

Un cordial saludo,

 

Arturo Crosby

Editor Natour

 

 




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