La pandemia oculta al turismo la urgencia de actuar ante el cambio climático. Por (*) Arturo Crosby

Al contrario que muchos medios de comunicación no deseo crear alarmas y mucho menos fobias que tenemos de sobra, pero sí enfatizar en la necesidad de actuar ahora que se puede, es decir, ahora que estamos a tiempo.

Es entendible que la situación actual de la pandemia del covid19 haya eclipsado muchos otros problemas incluso más graves como son los efectos adversos del cambio climático que se está traduciendo en una auténtica crisis climática o lo que algunos afirman en una emergencia climática. Y no es porque lo diga el billonario Bill Gates, sino porque científicos de todo el mundo llevan años alertando de lo que se avecina.

Para que se pueda comprender algo mejor de cómo está afectando y el impacto que tendrá en el turismo y en concreto en los destinos expuestos, que son prácticamente todos, sería bueno romper algunas ideas que se manejan, como: si la temperatura global sube un par de grados Celsius, muchos países y sus destinos se beneficiarán porque aquellos que estén con inviernos muy fríos podrán sobrellevarlo mejor y  sus veranos serán tan agradables que no tendrán que viajar al sur (el caso de Europa, por ejemplo) o incluso que los habitantes del sur pasarían sus vacaciones de verano en el norte.

Para que se pueda comprender mejor cómo está afectando y el impacto en el turismo y en destinos expuestos, sería bueno romper algunas ideas que se manejan.

También ronda la idea de que el derretimiento de los hielos árticos o antárticos, favorecerá el tráfico y por tanto la actividad turística en esas zonas de nuestro planeta aumentando las oportunidades de negocio turístico.

Que tal vez los inviernos en general será más suaves y por tanto favorecerá el alargamiento de las temporadas vacacionales.

Bueno, estos son varios de los pensamientos que circulan en voz baja entre un empresariado y grupos profesionales que evidentemente están muy confundidos, porque solo ven un lado, el benevolente del cambio.

Sin embargo cada punto mencionado conlleva unas consecuencias negativas que superan con creces esos aspectos más bondadosos.

Los cambios de temperatura globales no son homogéneos ni se pueden predecir con antelación suficiente y esa posible beneficencia climática se traduce en lluvias intensas, gota fría, nevadas intensas fuera de temporada y fuera de sus escenarios habituales (véase este año Madrid, Texas, etc.), aumento más incontrolado de ciclones, huracanes, tormentas y demás fenómenos atmosféricos que causan y causarán graves daños y de forma más periódica seguramente, que por supuesto tendrán graves impactos negativos en muchos destinos.

También se produce el fenómeno opuesto de grandes sequías que se traduce también en incendios y por tanto en pérdida de la masa forestal y vegetal en general, que al final es la que protege precisamente de la escorrentía de esas masas de agua provenientes de tormentas, ciclones, y por supuesto la pérdida de hábitats para la fauna, agricultura, ganadería y poblaciones que se verán obligadas a una migración.

Estas sequías (véase Australia o África) irán en aumento y si bien estos fenómenos globales causan sus impactos de forma gradual y aparentemente desordenada, no se perciben hasta que no ha pasado un periodo de tiempo y se aprecien los daños produciendo escenarios dantescos y llevando a situaciones irreversibles, ya que los costes de reposición serán tan altos que no se podrán asumir por una mayoría de destinos y países.

Por otra parte, este cambio de temperaturas favorece un entorno ambiental mucho más frágil y vulnerable para la población y en este caso para destinos y demanda turística, ya que se favorecerá lo más indeseado, la propagación de virus, bacterias y todo tipo de microorganismos, beneficiados por las temperaturas más suaves o altas y otras condiciones climáticas y ambientales en general.

Esto no solo ocurre en las zonas naturales, rurales, litoral….sino por supuesto en las ciudades, grandes o pequeñas (es decir destinos turísticos urbanos), como ha alertado el IPCC en muchas ocasiones.

Para el cambio climático no hay vacuna, pero sí se puede actuar a base de adaptación y mitigación, a escala local y global simultáneamente.

¿En qué se traduce este cambio climático y global ambiental en el turismo? Pues que esta actividad al igual que muchas otras sufrirá más acentuadamente las consecuencias negativas ya que el turismo depende directamente del factor externo ambiental, algo similar a la agricultura y ganadería.

Ahora todo se centra en combatir la pandemia del covid19, pero se está olvidando de un fenómeno que nos afecta más y que no hay vacuna, pero sí se puede actuar a base de adaptación y mitigación, a escala local y global simultáneamente.

En una segunda parte les incluiré más datos.

Un cordial saludo y siempre mantengan el optimismo

 

Arturo Crosby

Editor Natour magazine

 

www.forumnatura.org 




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