Enoturismo: sostenibilidad y competitividad para el turismo rural. Por (*) Arturo Crosby

Enoturismo: sostenibilidad y competitividad para el turismo rural. Por (*) Arturo Crosby

No hay duda que estamos para muchos o pocos, esa es mi duda, en una época totalmente disruptiva, lo que implica una gran oportunidad para quienes quieren innovar y apostar por un turismo que sea sostenible y realmente competitivo.

No creo que haya muchas dudas, pero en líneas generales se puede afirmar que esta actividad económica, productora de negocios en las zonas rurales, no es competitiva, ya que entre otras cosas, su estructura todavía muy atomizada en el territorio, fue pensada como un complemento a otros negocios primarios del mundo rural, como la agricultura, ganadería, etc…

Si hablamos de innovación turística y de negocios disruptivos en el medio rural, el turismo podría ser uno de estos, pero valga la redundancia, siendo innovadores y disruptivos.

Es evidente que una mayoría de turistas que escogen el “campo” para su tiempo de ocio o vacaciones, tienen como una motivación principal la componente gastronómica, que se suele asociar a los pueblos y sus culturas.

Enoturismo

Si pensamos especialmente en el sur de Europa, el Mediterráneo o en Asia (no me olvido por ejemplo de México, etc…), turismo y gastronomía van siempre de la mano, así como los vinos, que son cada vez más atractivos para los consumidores en general y en particular para los viajeros.

En muchas regiones de nuestro mundo, se asocia gastronomía con vinos y por tanto turismo gastronómico con #enoturismo, de tal forma que ambos conforman una sola experiencia.

Quizás lo que habría que tener en cuenta para poder crear productos turísticos sostenibles y competitivos, en las zonas rurales, espacio donde se localizan prácticamente todas las bodegas y por tanto las infraestructuras vitivinícolas, son un par de aspectos:

a) Que estamos trabajando negocios turísticos (alojamientos, restauración, animación…) ubicados en las zonas rurales, es decir turismo rural.

b) Que especialmente la demanda internacional, dudo mucho que viaje miles de kilómetros para degustar y comprar unos vinos, por muy especiales que sean.

Siendo product manager de la Asociación Española de Enoturismo, he aprendido que incluso las bodegas que están ya en el mundo del enoturismo, tienen muy claro que no les vale como punto de venta para turistas, aunque lo hagan, pero si como imagen y reputación en los diferentes mercados objetivo.

Si hablamos de vinos, viñedos, bodegas y gente, tenemos que tener en cuenta el territorio o entorno donde se localizan, su historia a veces de siglos y su relación estrecha con los paisajes, arquitectura, usos del suelo, cultura local, naturaleza…, que podríamos resumirlo como un acercamiento a la ecología humana, pero interpretada para ser consumida por los consumidores-turistas.

Por tanto el vino, puede ser el “core” del producto, tal vez la motivación principal, pero si se queda aquí, apenas podríamos hablar de visitas de un par de días.

Es necesario ubicar el vino en su entorno y consecuentemente ofrecer dicho entorno, como si fuese turismo rural, pero bien enfocado y diseñado.

Aunque parezca muy obvio, el enoturismo puede ser la parte innovadora y disruptiva del turismo rural, que todavía no llega a ser competitivo (en una gran mayoría de zonas).

Este también será un tema que trataré en unos días en Ecuador, ayudando a enfocar más competitivamente el turismo rural.

Un cordial saludo,

Arturo Crosby

Editor Natour

www.forumnatura.org




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