La verdad de cómo afectan los confinamientos por la COVID-19 a las áreas naturales turísticas. Por (*) Arturo Crosby

Durante toda esta pandemia de la COVID-19 se ha hablado mucho de las ventajas o posibles beneficios para las áreas naturales, ya sean protegidas o no, por la ausencia prolongada de visitantes, logrando una aparente recuperación de ecosistemas y fauna que no sufre el stress de la presencia humana, pero sin embargo se ha omitido y parece que no gusta sacarlo a la luz, los graves impactos que sufre la naturaleza por la masificación, saturación e intensidad de las visitas de excursionistas (que no pernoctan y por tanto además no producen ingresos económicos  a nivel local).

La cercanía de grandes núcleos urbanos pone en peligro la conservación del medio natural y rural

Podemos resumir la situación en categorizar dos casos bien diferenciados  de impactos, cuando se producen los confinamientos o cierres perimetrales municipales, provinciales o regionales para minimizar supuestamente la pandemia:

  1. Los que se producen de forma centrífuga en zonas con núcleos grandes de población, y cuyo resultado es que un gran flujo de residentes sale de excursión al campo más próximo (radio de una hora en vehículo), por necesidad vital, pero no por motivación.
  2. Zonas de núcleos pequeños que tratan de impedir la circulación de visitantes en sus zonas de influencia, especialmente de aquellos pertenecientes al grupo 1 anterior.

Los turistas de día o excursionistas están necesitados de Naturaleza, pero no motivados y es una seria amenaza

Los excursionistas de corto recorrido (viajes de estadías de unas horas y no más de una hora de su punto de origen), cuando residen en ciudades grandes como el caso de Madrid (en la comunidad autónoma viven 6,6 millones de personas), la necesidad de escapadas se hace evidente y al habitar en territorios pequeños como es esta región de apenas 8.000 Km2, no hace falta saber mucho cálculo para ver la gran densidad de población (la ciudad de Madrid tiene 5.418,47 hab/km²).

Esto se traduce que existe una demanda potencial enorme de excursionistas y turistas que están además acostumbrados a salir de forma continuada, pero por las restricciones actuales se ven acotados en un espacio pequeño donde se producen grandes concentraciones de gente.

Los resultados son evidentes, ya que al ser viajeros necesitados pero no motivados por la naturaleza y por ende poco concienciados que además compiten espacio y tiempo con los viajeros que sí están motivados, por una parte entran en conflicto y por otra su impacto en el medio natural es muy grave, especialmente en aquellas zonas con accesos fáciles y conocidas.

La saturación turística y la intensidad de la visitas está provocando graves daños a los ecosistemas y alterando la etología de muchas especies. Y por otra parte si una de las estrategias de la gestión pandémica es evitar las aglomeraciones, pues obviamente no se cumple sino que además se promociona o se facilita.

Quizás uno de los mayores causantes de este impacto, sea que esta tipología de viajeros pertenecen a segmentos de turismo convencionales que nada tienen que ver con las motivaciones por lo natural pero al tener restringido el acceso a sus espacios de ocio, recreativos o turísticos se ven “obligados” a consumir otro tipo.

Sin embargo en el caso 2, de núcleos de población pequeños que suele coincidir también que su densidad de población es mucho menor, el impacto ambiental es también muy inferior.

De facto es la población residente la que filtra viajeros y a veces llega incluso a impedir su movilidad. Se da la dicotomía entre una oferta turística que necesita rentabilizar sus negocios y generar un desarrollo local rentable y sostenible, y otra parte del destino que no quiere recibir impactos negativos ambientales ni sociales, algo imposible.

Si bien el medio natural, la Naturaleza es de todos, es imprescindible pensar en su conservación, donde el turismo debe jugar una gran baza que sabiéndolo hacer se conseguirán buenos resultados y aunque no es tema de este articulo, la mitigación de la despoblación rural y repoblación, lo ahondaré en las próximas entregas.

Algunos de los resultados de la gestión de esta pandemia son muy negativos a nivel económico, social, psicológico y ambiental, porque actúan como el colesterol, se van acumulando silenciosamente hasta que pueda ser tarde o dolorosa la situación y requiera altas dosis de medicación.

Un cordial saludo,

Arturo Crosby

Editor Natour magazine

www.forumnatura.org 

 

 




Secciones: