Terres dels Alforins

Terres dels Alforins

Terres dels Alforins

Cae la tarde y el cielo en las tierras dels Alforins se tiñe de malva. Allá en el horizonte, la Mancha albaceteña que permite viajar la vista, donde se pone el sol, un foco naranja. Estas tierras con cada estación estrenan vestido.

Ahora en el otoño rojizas, y esos tonos dorados que se entremezclan cada tarde. ¿De dónde eres? ¿De dónde vienes? Uno es del lugar donde ha decidido vivir y ayer, en la Mesar Redonda de Tierras dels Alforins varias personas me dijeron: qué bien que hayais venido los de allí. Aquí y allá, de este lado y del otro.

Cuando viví en México, en Tamaulipas, nadie hablaba de los Estados Unidos, simplemente se decía “el otro lado”. Aquí estoy y aquí me quiero quedar. Hace un par de años llegué a estas tierras que fueron entrando poco a poco por mi retina y mi paladar: el paisaje ondulado de una sierra de pinos y carrasca, las viñas que se van extendiendo por todo el valle, los almendros jalonando los cultivos, los olivos con sus arbequinas, los nogales y los cerezos.

Una zona de paisaje protegido donde no cabe una fábrica, ni un polígono o una urbanización de adosados. Y las casas centenarias que se conservan, algunas bodegas, otras masías de recreo. Se han unido los bodegueros formando la asociación “Terres des Alforins” con buenos caldos, partiendo de la uva propia, el monestrel, densa y suave. Hace un año debutaron en este mismo espacio, el claustro de la Universidad de Valencia, un edificio que acoge con buenas exposiciones (el Roto, la memoria gráfica del Jazz) y que es un ejemplo del poderío valenciano durante el XIX, aunque por supuesto recuperando el más clásico estilo renacentista. De la Mesa Redonda para hablar de los vinos, de la gente, de las proyecciones futuras, del cariño con el que se hace esta producción que pronto tendrá su denominación de origen. Y van llegando inversores y los lugareños invirtiendo en su uva, en su forma de hacerlo y en su forma de contarlo al mundo.

Varios de estos vinos han recibido altísimas calificaciones de Parker y pronto será una tierra tan codiciada como las del Priorato, porque entre los pueblos de Fontanars, La Font de La Figuera y Moixent solo hay belleza y buen hacer…y un auténtico futuro de desarrollo sostenible reuniendo lo mejor del presente con el pasado para hacer que ese sol y estas tierras sean conocidas allende los mares.

 




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