Engaño. Por Pilar González

Son numerosas las ocasiones en las que no hay juego sexual sin engaño, ni entre los humanos, ni tampoco en la propia naturaleza.

 

La orquídea, esa flor exquisita que se regala para expresar la singularidad de la agasajada, es un exponente de lo más sorprendente y diabólico del mismo.

El género Oprys, que es para muchos el de mayor belleza, posee unos pétalos que parecen la hembra de un insecto y produce además un olor muy parecido al de las famosas feronomas que tanto atraen a los machos.

La trampa pues está servida …el insecto macho va directo a la orquídea creyendo que es un fémina de su especie e intenta por todo los medios aparearse sin, claro está, conseguirlo.

Cuando desiste se lleva con él el polen de la bella flor que depositará en el estigma de otra, sirviendo así de intermediario en este complejo mundo de la reproducción sexual de las flores.




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Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com