Solo coches eléctricos en la nueva normalidad / El #vídeoblogambiental de @ValentinCarrera

Greenpeace ha vuelto a poner el dedo en la llaga. Hoy mismo ha desplegado una gran pancarta en el centro de Madrid para pedir que ni un solo euro de dinero público vaya a empresas contaminantes. La acción reivindicativa de Greenpeace se produce a propósito del plan de apoyo a la automoción anunciado por el Gobierno.

 

Cuatro mil millones de euros, de los que una parte irá a subvencionar la compra de vehículos con combustibles fósiles como el diésel, la gasolina o el gas, es decir, a industrias contaminantes, “comprometiendo ―dice Greenpeace― los objetivos de reducción de emisiones firmados por España, mientras países como Alemania o Francia concentran sus ayudas en el desarrollo de vehículos eléctricos”.

Estamos hablando de un sector industrial, la automoción, que supone el 10% del PIB nacional, necesitado de una profunda reconversión: el cierre de las plantas de Nissan en España es solo un primer aviso, pero todas las demás fábricas que siguen produciendo y exportando vehículos de combustión interna podrían seguir el mismo camino que Nissan.

Solo un volantazo, nunca mejor dicho, puede cambiar la mala dirección, la inercia, la obsolescencia del sector, acostumbrado a una cierta prepotencia social: el mundo del automóvil es muy poderoso ―desde los fabricantes a los concesionarios, pasando por los talleres, las compañías de seguros, los anunciantes, los parkings y todos los demás servicios asociados al coche―; pero quien manda y ordena es el lobby del petróleo, que se resiste a perder su mercado. El COVID-19 nos ha enseñado que es tiempo de dar la vuelta al sistema y, como pide Greenpeace, “acometer cambios estructurales de calado para afrontar la crisis climática, que ya lleva tiempo avisando de sus devastadores efectos”.

La nueva normalidad no puede ser volver a la vieja automoción del siglo XX, subvencionando boinas tóxicas sobre nuestras ciudades y coches de combustión muy contaminantes. La nueva normalidad debiera ser un plan industrial de automoción exclusivamente verde. Que los fabricantes se pongan de una vez por todas las pilas y saquen al mercado modelos eléctricos familiares o comerciales eficaces, competitivos. Que las ayudas generen en los consumidores la compra de coches eléctricos sin ningún tipo de dudas.

Que se penalice fiscalmente la venta de vehículos contaminantes. Que se pongan las pilas los ayuntamientos y las estaciones de servicio; y los hoteles y todos los aparcamientos públicos: unos prohibiendo la circulación de vehículos de gasolina y gasoil; otros facilitando puntos de suministro eléctrico. Exijamos vehículos CERO emisiones y nada más; el resto es historia y, cuanto antes pasemos esa página, mejor para todos y mejor para el Planeta.

La primavera avanza.

Horizonte Antártida

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