Salvar la vida, mejor que salvar la Navidad. #VideoBlogAmbiental de @ValentinCarrera

(*) Valentín Carrera.- Esta No-navidad, mi recuerdo emocionado es para los que se han ido: por ellos, vamos a cuidar y cuidarnos

 

Los niños y niñas hacen fácil lo complejo, mientras los adultos tendemos a complicar lo sencillo. En esta línea, podríamos definir a los políticos como esos seres capaces de hacer difícil lo fácil; profesionales entrenados para encontrar un problema para cada solución. No me gusta generalizar —no todos los políticos son iguales—, pero en la gestión de la pandemia COVID, la insensatez alcanza ya a todos.

Un ministro de Sanidad irresponsable asiste a un evento del diario El Español con otras 150 autoridades irresponsables; y el irresponsable presidente Mañueco bendice que 300 curas y obispos ancianos (de alto riesgo y altamente irresponsables) se reúnan en la catedral de Burgos y otros 250 en la de León, por asunto de ninguna urgencia; y 10 000 irresponsables más se reúnen en un (prescindible e inoportuno) concierto de Raphael; pero la culpa de propagar el virus es de los adolescentes que hacen botellón.

Un sinfín de alcaldes, presidentas autonómicas, comerciantes y comunicadores propagan ese virus llamado “Hay que salvar la Navidad”, iluminan las calles ricas con dinero público y nos invitan al consumo desaforado, mientras cuestionan la mínima subida de un mínimo 0,9% del salario mínimo, apenas 8,55€.

En medio de este sindiós, el sentido común debería ayudarnos a poner algo de cordura.

En primer lugar, debemos “distinguir las voces de los ecos” como pedía el poeta; apagar el ruido mediático y ponernos a dieta informativa: un noticiario al día es más que suficiente. Hay muchos libros, películas, sinfonías y juegos maravillosos que leer, ver, escuchar y jugar, como para perder el tiempo con dos telediarios-basura y tres caca-tertulias.

En segundo lugar, estamos ante un nuevo desorden mundial producido por una pandemia súbita. La humanidad ha sufrido pestes, lepras, gripes, sidas, y otras pandemias letales; también guerras y hambrunas con millones de muertos; y la peor de las epidemias, la pobreza. El dolor y la muerte nos acompañan en la larga marcha. Nada nuevo: aceptación y serenidad. Debemos aprender a vivir con la incertidumbre.

Plagas climáticas

Lo previsible es que el COVID mute, como hace cada invierno el virus de la gripe; que surjan otras enfermedades y plagas, por ejemplo, climáticas. Está pasando: comemos millones de microplásticos en la dieta diaria y respiramos aire tóxico. El agua y el oxígeno ya cotizan en el mercado de futuros.

Pero esta pandemia es una invitación a vivir el presente —Carpe diem—, a valorar lo mucho positivo que nos rodea, incluso en los trances dolorosos: familia, amigos y amigas, afectos, la naturaleza, la ciencia, la cultura, la música, el arte, la alegría, la belleza. Frente a la legión de profetas del apocalipsis y jeremías, que todo lo ven mal, es tiempo de celebrar que estamos vivos: cada minuto de felicidad compartida cuenta, cada sonrisa es un tesoro y cada beso una riqueza infinita.

Queridos amigos y amigas de EfeVerde: gracias un año más por el regalo de vuestro tiempo cada semana; esta Navidad —que no hay dios que la salve— solo os deseo una pizca de sentido común; menos profetas del miedo y más sonrisas. Esta No-navidad, mi recuerdo emocionado es para los que se han ido: por ellos, vamos a cuidar y cuidarnos. La primavera avanza.

  • Valetín Carrera, escritor y periodista

Horizonte Antártida

Lo pequeño es hermoso

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