El clima ya no es lo que era. Por José María Cernuda

José María Cernuda.- Aprovecho la ocasión que me brinda la aparición de un artículo publicado hoy en el diario El País, firmado por Daniel Innerarity, del que conservo y hago mío el titular, para regresar a mi post sobre la materia.Lamento no alcanzar su proverbial erudición pero, como aficionado a las cuestiones del clima y obligado por mi condición a …

José María Cernuda.- Aprovecho la ocasión que me brinda la aparición de un artículo publicado hoy en el diario El País, firmado por Daniel Innerarity, del que conservo y hago mío el titular, para regresar a mi post sobre la materia.Lamento no alcanzar su proverbial erudición pero, como aficionado a las cuestiones del clima y obligado por mi condición a estar cerca de la interpretación de las normas, he comprobado que no parece diferenciarlo del cambio climático y, lo que es peor, entiende que hablar sobre clima –o meteorología- era (concluye que ya no lo es) un tema “formidable para las conversaciones intrascendentes, en las que buscamos un espacio de interés común y, sobre todo, no molestar.”

Ya no es lo que era

No puedo estar más en desacuerdo con la trivialización del clima. Aunque deba reconocerse que, para empezar una conversación y dar pie a continuarla, suele ser uno de los argumentos a los que se acude. Sin embargo, hablar sobre él, pensar en él, siempre ha formado parte de la cotidianeidad de las personas de manera determinante porque se dependía de él de manera determinante. Al menos hasta la llegada de la Revolución Industrial, consecuencia del abandono de la vida en el campo y el continuo crecimiento de las ciudades. Vivir en una ciudad permite no estar pendiente del clima como antaño porque creemos que la protección que nos brinda nos hace inmunes a sus efectos. Hoy da la sensación de que vivimos de espaldas a él, y solo nos preocupa si va a condicionar los planes que tenemos para el próximo fin de semana.

Cambio climático

El clima ha cambiado su importancia en nuestras vidas porque, hasta que nos empezamos a concienciar de la existencia del cambio climático, creíamos que era algo que solo había afectado a nuestros antepasados y con la tecnología y la falsa sensación de seguridad de nuestras ciudades, en donde creemos tener buen cobijo, no podría afectarnos como antaño.

Sabemos que no es así. Y mientras llegamos a esta conclusión y comprobamos que sigue siendo tan determinante como siempre y para todo, tenemos que utilizar la ley para intentar que sus cambios nos lleguen debidamente amortiguados. La ley y la educación como herramientas para combatirlos.

José María Cernuda

Ley y Clima.

Noviembre, 2010




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