Cancun, Durban: hasta el año que viene. Por José María Cernuda

Logotipo de la COP13 que empieza este 2 de diciembre en Cancún (México).

José María CernudaTranscurridas tres semanas desde que finalizó la cumbre de Cancún sobre el cambio climático, todavía siguen analizándose las conclusiones a las que se llegaron, y las opiniones de los expertos mantienen las discrepancias sobre su alcance.

Aprovecho mi blog para dar la mía sobre lo que en la COP de  Cancún se trató, anticipando que como no se estableció norma alguna -la única forma de obligar a que se cumpla lo acordado y establecer mecanismos para comprobarlo-, los acuerdos a los que se llegaron solo son compromisos, la mayoría voluntarios y sin fuerza vinculante suficiente para ser considerados de obligado cumplimiento.En Cancún todo fueron declaración de intenciones sin otro alcance importante más que el de “comprometer” a los EEUU y a China, en uno de los “pactos” en los que, al parecer, se dividió la Conferencia: el de la Convención sobre cambio climático y el del Protocolo de Kioto. Como se sabe, éste no se ha sustituido y nada garantiza que en 2012, cuando expire, se haya conseguido uno nuevo, ni siquiera de rango inferior.

COP de Cancún

Entre las que denomino “declaración de intenciones” se encuentra la feliz coincidencia de todos los participantes en que debe mantenerse la subida de las temperaturas por debajo de los dos grados centígrados, sin que este objetivo suponga una obligación para ningún país, aunque anima a profundizar en la normativa interna a quienes, voluntariamente, se lo hayan fijado. Además, para 2015, se revisará que todos los países no superen el incremento de 1,5 grados centígrados, limitando emisiones, hasta conseguir que en 2020 se pueda alcanzar una reducción de hasta un 40 %. No obstante nada se acordó sobre cómo fijar esas revisiones. También se estableció completar los trabajos sobre la prórroga de Kioto antes de que llegue su fecha de vencimiento. Por último, los países emergentes, China, India y Brasil, adquieren el compromiso de rebajar emisiones sin recortarlas drásticamente, e informar sobre ello a la ONU con carácter bianual. Además se crearán planes para evitar la deforestación de los países tropicales, a los que se tendrán que dotar fondos.

Respecto de la financiación, se adquiere el compromiso de aportar fondos a los países en desarrollo para adaptarse al cambio climático y reducir emisiones, compromiso que como los demás, no supone obligación alguna, y la dotación de un Fondo Verde, específico, que administrará el Banco Mundial y que incluirá la financiación para evitar la deforestación comentada con anterioridad.

Por no haberse establecido obligaciones a través de las normas, la conferencia de Cancún no puede considerase un éxito, aunque el hecho de reunirse para afrontar el reto del cambio climático repitiendo desde hace años, sin normas pero con compromisos, solo son primeros pasos, pero de enorme mérito. Poner de acuerdo a todos los países sobre la existencia de un problema de tales dimensiones y mantener una línea de comunicación y de diálogo permanente a través de conferencias y protocolos, todavía de corto alcance, debe llevar necesariamente al éxito cuando se puedan adoptar acuerdos que se traduzcan en leyes.

No ha sido en Cancún, pero ¿podremos decir lo mismo cuando nos encontremos en Durban.?

José María Cernuda

Ley y Clima

Diciembre, 2010




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