Las dádivas del OTOÑO. Por Joaquín Araujo

Nueva entrega del blog de Joaquín Araujo “escenas de la vivacidad” en la blogosfera de EFEverde, con el OTOÑO como protagonista

En nuestros predios casi todo lo esencial, para que el TODO continúe, tiene al otoño como principal aliado. Es más, las mejores ofertas estéticas de la naturaleza parecen manar de esta madurez del año. De hecho muchos consideramos bastante más lógico que el calendario oficial comience a finales de septiembre, como aún lo hacen los cursos del sistema educativo, las temporadas en los medios de comunicación y los calendarios agrícolas y ganaderos.
Muy al contrario de la imagen de desvanecimiento -esa que tanto ha contribuido a fomentar la palabra inglesa más usada para el otoño- lo que sucede en nuestros campos es una imponente resurrección. Resucitan, en efecto, tanto procesos y tantas vidas que duele el que solo una pequeña parte resulte conspicua para los más.
Con estas líneas os recuerdo las más importantes en clave, perdón, poética:

EL OTOÑO NOS REGALA:

El alivio del aire que se pone a beber como un poseso. El cielo se pone en celo y, claro, llueve.
La generosidad de la atmósfera que nunca se queda nada para ella misma.
Lluvia en dos direcciones: no menos crucial la inversa, esa que se yergue en forma de hierba y setas.
Colores a raudales en todos los aires bajos.
El entusiasmo de tantos pájaros que vuelven a cantar como si tuvieran que volver a enamorarse.
El desvanecimiento del sombrero de los árboles que se convierten en zapatos.
La pasión de venados, gamos, rebecos y cabras monteses. A menudo con sonidos que revientan.
El olor a nosotros mismos – humano quiere decir del humus- que mana de la tierra.
El inacabable repertorio de forma y color de los hongos reproduciéndose.
Los olores de la vendimia mientras las cepas se ruborizan.
La solidaridad de las cosechas cumpliendo fielmente su compromiso de darse ya cumplidas.
Las alfaguaras espabiladas por todas partes.
Que se pongan en ascuas majuelos, madroños, espinos, torviscas…
La brisa meciendo hilos de la virgen sobre todo cuando la luz baja del ocaso los hace chisporrotear.
Ese corto viaje de las semillas y bellotas que todo lo alarga.
El larguísimo viaje de los nómadas del viento, esas aves, que nos aportan, sin que nos movamos, lejanos paisajes.
El poder convertirnos también en nuestros pasos cuando la hojarasca los abraza.
El esplendor de los líquenes y musgos que ya son el primer mundo.
Los derredores recién lavados para que los ojos se enamoren de toda lontananza.
Que podamos, ya demasiado pocos, escribir poemas en la tierra con el arado.
Que a algunos, incluso, nos aterre que el verano esté conquistando demasiados territorios de la estación de la abundancia.
GRACIAS Y QUE EL OTOÑO OS ATALANTE.

(*) Joaquín Araújo

Naturalista, escritor, divulgador medioambiental




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