Éticas y poéticas del paisaje. Por Joaquín Araujo.

Explotación ganadera en Extremadura. Foto. Raúl Casado (EFE)

Por Joaquín Araujo.- (Resumen para EFEverde.com del discurso de ingreso en la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes)

“Aprecio lo silvestre tanto como un bien”
ENRY DAVID THOREAU

Sigue pendiente la tarea de incorporar; de que nuestra mente sume entre sus criterios esenciales que vivir es ante todo que el externo entre en nuestro interno, por tanto una incorporación de aguas, luces, aguas y lo que entre ellas y lo que pisamos logran para lo viviente.

Parece una tautología pero conviene recordar que nuestro modelo de relaciones no se funde, como sería necesario, sino que anexiona, conquista, explota y no devuelve casi nada a cambio. Sin olvidar que, demasiadas veces, lo que parte de nosotros hacia el ambiente es, sobre todo, ignorancia, desprecio y letales contaminantes, es decir violencia.

La declaración de paz con el todo necesita de casi todos y no menos de mucho más que los denodados esfuerzos de los comprometidos en la defensa de la continuidad de la vida.

Como se trata de evitar la merma de lo que es un bien, el más común de todos, conviene alcanzar los dominios de la más exigente y completa ética de todos los tiempos.

El pensamiento ecológico, en efecto, pretende agrandar, y además en todas las direcciones, los contenidos de lo ético. Incluso hasta que incluya la totalidad de los continentes y de los contenidos. Estoy convencido de muy pocas creencias pero si de  que incluir el origen en el destino y el derredor en lo cotidiano resulta infinitamente más completo, complejo pero necesario para la convivencia, con todos, con todo.

El derredor no derrotado es, además, la guarida de la propia expresión poética. Allí, todavía, el primer vínculo de todo con todo es la luz. Transparencias para que tu mirada viaje hacia los significados. Esos que crean, como para todos los vivos, la trama de toda poesía, de toda vida. Porque en medio de los lenguajes posteriores y sustitutorios, el poético es como abrir la ventana para que se ilumine el interior. Y para que entre aire nuevo. Casi todo en la Naturaleza y en la Poesía es atmosférico, es decir, inestable, leve, renovador y vital.

Hay, también, pálpitos un poco más densos; porque cuando la mirada, antes de ser palabra, acaricia el paisaje va levantando esa espuma que son los otros seres vivos que a su vez cohesionan, nexan, que son la armonía interna de la propia Naturaleza. Te visitan entonces, los montes, el árbol, la flor, el trino, el aroma, el insecto, dos alas alejándose… Y descubres que nadas en la sencillez, primer hogar de la belleza. Todo versificado, todo paisaje no derrotado del todo es bello, por eso te lo agradecen los sentidos y el sentimiento.

Y si la ingratitud no te ha despojado del todo de la condición más necesaria, amanece el agradecimiento. Todo esto que llamamos ética ecológica mana de esa alfaguara que es la gratitud. Entre otras cosas porque la mayoría de lo esencial sigue siendo regalo.
Imposible soslayar que la vitalista tenacidad de esa Natura que queremos trascender resulta, en todos los casos, fundamento de lo que somos y de lo que hacemos. Somos, en consecuencia, una parte. Esa que puede y debe cuestionar, explorar, aprovechar todo lo que le rodea, todo lo que es paisaje, pero que llegará tanto más lejos cuanto más lo demás sea.

Casi arrinconado en las esquinas del olvido queda el considerar que la belleza siempre es más verdad que la destrucción de lo que la crea y mantiene. Es decir que de la emoción cabe viajar al  compromiso, la responsabilidad y en consecuencia a la ética. Al final resulta algo tan sencillo como difícil:   yo solo trato de salvar a lo que me salva.

“Conocer es acordarse, y acordarse es reconocerse en lo que está siendo, es acordarse  en unidad” MARÍA ZAMBRANO

GRACIAS Y QUE LA VIDA OS ATALANTE.

(*) Joaquín Araújo

Naturalista, escritor, divulgador medioambiental




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