Estaciones. Por Joaquín Araujo

Arboles 3 BENAMIRA.- Fotografía de @arturolarena para EFEverde

Joaquín Araújo.- La vida del tiempo es lo que nos da la vida.  Su paso, el del tiempo,  insisto,  por los paisajes se resuelve en cadencias, ritmos, ciclos y sucesiones. Todo ello al servicio del incesante rejuvenecimiento de la vida.

El calendario en realidad se convierte en el fertilizante y la semilla de la continuidad de la vida. Que los individuos la perdamos resulta una anécdota al lado de la portentosa fuerza renovadora que tiene el tiempo pasando a través de los paisajes.  Sin olvidar que no deja de resultar sugerente, por el acierto que conlleva, el que llamemos tiempo también al metereológico, que cumple casi las mismas funciones que el cronológico. El clima es también la vida de la Vida. De ahí que herirlo sea herirnos. De ahí que la prisa, es decir el intentar vencer al tiempo siempre se vuelva contra el apresurado.

Rejuvenecer a cada instante el mundo es la tarea de los ciclos naturales y del clima que resultan por completo inseparables de lo que llamamos estaciones climáticas, pero que más bien deberían recibir el nombre de viajes, ya que nada se detiene  en parte alguna y mucho menos la vivacidad y sus estrategias para continuar.

Estamos bendecidos por la inclinación del eje terrestre con relación al sol. Esto permite que los derredores sean, como mínimo, uno y cuatro a lo largo del año. Además de variedad en los exteriores estas encadenadas sucesiones han sido administradas por los seres vivos de forma que el resultado es todavía más multiplicidad en todas las facetas relacionadas con la Natura.

saisonsCon todo, el progresivo enclaustramiento de esta civilización, el distanciamiento generalizado de los escenarios naturales y de lo que en ellos acaece, raramente permiten vivir tan cruciales cambios. Ni siquiera el auge de los programas sobre el clima, de todos los medios de comunicación, consigue una convivencia con la  más crucial y apasionante esencia de la Vida.

Pues bien, todo lo hasta aquí escrito viene a cuento de que eso mismo, pero más completo, bello y entretenido  nos lo va a contar, con uno de los lenguajes más eficaces, la película ESTACIONES. Lo hará además desde el escenario más prolífico y sugerente, el bosque europeo.

El largometraje ha sido dirigido por dos Jacques, Perrin y Cluzeaud, acreditados por producciones anteriores absolutamente espectaculares como Nómadas del viento y Océanos. De nuevo con años de trabajo, millones de euros invertidos, la mejor asesoría científica y los escenarios bien escogidos podemos adentrarnos en el gran espectáculo, el más bello del universo,  que no es otro que el paso de la vida por el tiempo y del tiempo por la vida, sin olvidar que también transita por todos los espacios de este planeta.

Una vez más se ha recurrido al troquelado de ciertas especies, sobre todo lobos, linces, grullas y gansos para poder obtener los mejores planos imaginables.
Por si todo eso fuera poco esta formidable película cuenta con unas de las bandas sonoras de ambiente mejores que he escuchado. Sin olvidar la música de Bruno Coulais y la voz de Elena Anaya adornando una muy sucinta y acertada narración.

Ciertamente no hacen falta muchas palabras cuando tan elocuente resulta el lenguaje de la Natura. Vayamos a verlo y a escucharlo. Pero sobre todo vayamos a contagiarnos y hacernos cómplices del mismo. Para lo que resulta del todo imprescindible saltar de la minúscula pantalla al escenario de todos los escenarios. A vivir el paso del tiempo sobre la piel del mundo. Conviene no olvidar que todo lo que llamamos comunicación ambiental debe ser solo el primer paso para comunicarnos, en vivo y en directo, con las verdaderas fuentes de lo que somos y nos permite seguir siendo.

(*) Joaquín Araújo

Naturalista, escritor, divulgador medioambiental




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