#HorizonteAntártida 2 / CO2: Remando al viento. Por Valentín Carrera

@ValentínCarrera (#HorizonteAntártida en EFEverde), a bordo del Sarmiento de Gamboa.-  En 1816, hace doscientos años, el poeta inglés Lord Byron viajó a Suiza para pasar el verano con sus amigos Percy y Mary Shelley, autora de la novela Frankestein, concebida precisamente en aquellos días, durante sus paseos por el lago Lemans. Pero el verano nunca llegó y los tres románticos hubieron de refugiarse en Villa Diodati, donde llegaron a encender fuego en el salón para calentarse.

El verano más gélido del milenio en Europa se debió a “la erupción de un volcán en los Mares del Sur, que provocó un tsunami en las costas de Bali, inundó vastas extensiones de China y llenó los cielos del mundo entero de ceniza y azufre”, según narra William Ospina en El verano que nunca llegó. El director Gonzalo Suárez dedicó en 1987 a este episodio poético-climático la película Remando al viento. El verano de Byron en la villa maldita de Lemans suele tomarse como ejemplo de lo que ahora llamamos “cambio climático” con cierta imprecisión, puesto que nunca existió, que sepamos, una “estabilidad climática”.

171116_capturaCO2detalle-equiposQuien me lo cuenta es el oceanógrafo gallego Antonio Padín -mitad poeta, mitad científico-, especialista en el estudio de la captura de CO2 en los océanos. Padín viaja en el Sarmiento de Gamboa en el primer trayecto (Vigo-Punta Arenas) de esta XXX Expedición Científica a la Antártida, y su tarea prueba que el trabajo científico ya está en marcha y nuestros investigadores aprovechan al máximo las sinergias de estas primeras singladuras cruzando el Atlántico de norte a sur.

La investigación de Padín está integrada en un proyecto europeo, SOCAT (A Collection of Surface Ocean CO2 Observations Quality Controlled by the Science Community), con el que España está firmemente comprometida, con dieciséis campañas realizadas desde el año 2000.

La reciente Cumbre de la ONU en Marrakech, COP22, sobre cambio climático, indica la actualidad y urgencia de un asunto no siempre tratado con el debido rigor. “El efecto invernadero no es malo per se -dice Toni Padín-. Sin ese efecto, la temperatura de la Tierra sería de -18º. Lo que debe preocuparnos es el efecto producido por el humano. El aumento exponencial de la población y un estilo de vida, al que nadie parece querer renunciar, que conllevan una constante emisión de CO2”.

CO2: Remando al viento

“Lo que estudiamos es cómo se comportan los océanos en la captación de ese CO2. El anhídrido carbónico está en la atmósfera o en el agua: el océano retira de la atmósfera en torno al 30% del CO2, digamos que lo metaboliza; pero esa absorción tiene una segunda derivada, la acidificación de las aguas. Cuanto más CO2 traga el mar, más baja el pH, y eso afecta a la vida marina”.

Byron en Villa Diodatti-Ginebra-1816

La emisión de CO2 se ha disparado desde la Revolución Industrial: la combustión de carbón, petróleo o gas no han sido inocuas, y la amenaza global pende sobre nuestro modelo de civilización como una anhídrica espada de Damocles. De eso han hablado los 55 países presentes en la Cumbre que concluye mañana en Marrakech, de cómo afrontar el calentamiento global.

“Nosotros aportamos los datos -señala Padín-. Ahora mismo el equipo lleva una toma de agua en el casco del Sarmiento, a cuatro metros de profundidad, que recoge en continuo datos de temperatura, salinidad, clorofila, oxígeno y niveles de CO2 en el agua y en la atmósfera; y transmite los datos en directo a la base de datos del SOCAT”.

Le pido una conclusión, ¿debemos preocuparnos?: “Todo apunta a que la capacidad de absorción de CO2 por los océanos está mermando y eso ya está produciendo efectos nocivos. En el CSIC de Vigo, estudiamos los cambios, que ya se notan, en las Rias Baixas. Sí, creo que debemos preocuparnos”.

Doscientos años después del verano que nunca llegó, del interminable invierno que atrapó a Byron en Suiza, parece que sí debemos estar preocupados y ocupados por el calentamiento global. Nuestros científicos lo están haciendo ya, dentro de proyectos internacionales, como haremos los próximos meses en ese gigantesco laboratorio natural que es la Antártida. Allá vamos, como los poetas románticos, remando al viento.

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