5.- La sostenibilidad ambiental, un imperativo en las ciudades del siglo XXI. Por (*) Hugo Arnal

Después de 20 años, tiempo transcurrido desde la realización de la conferencia de Naciones Unidas  HABITAT II en Estambul (Turquía), la atención de la comunidad internacional vuelve a centrarse alrededor del desarrollo urbano, pero esta vez con una carga mucho mayor de urgencia y responsabilidad. Y no es para menos, ya que hemos alcanzado el …

Después de 20 años, tiempo transcurrido desde la realización de la conferencia de Naciones Unidas  HABITAT II en Estambul (Turquía), la atención de la comunidad internacional vuelve a centrarse alrededor del desarrollo urbano, pero esta vez con una carga mucho mayor de urgencia y responsabilidad. Y no es para menos, ya que hemos alcanzado el umbral en que más del 50 % de la población mundial vive en zonas urbanas. Esta realidad no solo no es ajena a nuestra región sino que está más acentuada aún: América Latina y el Caribe es la región en desarrollo con mayor tasa de urbanización, en donde más del 80 % de su población vive en zonas urbanas.

¿Estaban nuestras ciudades preparadas para un crecimiento poblacional tan acelerado y para una redistribución de la población rural hacia centros urbanos? La respuesta es claramente, NO.  Y esto se refleja principalmente en la falta de planificación del desarrollo a nivel urbano, y con ello una serie de desafíos sociales, ambientales, económicos y culturales. En Ecuador, hemos tenido largos períodos en que la contribución de la migración rural al crecimiento urbano ha estado por encima del 40 %; y en algunas ocasiones, cerca del 50 %. Desde pequeños centros urbanos hasta mega-ciudades, en Latinoamérica y el Caribe las ciudades enfrentan graves problemas de desigualdad, inseguridad, pobreza, contaminación del aire y de fuentes de agua, así como acceso limitado a la energía eléctrica (al menos 38 millones de personas en la región no tienen acceso a la energía eléctrica, 73 % de las cuales son pobres).

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Muchas ciudades del piedemonte Andino y de la Amazonía sufren seriamente las consecuencias de la severa contaminación de los ríos por parte de las ciudades ubicadas en las cuencas altas, lo que debe llevarnos a adoptar políticas y legislación de co-responsabilidad para un desarrollo armónico basado en la salud ecosistémica.

El 75 % de las ciudades de la región enfrentan niveles de desigualdad clasificados entre moderada alta y extrema alta, y muchas son consideradas las más inseguras y violentas del mundo, ocupando 9 de los 10 primeros lugares en 2015.

A medida que la población en ciudades de América Latina crece y se concentra en las zonas urbanas, también lo hacen las actividades económicas así como las necesidades humanas, representando una mayor presión sobre los ecosistemas y sus recursos naturales. Si bien nuestra región no es la mayor contribuyente de gases de efecto invernadero (GEI), sus ciudades son altamente vulnerables a los efectos del cambio climático. El 50 % de las ciudades latinoamericanas con poblaciones superiores a 5 millones de habitantes están ubicadas en zonas costeras de baja elevación, lo que significa que están expuestas directamente a los efectos del aumento del nivel del mar, incluyendo ciudades como Guayaquil, Cartagena y La Habana. Además, los cambios en los patrones climáticos tienen consecuencias insospechadas. Por ejemplo, en 2010, durante la temporada de lluvias en la sierra ecuatoriana, Quito recibió más de 200 % de las precipitaciones promedio de esta ciudad, las más altas en cerca de cuatro décadas. Ello resultó en múltiples deslizamientos de tierra con costos de vidas humanas y la inevitable reubicación de muchas familias.

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Sin embargo, en las ciudades también se concentra un inmenso potencial para hacer frente a estos desafíos y alcanzar un desarrollo urbano sostenible. La Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano – HABITAT III y la adopción la Nueva Agenda Urbana (NAU), representa una gran oportunidad en la transición hacia un futuro bajo en carbono, en donde las ciudades desempeñen un rol clave para alcanzar una huella global sostenible y la conservación de la biodiversidad.

No es una coincidencia que este año la conferencia HABITAT III se desarrolle en Quito, una ciudad de América Latina. Es el momento de evaluar la situación de nuestras ciudades, enfatizar la necesidad de asegurar el bienestar para sus crecientes poblaciones y reconocer el papel clave que pueden desempeñar en la mitigación y adaptación al cambio climático. Es de esperar que los diferentes actores y sectores de los países y ciudades de la región, que han participado en el proceso preparativo hacia HABITAT III y que ojalá lo hagan durante la conferencia, hayan podido aportar en la construcción de la Nueva Agenda Urbana, desde la visión, necesidades y perspectivas propias de nuestra región.

Las particularidades de cada ciudad, de su geografía urbana, su cultura y biodiversidad, son elementos fundamentales en HABITAT III.  El encuentro de esta semana en Quito es una importante oportunidad que debe aprovecharse para reconocer e integrar a la sostenibilidad ambiental como un aspecto fundamental para hacer frente a los problemas sociales y económicos. Los Estados Miembros de las Naciones Unidas, no deben esperar otros 20 años para una nueva conferencia de este tipo. Es imperativo que HABITAT IV se realice en un período de tiempo que permita medir la ejecución de la Nueva Agenda Urbana, los impactos que ello ha generado y los aprendizajes que se deriven del proceso en que nos estamos adentrando.

(*) Hugo Arnal, Director, WWF-Ecuador

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