Conclave ballenero. Por (*) Remí Parmentier

EFEverde.com.- Preparativos de la 62 reunión anual de la Comisión Ballenera Internacional en la ciudad marroquí de Agadir. Autor: Remi Parmentier

Antes de tomar el avión para Agadir, Garrett ha anunciado públicamente que su objetivo es torpedear la negociación. Desde el punto de vista de la política nacional en su país, dónde las ballenas son iconos muy populares, él tiene todas las de ganar, a un mes de las elecciones generales australianas que tendrán lugar en …

Antes de tomar el avión para Agadir, Garrett ha anunciado públicamente que su objetivo es torpedear la negociación. Desde el punto de vista de la política nacional en su país, dónde las ballenas son iconos muy populares, él tiene todas las de ganar, a un mes de las elecciones generales australianas que tendrán lugar en Agosto. Si el paquete de negociación está sustancialmente mejorado con las propuestas presentadas por las grandes ONGs ambientales, él podrá decir que fue gracias a él. Si al contrario se adopta un paquete de mínimos sin eliminación de la caza en la Antártida, él podrá pretender que él lo intentó y seguir adelante con el juicio a Japón en la Corte Internacional de Justicia lanzado por su gobierno hace un par de semanas. Y si no se llega a nada, entonces Garrett también dirá al votante australiano que esto es mejor que cualquier acuerdo.

Al otro extremo, gobiernos cómo Corea del Sur (que quiere reanudar la caza, aunque se conocen capturas “accidentales” frecuentes en redes de pesca coreanas que tienen de “accidental” solo el adjetivo) e Islandiatambién quieren hundir el proceso de negociación, porque volver bajo el control de la CBI no conviene a quien caza ballenas en sus países.

Japón ha venido aquí en busca de un acuerdo (tuvo una oportunidad de oro para descolgarse de la negociación, y echar la culpa a Australia, hace un par de semanas cuando ese país anunció que los llevaba a la Corte Internacional de Justicia, pero no lo hicieron). Sin embargo, Japón está tardando demasiado en decir hasta dónde pueden llegar. Y si no concretan con cifras sus señales (casi subliminales hasta ahora), no se llegará a nada. Joji Morishita, el carismático negociador-jefe de Tokio ha estado diciendo toda la semana pasada que el anuncio lo tienen que hacer los políticos japoneses a los que se espera aquí para la sesión plenaria que empieza el lunes. A altas horas de esta madrugada, yo vi al contingente de políticos llegar al mismo hotel donde me alojo, así esperemos que pronto Japón saldrá de su hermetismo.

Estados Unidos se ha mojado este año como no lo había hecho desde los tiempos de la batalla para la moratoria de principios de los años ochenta. Lo hicieron a pesar de un intenso lobby en Washington en contra de cualquier acuerdo (el Presidente Obama recibió una carta de 35 miembros del Senado en este sentido). Con las ballenas, Washington está siempre bailando entre su deseo de complacer al lobbyambiental, satisfacer las necesidades de los cazadores esquimales de Alaska (la caza indígena no comercial que allí se práctica también está regulada por la CBI), y también evitar que el conflicto con Japón vaya a males mayores y pongan en riesgo intereses comerciales y estratégicos superiores. Estados Unidos sigue aquí con un equipo joven deseoso de facilitar un acuerdo sólido. Pero ahora con la catástrofe de la plataforma de BP en el Golfo de México, el grueso de la Administración Obama tiene otra prioridad en el frente ambiental.

En medio de este panorama, la Unión Europea y América Latina podrían jugar un gran papel si quisiesen ir más allá de la retorica. Entre los dos tienen cuarenta países en la CBI. Esto es casi la mitad de los 88 miembros. Un gran peso (si vienen todos, lo que queda por ver en plena época de recortes presupuestarios) en un foro dónde las decisiones se adoptan por mayoría cualificada de tres cuartos. La semana pasada, América Latina parecía como si hubiese perdido voz propia bajo influencia australiana. La Unión Europea está dividida entre protectores, por llamarlos así (con el Reino Unido a la cabeza, este grupo cuenta con Francia, España, Bélgica, Alemania, Países Bajos, entre otros), y países con una posición más nítida (por ejemplo Suecia y – sobre todo—Dinamarca, país obligado a mantener un equilibrio entre sus obligaciones como socio europeo y su deber de representar los intereses de los de los cazadores indígenas de Groenlandia.

Nueva Zelanda – uno de los grandes líderes de la conservación de ballenas a nivel mundial pero con una actitud más pragmática que sus vecinos australianos — lleva a cabo una actividad frenética para tratar de encontrar una solución esta semana. La delegación neo-zelandesa está dirigida por mi amigo Geoffrey Palmer con el cual yo organice hace tres años el primer simposio sobre la conservación de las ballenas en el Siglo XXI en la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Sir Geoffrey fue Primer Ministro de su país en 1989 y 1990. En la CBI hace falta más gente que, como él, saben lo que es gobernar.

Este domingo, los jefes de delegación están reunidos en una especie de conclave. Durante todo el día estaré atento para ver si sale la fumata blanca.

Rémi Parmentier

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