El baritel de San Andres

El baritel de San Andres

El baritel de San Andres

Existen en el Parque Minero varios elementos de relevancia universal, auténticos, y que se encuentran en perfecto estado de conservación, pero sin duda el más espectacular en su conjunto, el más impresionante por su grandiosidad, el mejor contextualizado y restaurado es el baritel de San Andrés, verdadera capilla sixtina del patrimonio minero. Se encuentra situado en la planta primera de la mina, a 50 metros de profundidad.

Construido hacia 1755, es un hueco de planta circular y perfil elipsoidal de 13 metros de altura. Este enorme espacio subterráneo resultó de la explotación de los primeros minerales encontrados en la mina del Castillo y “fue considerado una de las obras más atrevidas y notables de las llevadas a cabo en las minas de Almadén”, fue el primero de los cuatro que se instalaron en Almadén y Almadenejos. Todo él se encuentra revestido de mampostería con hiladas intercaladas de ladrillos que se van haciendo dominantes en el techo.

Durante las labores de adecuación de la mina para las visitas se tomó la decisión, casi obligada, de reconstruir el malacate, o máquina de extracción accionada por mulas, que existía en su interior, descartando la idea original de construir una pasarela metálica que permitiese subir al visitante y tener una perspectiva mejor de la obra. Del malacate sólo se conservaban los apoyos de madera que soportaban la estructura original, empotrados en la mampostería. Su diseño no se encontraba en ningún plano conocido, y se proyectó de nuevo partiendo de otros similares y sobre la base de las galerías de salida de las cuerdas hacia el pozo, la posición del desgaste del suelo producido por las mulas y los citados apoyos. Se rumorea que se cometieron tres fallos, o mejor dicho, tres diferencias con el original, pero a todo el mundo le parece perfecto.

El malacate estaba diseñado para transformar el movimiento horizontal circular de las mulas en un movimiento vertical rectilíneo de las soleras de mineral en el interior del pozo de San Andrés. El malacate está formado por un tambor “o farol” montado en un eje vertical al que se encuentran unidas dos estructuras de madera, una mediante un cojinete de madera de encina que se encuentra fija en la parte superior y que se apoya en la bóveda del baritel y otra, a modo de palanca, que gira con el tambor y que tiene una posición que permite aplicar un par de giro al mismo (cuya energía proporcionan las mulas). En la parte inferior de estas palancas estaban sujetas por medio de una chapa y un gran perno de hierro (aunque este detalle no está reproducido) las lanzas y atalajes a las que se enganchaban las mulas. Sobre estos extremos inferiores de las palancas había construidos unos asientos donde se colocaban los mozos o muleros que guiaban las mulas. Existen unas cuerdas o cinteros fabricados en cáñamo que, tras enrollarse unas vueltas al tambor, salen sus extremos a pasar por dos poleas ya situadas sobre el pozo, a unos 10 metros del eje vertical del malacate. Se encuentran a la altura de la porción de tambor donde se enrolla cada extremo de la cuerda. Estas poleas también son de madera con ejes de hierro forjado y descansan en una estructura de madera. Están colocadas de tal manera que al pasar el cintero por su garganta desciende verticalmente por el centro del pozo de San Andrés, permitiendo así subir y bajar pesadas cargas (un extremo de la cuerda sube por el pozo a la vez que el otro baja, equilibrando así las cargas y reduciendo el esfuerzo de los animales).

La impresionante reconstrucción se realizó en madera de iroko, en lugar de álamo negro como era el original, para darle mayor durabilidad en las duras condiciones de la mina. El eje vertical, construido en varios tramos para permitir su transporte por la mina, tiene 12 m de longitud.

En principio estaba previsto el cierre completo del pozo de San Andrés al nivel de planta 1ª, donde se encuentra el baritel, pero la espléndida visión de los 76 metros de la caña del pozo, excavado en las llamadas cuarcitas intermedias, obligó a montar un andamio en el pozo y bajar a cerrar las cortaduras a plantas 2ª y 3ª. Esta actuación evitó como en el resto de los pozos, cerrados a nivel de planta 1ª, San Teodoro, San Aquilino y San Miguel, la circulación de gases nocivos desde las zonas inferiores de la mina.

Sobre el pozo auxiliar de San Andrés se han reconstruido el sistema de escalas para acceso del personal a las plantas inferiores y la serie o cuerpo de bombas, sistema de 9 bombas aspirantes de émbolo. Estas bombas estaban fabricadas de madera y aspiraban el agua desde el nivel inferior, a unos 4 ó 5 metros de desnivel, para verterla en un depósito que se encontraba en su pie. De este depósito tomaba el agua la bomba que se encontraba encima, y así sucesivamente el agua pasaba de nivel a nivel hasta el pie del pozo de San Andrés. Desde allí el agua se conducía por gravedad por cunetas de ladrillo embutidas en la obra de fábrica hasta el socavón de la mina del Castillo, por el que salía al exterior.

En el entorno del pozo y en el hastial sur de la galería de levante que conduce al torno de Castro se pueden apreciar estructuras de origen sedimentario como los ripple-marks, suaves ondulaciones en la superficie de la roca arenisca. Corresponden a las formas fosilizadas que, 430 millones de años atrás, el movimiento del agua dejó en los sedimentos de cubetas de aguas de un antiguo mar. Posteriormente se verticalizaron y metamorfizaron hasta su posición actual. Resulta inquietante pesar que estamos bajo tierra en lo que fue un mar en el centro de España.

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