El encanto blanco de Andalucía se refleja en una sopa

El encanto blanco de Andalucía se refleja en una sopa

Es un plato que solo se entiende si nos percatamos de su lugar de procedencia: las pequeñas localidades de casas encaladas y calles que serpentean por las laderas de una de las regiones más bonitas de Málaga, la Axarquía, que invita a ser visitada no solo por la paz que se respira, sino por la gastronomía que ofrece.

Aunque el Ajoblanco también se deja probar en Granada, Jaén, Córdoba y Almería, tiene una parada imprescindible en Almáchar, una localidad malagueña que celebra todos los primeros sábados de septiembre una fiesta declarada de interés turístico nacional en honor a esta sopa.

Más propia del verano que del invierno, llama la atención su color blanco y su refrescante sabor prodecente de ingredientes típicos de aquellas tierras. Aunque es muy fácil de elaborar no hay dos ajoblancos iguales, lo mismo que pasa con casi todas las recetas clásicas que provienen del saber popular. No me puedo quejar porque el mio me quedo bastante bueno, aunque tengo apuntado viajar a Málaga para probar el auténtico ajoblanco. Os cuento como lo hice.

Ingredientes

100 g de almendras crudas

2 dientes de ajo

1 litro de agua fría

150 gr de miga de pan

100 ml de aceite de oliva

100 ml de vinagre de vino

sal

Preparación

Ponemos la miga de pan en remojo con el vinagre hasta que se reblandece, podemos usar pan duro.

En un mortero trituramos las almendras con la sal y los ajos y terminamos de moler la mezcla con la batidora, hasta conseguir una pasta densa.

Luego se añade la miga de pan troceada y seguimos batiendo. Como la masa es tan densa se hace un poco difícil batir todos los ingredientes, por eso tenemos que ir incorporando el aceite poco a poco para que vaya emulsionado bien.

Por último, se añade el agua fría y la sal y seguimos batiendo hasta que se queda una sopa blanca, con la textura y el grado de líquido deseado.

Para decorar le van muy bien las uvas, trocitos de manzana verde ácida, jamón o unas hojitas de canónigo u otra hierba.

Por Alba García Cañadas, periodista ambiental y gastronómica




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