Lecciones de Río, por Rémi Parmentier

Desde hace tres días llevo resistiendo la tentación de escribir un artículo, y hoy, último día de la Cumbre de la Tierra Rio+20, me he decidido a hacerlo. No sólo porque he estado (y sigo) ocupado con una multitud de tareas aquí, sino también, porque yo quería tomar un poco de distancia. Ha habido una condena casi universal al resultado de la Cumbre y a la manera en la que fue manejado por la presidencia brasileña. Lo que Ban Ki-moon había correctamente llamado, una oportunidad única para una generación, ha explotado en nuestras manos (y en las suyas). Entiendo y comparto las frustraciones – especialmente las de los que participan por primera vez en una cumbre de este índole, y en particular para los grupos de jóvenes aquí. Pero la vida sigue (o – más bien – la vida debe seguir).

Entones, ¿qué lecciones hemos aprendido, y cuáles son las próximas etapas?

¿Pérdida de tiempo?

Con la conferencia acabándose, muchos se preguntan si este tipo de cumbres son una pérdida de tiempo, y si están siempre condenadas a fracasar. Nada nuevo. Por ejemplo, yo me acuerdo que incluso después de la primera Cumbre de la Tierra de 1992 muchos representantes de ONG se quejaron de que la Agenda 21 era demasiado floja, que no bastaba, que los convenios de Río 92 estaban viciados, etc. Sin embargo, en la actualidad Río 92 está siempre descrito por el movimiento ambientalista como un hito. En Johanesburgo, diez años más tarde (Río+10), la frustración alcanzó otro nivel; el mismísimo Secretario General de la ONU de entonces, Kofi Annan dijo el último día que “la era de las grandes cumbres había terminado”. Pero cuando en Diciembre de 2009, la Asamblea General de la ONU decidió organizar Rio+20, volvió el interés y la participación, aunque es verdad que mucha gente anticipó que los gobiernos en 2012 no tendrían la ambición requerida.

“Pérdida de tiempo” son las palabras que Sarah Palin y sus correligionarios del Tea Party quieren oír. Río+20 ha traído una atención considerable sobre la necesidad de proteger nuestro medio ambiente y de construir un mundo más justo, aunque no haya salido lo que esperábamos. Aun así, es verdad que en el futuro se tiene que organizar de manera distinta.

¿Cambiar el orden?

Mientras estaba escuchando las letanías de los discursos de los Jefes de Estado y de Gobierno aquí en los tres últimos días, y les oía a todos decir que la crisis ambiental está cayendo sobre nuestras cabezas, que necesitamos acción y no solo palabras, objetivos efectivos y progreso medible urgentemente, que lo debemos a nuestros hijos, etc., etc. se afianzaba más mi opinión de que la manera en que estas cumbres se llevan a cabo necesita un giro. Hasta ahora, los Jefes de Estado y de Gobierno aparecen al final de las cumbres, después de largos procesos, en los cuales, los funcionarios representan a sus países (esta vez, empezó en Nueva York en enero de 2011). Estos funcionarios están bajo presión para llegar a acuerdos antes de que lleguen sus jefes (Jefes de Estado y de Gobierno, ministros…). El resultado es una carrera hacía abajo, la búsqueda de formulas de compromiso a toda costa, también conocidas como el mínimo común denominador, reflejado esta vez en el documento “El Futuro que Queremos”, que todo el mundo dice que no representa el futuro que necesitamos.

Entonces, ¿porque no invitar la próxima vez a los Jefes de Estado y de Gobierno a hablar al principio? Compartirían su visión (“necesitamos acción y no sólo palabras, objetivos efectivos y progreso medible urgentemente, lo debemos a nuestros hijos, etc.”). Esto empoderaría a los negociadores para que actúen más en conformidad con lo que sus jefes dicen, y presumiblemente estarían menos inclinados a bucear en las aguas del mínimo común denominador. Tendría sentido; después de todo, ¿no es para liderar que los Jefes de Estado y de Gobierno son elegidos?

¿Ahora qué?

Hace falta tiempo para desarrollar estrategias para trabajar a partir de las 49 páginas del documento “El Futuro que Queremos”. Pero ya veo que contiene mucho desde dónde edificar. Aquí vienen solo unos pocos ejemplos:

*  Los Jefes de Estado y de Gobierno han dado su bendición a la idea de que una serie de Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) sean desarrollados y lanzados antes de 2015. Tendremos que actuar para asegurar que los ODS nos acerquen al futuro que queremos;

* Los Jefes de Estado y de Gobierno han encargado al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) el lanzamiento de un Programa de 10 años sobre Producción y Consumo Sostenibles, algo a lo cual los dos Presidentes Bush se habían ferozmente opuesto en Río 92 y Johannesburgo 02 respectivamente. El futuro nos dirá si este Programa de Acción tendrá un impacto serio, pero claramente es lo que Bush y Bush pensaban, porque si no, no se habrían opuesto tan ferozmente.

* La sección sobre Océanos y Mares contiene un compromiso importante para que se respeten los consejos de los científicos para la gestión de las pesquerías, se eliminen los subsidios que contribuyen a la sobre-pesca y la sobrecapacidad de las flotas, se combata la pesca ilegal, se garantice el acceso a los recursos pesqueros para los pescadores artesanales de pequeña escala, incluidos los pueblos indígenas.

* También en el capítulo de Océanos, estamos decepcionados porque – debido a la posición de EEUU y Venezuela (extraña pareja…), Rusia, Canadá y Japón – no hubo acuerdo para lanzar de inmediato negociaciones para aplicar un instrumento internacional para la conservación de la biodiversidad en la alta mar (las áreas fuera de las jurisdicciones nacionales, que representan el 45% de la superficie del planeta, actualmente explotadas sin reglamentación internacional adecuada),pero lo importante es que este tema este reconocido y que El Futuro que Queremos incluya la consideración del desarrollo de este acuerdo en dos años y medio.

* Los gobiernos han acordado que es una equivocación medir la riqueza sólo sobre la base del Producto Interior Bruto de los países; potencialmente esto podría ser lo que los libros de Historia, que leerán nuestros nietos, recuerden de la Cumbre de Río+20.

Por haber estado en muchas cumbres y foros internacionales, tal vez tengo la piel gorda, y una vez que el enfado inicial ha pasado, estoy listo para continuar.Pero lo más importante es que todos los jóvenes que han venido aquí no pierdan la ilusión. ¡Tienen que volver la próxima vez!

Una metamorfosis toma más tiempo que una revolución. Pero tal vez tendrá efectos más duraderos.

Rémi Parmentier

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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com