Impase, por Rémi Parmentier

Remi Parmentier en EFEverde

Cuando a mediados de los años 70 conocí por primera vez a Brice Lalonde, ahora Coordinador Ejecutivo de la Conferencia Rio+20, él trabajaba como corrector de imprenta para vivir.

Cuando a mediados de los años 70 conocí por primera vez a Brice Lalonde, ahora Coordinador Ejecutivo de la Conferencia Rio+20, él trabajaba como corrector de imprenta para vivir. Esto era antes de que los ordenadores personales, los procesadores de texto y los programas de corrección ortográfica existiesen (en esta época si decíamos “le PC”  nos referíamos al Partido Comunista), y los correctores formaban un gremio muy potente. Ningún proyecto editorial, grande o pequeño, podía funcionar sin ellos; su capacidad para corregir en tiempo record faltas de tipografía, gramática y ortografía era extraordinaria por supuesto, pero también para borrar repeticiones, redundancias e incluso los sinsentidos.   Por eso a veces cuando yo veo el ritmo lentísimo de las negociaciones para la declaración de Rio+20, menos de 60 días antes de la cumbre de Rio, medio en broma deseo que Brice pudiese volver al primer trabajo de su juventud y ofrecer sus talentos de corrector a la ONU.

Estoy escribiendo desde Nueva York dónde acabo de llegar para pasar otras dos semanas de negociaciones “Informales-informales” para Rio+20. La última versión de “El Futuro que queremos”, el proyecto de declaración que los Jefes de Estado y de Gobierno considerarán en Río tiene ahora…272 páginas, porque es una compilación de todas las opciones presentadas por los delegados de todos los gobiernos. Y a pesar del intento del Bureau de afinar el texto, si cogiéramos sólo este “texto afinado”, tendríamos más de 50 páginas (demasiado largo para este tipo de declaración). De todos modos es improbable que los varios grupos constituidos para la negociación se pongan de acuerdo para trabajar sólo a partir de esta versión del Bureau.

Con todos los indicadores ambientales en alerta roja, más que nunca el mundo necesita decisiones multilaterales. Pero en 2012, tiene que haber mejores maneras de conducir las negociaciones multilaterales que escuchar declaraciones contrapuestas semana tras semana. Por ejemplo, el llamado escenario de Viena, un modelo de negociación innovador, transparente y participativo, utilizado en los últimos doce años en varios procesos de la ONU (entre ellos, la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, Johannesburgo 2002) se ha mostrado útil para que los negociadores rompan su impase.

Pero hoy ¿hay voluntad política para romper el impase?

Rémi Parmentier

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