El despertar de la sociedad civil. Por Remí Parmentier

Rermí Parmentier durante una visita a la redacción de EFEverde

Autor: Remi Parmentier, Varda GroupComo suele ser habitual desde hace años en los foros de las Naciones Unidas, durante la primera reunión intersesión preparatoria de la conferencia Rio+20 en Nueva York la semana pasada, las últimas filas estaban ocupadas por un nutrido contingente de organizaciones de la sociedad civil.La tercera sección del Programa 21 (también conocido como Agenda 21) adoptado en …

11 enero 2011 10:58:00 Remi_placas201101

Autor: Remi Parmentier, Varda GroupComo suele ser habitual desde hace años en los foros de las Naciones Unidas, durante la primera reunión intersesión preparatoria de la conferencia Rio+20 en Nueva York la semana pasada, las últimas filas estaban ocupadas por un nutrido contingente de organizaciones de la sociedad civil.La tercera sección del Programa 21 (también conocido como Agenda 21) adoptado en la Cumbre de la Tierra en Rio de Janeiro en junio de 1992, titulada Fortalecimiento del papel de los grupos principales supuso un punto de inflexión en la relación de las Naciones Unidas con organizaciones no gubernamentales en el sentido amplio de la palabra. Aparte de su preámbulo, esta sección del Programa 21 está compuesta de diez capítulos dedicados respectivamente a las mujeres, los niños y la juventud, los pueblos indígenas y sus comunidades, las ONGs, las autoridades locales, los trabajadores y las organizaciones sindicales, el sector privado y la industria, la comunidad científica y tecnológica, y los agricultores.

Sociedad civil

Contrariamente a lo que dicen algunos comentaristas, no es cierto que las Naciones Unidas empezaran a reconocer a las ONGs en Rio, si bien es cierto que la Cumbre de la Tierra supuso un salto cualitativo. Desde la creación de la ONU en 1945, el Artículo 71 de su Carta fundacional reconoce la existencia de las ONGs y establecía ya que su Comité Económico y Social debía definir las formas para consultar con ONGs. Desde luego, muchas iniciativas de las Naciones Unidas previas a la Cumbre de la Tierra fueron promovidas, e incluso iniciadas por ONGs de distintas índoles. Sin embargo es cierto que el número de actores no estatales activos y capaces de hacerse oír en foros de la ONU era demasiado limitado hasta la Cumbre de Rio. A la mejoría de esta situación, a partir de Rio, contribuyeron varios factores: con la extinción de la URSS en 1991 el proceso de Rio coincidió en el tiempo con el fin de la Guerra Fría que había dominado la política internacional desde la creación de la ONU; esta circunstancia creó unas expectativas (rápidamente defraudadas, desgraciadamente) sobre los dividendos para el desarrollo (los Estados dejarían de despilfarrar recursos en armamento y espionaje, y dedicarían sus riquezas al desarrollo sostenible, la educación, la salud y el medio ambiente), que a su vez despertaron y animaron a la sociedad civil; la aceleración de la globalización que supuso el fin de la Guerra Fría facilitó también la aceleración de la globalización de la sociedad civil, como veríamos unos años más tarde con las movilizaciones ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y otros foros considerados por muchos como iconos de la globalización financiera y especulativa.

omo elemento de la sociedad civil en el sentido amplio de la palabra, el sector privado (el comercio y la industria) no han escapado a esta tendencia. Después de unos primeros pasos en gran parte desafortunados en la Cumbre de Río de 1992 (pasos que dieron lugar al nacimiento de la palabragreenwash para describir un lavado de cara sin más profundidad y falta de compromiso), empresas grandes y no tan grandes intentaron con más o menos fortuna convencer a los demás de la veracidad de su compromiso con el medio ambiente, y en algunos casos convencerse (es decir, convencer a su accionariado) de que el medio ambiente era en el mundo contemporáneo uno de los mayores factores de competitividad – dada por una parte la tendencia de los nuevos consumidores, y por otra el reforzamiento de las leyes de responsabilidad por daño ambiental conforme el principio de quien contamina paga.

Diez años después de Rio 92, el sector privado bajo la tutela del Consejo Mundial de Empresas para del Desarrollo Sostenible (WBCSD – sus siglas en inglés) y la Cámara Internacional del Comercio (ICC) intentó imprimir su marca en la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible que tuvo lugar en Johannesburgo en Septiembre de 2002 , con el lanzamiento de numerosos proyectos de partenariados voluntarios entre entidades privadas y públicas. Si bien algunos de estos partenariados voluntarios consiguieron dar frutos, a la hora de hacer un balance después de diez años, parece que la mayoría se extinguieron antes de realizarse. Lo que advirtieron entonces las grandes ONGs ambientalistas y de desarrollo era cierto: estos acuerdos voluntarios podrían ser un complemento, pero nunca un substituto a leyes y tratados internacionales vinculantes.

¿Sabrá el sector privado sacar las lecciones aprendidas de sus errores y contextualizar mejor su contribución en la próxima conferencia en Río de Janeiro en 2012? La semana pasada, asistí en Nueva York al lanzamiento de la nueva plataforma del sector privado para la conferencia de 2012, bautizada en inglés con el nombre de Business Action for Sustainable Development (BASD 2012) una coalición entre el WBCSD, la ICC y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas. Escuché a Chad Holliday, el Presidente del Bank of America y portavoz de esta nueva coalición; de momento oigo más “business palabaras” que “business acción”, pero dejémosles el beneficio de la duda de momento. Lo que más me llamó la atención es el papel de protagonista de algunas empresas como Dow Chemicals, que hasta ahora no se han caracterizado por estar en la punta de lanza del movimiento para la sostenibilidad social y ambiental. En contraste eché en falta la participación del sector de las energías renovables. Extraño, porque si algo positivo para la sostenibilidad y el medio ambiente ocurrió desde la cumbre de Johannesburgo de 2002, ha sido el bum de las renovables en todo el mundo. El sector privado debería enorgullerse por ello, y dar la máxima visibilidad a las renovables.

Pero como siempre quiero ser positivo, voy a creer que la ausencia del sector renovables en Nueva York la semana pasada se debió sólo a que ese sector estaba absorbido por los preparativos de la Cumbre sobre Energías del Futuro que tiene lugar esta semana en Abu Dhabi. Que no hay una estrategia deliberada para marginalizarles, vaya.

Remi Parmentier

Remí Parmentier
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