Denme un triple expreso en Río. Por Rémi Parmentier

Remi Parmentier en EFEverde

Acabo de pasar la última semana en Nueva York, principalmente para atender a lo que llaman en la jerga de la ONU unos “informales informales”, un proceso para facilitar la negociación entre los Estados miembros de “El Futuro que Queremos”

Acabo de pasar  la última semana en Nueva York, principalmente para atender a lo que llaman en la jerga de la ONU unos “informales informales”, un proceso para facilitar la negociación entre los Estados miembros de “El Futuro que Queremos”, el documento final de la conferencia Rio+20 programada del 20 al 22 de junio para conmemorar el vigésimo aniversario de la Cumbre de la Tierra Rio 92, con el fin de (según la Asamblea General de la ONU): “suscitar el compromiso político renovado para el desarrollo sostenible, evaluar el progreso hasta la fecha y las lagunas restantes para la implementación de los resultados de las grandes cumbres sobre el desarrollo sostenible, y tratar temas nuevos y emergentes”.

Como asesor de varias organizaciones, he participado en las reuniones preparatorias prácticamente desde el principio, hace un año y medio. Y una preocupación que tengo es que – a pesar de que hay ONG ambientales y de cooperación al desarrollo que hacen un buen trabajo en sus respectivos campos – no las veo todavía con un discurso o vía con la cual la mayoría pueda avanzar conjuntamente, tanto a nivel internacional como a nivel nacional. Por consiguiente, en lugar de recibir uno o varios mensajes claros de la sociedad civil, con pocas excepciones lo que los gobiernos perciben es esencialmente un ruido de fondo que resulta difícil de escuchar.
Sin embargo hay maneras de crear sinergias para que una gran parte de las ONG trabajen juntas sin comprometer sus respectivas agendas e identidades. Yo tomé parte, por ejemplo, durante la anterior Cumbre de la Tierra en Johannesburgo, hace diez años, en una iniciativa de este tipo que llamamos entonces la coalición ECO-Equity. Las ONG parte de esta coalición conseguimos ser escuchadas dentro y fuera de la salas de reunión porque estábamos centradas en un número limitado de cuestiones clave. A pesar de sus diferencias, las ONG que trabajan contra el cambio climático también consiguen unir fuerzas, por ejemplo a través de la Red Acción Clima (CAN) y de la Campaña Mundial para la Acción por el Clima (Tcktcktck).

Me pregunté la semana pasada en Nueva York lo que podría ser una buena vía para tirar hacia adelante esta vez, y una idea es que tal vez es el momento para concentrar esfuerzos, en serio, para la eliminación de los subsidios dañinos para el medio ambiente. Por supuesto no es una nueva idea, muchos foros y organizaciones intergubernamentales y no-gubernamentales han trabajado esta cuestión desde hace muchos años y los gobiernos hablan de ello. Pero hay razones para creer que el tiempo ha llegado para actuar ahora que todo el mundo tiene los déficit públicos en la cabeza: eliminar los subsidios dañinos para el medio ambiente no requiere recursos adicionales; al contrario, liberaría recursos considerables que se podrían recolocar. Desde que empezó el proceso Rio+20, todo el mundo se pregunta (con más o menos discreción) cómo vamos a hacer para movilizar a los líderes mundiales y al público en general para una nueva Cumbre de la Tierra, cuando están todos traumatizados por la catástrofe financiera mundial. Bueno, la respuesta a esta pregunta puede ser convertir la eliminación de los subsidios dañinos en una demanda clave.

La idea de la ONU con Rio+20 es lanzar iniciativas para acelerar la “economía verde”, pero no va a funcionar si los gobiernos siguen alimentando la “economía gris” con miles de millones de dólares en apoyo a actividades que dañan o destruyen el medio ambiente. Por ejemplo, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 2010 los subsidios estatales para favorecer el consumo de energías fósiles alcanzaron un total de 409 mil millones de Dólares.  Los subsidios en el sector pesquero también siguen favoreciendo la sobre-capacidad de las flotas y son culpables de la destrucción de los recursos pesqueros, etc. Los gobiernos reconocen el problema; ha sido discutido hasta la saciedad en foros de la ONU, en el seno de la Organización Mundial de Comercio, en el G20, la Unión Europea, etc. pero la apatía es la nota dominante. Seamos claros, digamos a los gobiernos que el planeta no puede esperar más, que actúen en conformidad con la retórica.

Por ejemplo, el Secretario General de la ONU publica hoy el informe final del Panel de Alto Nivel sobre la Sostenibilidad Global formado hace año y medio; el papel de los subsidios es subrayado en el informe pero, como explicó el Secretario del Panel Janoz Pastor en su presentación en Nueva York la semana pasada, los miembros del panel no consiguieron consensuar unas recomendaciones a favor de la eliminación gradual de los subsidios dañinos en los sectores de la pesca y de la agricultura; para el sector de la energías fósiles recomiendan una eliminación gradual solamente de los subsidios “ineficientes”, como si unos subsidios que incrementan la crisis del clima y la contaminación pudiesen ser considerados “eficientes”. Si un panel de 20 personas no puede llegar a un acuerdo, ¿qué esperanza tenemos que los 193 países miembros de la ONU puedan llegar a un acuerdo si la sociedad civil no se levanta y da prioridad a esta cuestión? Bajo los auspicios de la Iniciativa Mundial sobre Subsidios (GSI), varias organizaciones pedirán en Rio+20 que los gobiernos se comprometan a eliminar gradualmente los subsidios en el sector de las energías fósiles; tal vez puede ser un punto de partida.

En el “borrador zero” de la declaración “El Futuro que Queremos” hay dos párrafos desde dónde se puede trabajar. El Párrafo 42 (c) comprometería los gobiernos “a gradualmente eliminar los subsidios con un efecto negativo considerable sobre el medio ambiente y que son incompatibles con el desarrollo sostenible, complementando con medidas para proteger los grupos pobres y vulnerables”.  Y si el Párrafo 126 queda como está, los gobiernos apoyarían “la eventual eliminación gradual de subsidios que distorsionan los mercados, dañan al medio ambiente y obstaculizan el desarrollo sostenible, incluido en las áreas de las energías fósiles, la agricultura y la pesca, con salvaguardias para proteger los grupos vulnerables”. Noten la palabra eventual: antes de que la negociación haya empezado en serio, el documento está descafeinado ya. Denme un triple expreso, por favor.

Rémi Parmentier

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