¿Antes de la tormenta?, por (*) Rémi Parmentier

Cada mañana desde que llegué a Río hace cuatro días yo veo desde la ventana de mi apartamento las montañas alrededor de la ciudad cubiertas por una espesa capa de nubes

Cada mañana desde que llegué a Río hace cuatro días yo veo desde la ventana de mi apartamento las montañas alrededor de la ciudad cubiertas por una espesa capa de nubes, como si la Madre Tierra estuviese observando y esperando una tormenta en las negociaciones sobre el texto “El Futuro que Queremos”, la declaración que los Jefes de Estado y de Gobierno se supone que adoptarán la semana que viene, aquí en la Cumbre de la Tierra. Quedan sólo unos pocos días antes de que la cumbre empiece, pero las negociaciones continúan a un ritmo extremadamente lento. No parece que esto vaya a cambiar en las próximas horas a menos que una gran tormenta lo remueva todo.

Salvar el planeta

Una ejecutiva de las altas esferas de las Naciones Unidas me dijo la noche pasada que sigue optimista “porque los políticos no pueden dejar que la cumbre fracase”. Vale, pero ¿Cuál es su definición de éxito y fracaso? ¿Van a venir para salvar la cara, o para salvar el planeta? Hablando de políticos, apenas hemos tenido ninguno durante este proceso de dos años. En ocasiones anteriores, la o las última(s) reunión(es) transcurrieron a nivel ministerial antes de la llegada de los Jefes de Estado y de Gobierno. Esta vez, con una sola excepción hace un mes y medio en Nueva York, creo que ningún ministro ha tomado parte directamente, y por definición, el mandato de los funcionarios en la negociación es demasiado estrecho.

Los temas clave dónde las negociaciones están estancadas incluyen:

• Medios de Aplicación: esto es sinónimo de dinero aquí; mecanismos financieros para apoyar a los países en vías de Desarrollo en la transición hacia el desarrollo sostenible es siempre la clave. Pero los tiempos cambian desde Rio 92; las arcas de Europa están vacías, y también las de EEUU, suponiendo que este país tuviese voluntad política en este año electoral. Así que los países del G77 tendrán que buscar dinero en otro sitio y esto puede ser muy desestabilizador;

• Economía verde: no dinero, no acuerdo. Esto es lo que dicen los países en vías de desarrollo, así que la discusión sobre la transición hacía “la economía verde” no va a progresar realmente mientras no haya dinero sobre la mesa;

• Marco Institucional para el Desarrollo Sostenible: esto es el capítulo gobernanza; parece que progresa, pero está bastante claro que tendrán que esperar los que deseaban que esta vez el viejo Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) fuese transformado, después de 40 años de existencia, en una agencia potente (la Organización Mundial del Medio Ambiente).

En este contexto hay disputas en cuestiones sectoriales y transversales clave, incluido sobre lo siguiente:

• Consumo Sostenible: Esperanzas moderadas que un Programa de Acción de Diez Años sobre Consumo y Producción Sostenible pueda ser lanzado en Río, porque EEUU sigue oponiéndose. ¿Os acordáis de George H Bush en Río 92 diciendo “el estilo de vida estadounidense no se negocia”? La ironía es que veinte años más tarde son los impactos del cambio climático los que amenazan el estilo de vida americano;

• Agua y saneamiento: ¿Cómo el derecho al agua debería llevarse a la práctica? No agua, no vida; y, claro: no dinero = promesas vacías;

• Conservación en el Alta Mar: el Alta Mar es la otra mitad de la Cumbre de la Tierra; representa el 45% de la superficie de este planeta. En los últimos veinte años intereses corporativos han puesto sin control el ojo (y la mano) sobre los recursos pesqueros de alta mar. Una gran coalición de países (que incluye la Unión Europea, África del Sur, México, India, Brasil, Chile, Argentina, pequeños Estados isleños, etc.) quieren que Río de la señal de partida para la negociación de un régimen jurídico para el Alta Mar en el marco del Convenio del Derecho del Mar. Pero EEUU, Canadá, Rusia y Japón se oponen con una mezcla de intereses pesqueros, mineros y de biotecnología en sus mentes. Este nuevo régimen es fundamental para el desarrollo sostenible porque requeriría estudios de impacto ambiental para actividades humanas, criterios para Áreas Marina Protegidas con un marco para gestionarlas, y un mecanismo para el reparto equitativo de los beneficios de la explotación de los recursos genéticos de los fondos marinos;

• Subsidios Dañinos: Los gobiernos no pueden ser creíbles si dicen en Río que van a favorecer el desarrollo sostenible y la economía verde, mientras en sus países continúan alimentando con subsidios públicos sectores enteros que crean o mantienen obstáculos contra la sostenibilidad. En el marco del G20, la OCDE, la OMC, la FAO, etc. los gobiernos se han comprometido ya a dejar de dar miles de millones de dólares al sector de las energías fósiles, a la industria pesquera, o a sectores agrícolas no sostenibles. Lo que hace falta ahora son hitos y calendarios para pasar de las palabras a la acción. Por ejemplo, el Gobierno de Nueva Zelanda propone que los subsidios pesqueros que contribuyen a la sobrepesca y a la sobrecapacidad de las flotas sean eliminados a partir de 2015; ¡esto es el tipo de propuestas claras que la Cumbre de la Tierra necesita!

• Objetivos del  Desarrollo Sostenibles: Hay un fuerte impulso para que Río+20 de luz verde para la preparación de una serie de Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) que sucederán a los Objetivos del Milenio después de 2015. Pero los países del G77 han dicho claramente que apoyarán a los ODS sólo si se resuelve el tema de los medios de aplicación. Tampoco está claro si los ODS serán negociados en Nueva York por los gobiernos en los próximos dos años, o si el Secretariado de la ONU tendrá el encargo de prepararlos en consulta informal con gobiernos clave y organizaciones de la sociedad civil.

El Embajador de un gran país industrializado que conoce mis lazos con muchas ONG compartió conmigo el otro día su impresión de que las ONG se han “nacionesunidasizado” en este proceso de Río+20. Era su manera de decir que él piensa que muchas ONG son demasiado suaves y que deberán hablar más fuerte y claramente, para que los Jefes de Estado y de Gobierno puedan oírles. Si no pueden oírles, ¿cómo queréis que los escuchen? Yo no puedo decir si el juicio del embajador sobre las ONG era totalmente merecido, pero ¡estoy de acuerdo que las ONG son un elemento natural indispensable para asegurar que ocurra la tormenta perfecta que necesitamos en los próximos días en Río!

Rémi Parmentier

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