Antes de la reconstrucción de Japón, por (*) Rémi Parmentier

Como millones de personas, yo no conseguía quitarme la pesadilla de Japón de la cabeza toda la semana pasada. Cada mañana me levantaba con ella, y cada noche me acostaba con ella. El jueves me di cuenta que lo que me pasaba era idéntico a la experiencia del duelo cuando siento la muerte de un …

Como millones de personas, yo no conseguía quitarme la pesadilla de Japón de la cabeza toda la semana pasada. Cada mañana me levantaba con ella, y cada noche me acostaba con ella. El jueves me di cuenta que lo que me pasaba era idéntico a la experiencia del duelo cuando siento la muerte de un pariente o de un amigo. Aunque todos mis amigos personales y colegas de trabajo en Japón me dicen que están “bien”.

Mi compañera Kelly Rigg apunta que un número de gente sin precedente (el domingo por la tarde ya eran 6230) han clicado “Me gusta” en la página del Huffington Post sobre su artículo del viernes que llevaba un gran mensaje de esperanza (que – contrariamente a los reactores nucleares de Fukushima – los aerogeneradores eólicos en las zonas más afectadas por el terremoto y el tsunami han resistido y producen electricidad, tan necesaria en la región). Supongo que ha sido porque éramos millones los que compartíamos la misma tristeza la semana pasada, y muchos los necesitados del calor de una historia positiva para compensar.

Ahora, después de leer que el Primer Ministro Naoto Kan ha dicho que su país deberá ser “reconstruido desde cero”, yo me pregunto si Japón aprovechará la oportunidad para apropiarse el papel de campeón de laeconomía verde emergente, ya que necesita re-inventarse. Ojala la historia de los parques eólicos resistiendo intactos al terremoto y al tsunami actúe como un incentivo fuerte.

Tengo un recuerdo muy vivo de mi visita a la sorprendente “feria de productos ecológicos” de Tokio en Diciembre de 2009. Salí con sentimientos contradictorios de aquel evento anual que reúne cerca de 200.000 profesionales y dónde cientos de marcas (incluidas todas las corporaciones bandera del Japón como Sanyo, Sony, Toshiba, Panasonic, Toyota, Mitsubishi, Sharp, etc.) desvelaban todo tipo de productos innovadores con la pretensión de hacer avanzar un estilo de vida sostenible.

Solar roofed car. Foto Rémi Parmentier

Allí descubrí numerosas herramientas y útiles para la eficiencia energética que me interesaron, diseños y materiales para la arquitectura sostenible, aplicaciones creativas de energías renovables, y numerosos instrumentos y vehículos para una movilidad baja en carbono (camiones híbridos, coches con techos fotovoltaicos, bicicletas eléctricas, etc.), pero lo que más me impresionó fue el movimiento de miles de ejecutivos alrededor de todo esto. Pese a eso, salí preguntándome porqué una gran parte de estos productos estaban en estado de prototipos solamente, porqué las corporaciones los dejaban en sus cajones, porqué no estaban ya en el mercado. No obstante, por lo general, recuerdo que finalicé mi visita con entusiasmo, con la convicción de que las empresas japonesas estaban haciendo grandes esfuerzos para posicionarse en la economía verde del futuro y que invertían cantidades considerables de recursos en el empeño de buscar respuestas a los desafíos ambientales. Mi impresión era que lo que nos enseñaban en la “feria de Eco-Productos” era solamente la punta del iceberg y que debían tener muchos proyectos en lugar seguro, guardados en secreto. Mi conclusión fue que las corporaciones con las mejores propuestas serían las que entrarían primero en la economía verde si se decidiesen, eso sí, a ponerlas en práctica seriamente.

[También me acuerdo de unos artículos típicos de lo que llamamos “greenwash” en inglés, el “lavado de cara”, como por ejemplo un pequeño calentador con “batería eficiente y sostenible” para llevar en la mano por la calle cuando hace frio; cuando yo le dije que conocía un eco-producto mejor llamado “guantes” para calentar mis manos, la encantadora joven azafata en el stand de Sanyo no supo qué contestarme]

Después de Fukushima, la definición y el significado de expresiones como “huella baja en carbono” o “economía baja en carbono” (comunes en la feria de Eco-Productos) tendrán que cambiar en Japón y en otros lugares. Como en Francia, estas expresiones en Japón han sido utilizadas demasiado como sinónimos de “energía nuclear”. “Productos ecológicos” es otra expresión que tiene que conformarse a las necesidades sociales e individuales, y no al consumismo trivial.

Esperemos que el pueblo japonés sepa aprovechar la crisis para, con su espíritu fértil y creativo, acelerar su paso a la economía verde. Y de paso del resto del mundo.

Rémi Parmentier

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