Yo, ecologista. Por (*) Yeli Arroyo Baeza

En los primeros años de mi vida recuerdo cuidar de los hormigueros del patio del recreo en el colegio, me parecía terrorífico que las niñas los pisotearan, haciendo matanzas masivas y ¡encima ni siquiera se daban cuenta! Unos pocos años después descubrí lo a gusto que me hacía sentirme abrazar a los árboles del recreo, eran los años 70, en fin, era la niña loca del colegio y, es posible, que esas experiencias marcaran mi vocación.

No trataba de contar mi vida, pero sí voy a tomar los más de 30 años como educadora ambiental en tierra y en mar, como referencia para dar una opinión personal bastante fundada.

Según la RAE: ecologista es ser partidario o pertenecer al ecologismo, y el ecologismo es un movimiento sociopolítico y una doctrina que propugna la defensa de la naturaleza y la preservación del medio ambiente.

Ahora bien, si esto es así, sólo las personas a las que no las importa su salud, ni la de sus descendientes, y tampoco la vida de los muchos millones de otras especies, pueden no ser ecologistas.

Defender la naturaleza es luchar contra su destrucción y es básico, ya que sin naturaleza no hay vida, humana tampoco. Y preservar el medio ambiente es imprescindible para nuestra salud y la de nuestros descendientes, así como para la naturaleza.

En definitiva, del derecho o del revés, hay que ser ecologista.

La estupidez recurrente de negar el cambio climático, parece que ya va desapareciendo, ya no eres raro si eres vegetariano, ni si recoges basura por el campo o en la playa mientras paseas, los datos de la comunidad científica cada vez son más mediáticos, numerosas empresas reducen sus impactos y se hacen más sostenibles porque además es rentable y todo está muy bien, ya era hora, yo llevo más de 30 años contándolo, me aburro a mí misma.

Sin embargo, llegamos tarde a la cita, deberíamos correr mucho más porque vamos con bastante retraso. ¡Así que hala, vamos a ello, seamos todos ecologistas!

No, no hace falta tirarse al suelo a proteger hormigueros, basta con no comprar venenos. Es posible que no se conozca el hecho de que los venenos que están en cualquier supermercado, matan mucho más de lo que anuncian en su etiqueta: un insecticida puede matar a un ave, un raticida mata a cualquier mamífero, también humanos, y los caracolicidas pueden matar mamíferos, aves y peces. En realidad casi todo mata a todo, es cuestión de dosis.

Tampoco hace falta abrazar árboles, basta con respetarlos, las plantas son nuestras mejores aliadas para preservar el medio ambiente y, tan solo su presencia basta para mejorar nuestra salud y nuestra calidad de vida.

Por supuesto no hay que hacerse vegetariano, aunque esta elección es admirable, pero sí hay que ser responsable al alimentarse, biológicamente deberíamos comer proteína animal unas tres veces por semana, y sin embargo tampoco hace falta reducirlo tanto, pero es lo más común comerla todos los días y en casi todas las comidas del día, y eso hay que hacérnoslo mirar.

Afortunadamente la diferencia de precios ya no es amplia entre los productos convencionales y los bio (sin venenos).

Puedes pasear sin recoger basura alguna pero tampoco dejarás rastro de basura alguna allá donde vayas (parece una máxima de los Scouts, pero es que es tal cual, nada nuevo).

Y lo más importante es elegir a quién le das tu dinero, es decir, a quién compras, porque si esa empresa está destruyendo el medio ambiente o la naturaleza, lo está haciendo con tu dinero.

Así, sin más. Yo soy ecologista, ¿y tú?

 

(*) Yeli Arroyo Baeza es profesora de educación ambiental, autora del Informe Tierra (Ed. Tundra) y colaboradora con diversas ong.

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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