Un tratado sobre la Alta Mar, clave para la sostenibilidad en la era pos- COVID-19. Por (*) Waldemar Coutts

La creencia de que la salud humana y la política medioambiental pueden abordarse por separado constituye una peligrosa ilusión que la actual pandemia mundial está disipando de forma trágica. La naturaleza nos manda una advertencia sobre las funestas consecuencias que puede tener una presión excesiva sobre el medio natural; ha llegado la hora de que los responsables políticos se den cuenta de que nuestra salud depende del océano, el clima y los miles de millones de organismos vivos con los que compartimos este maravilloso planeta.

El mundo de la ciencia se ha pronunciado de forma particularmente clara sobre el daño que están infligiendo al océano múltiples factores antropogénicos, desde la sobrepesca y la pesca ilegal, pasando por la contaminación por plásticos y sustancias químicas, hasta llegar al cambio climático, la acidificación y desoxigenación de las aguas. En los últimos cien años se ha extraído del mar el 90% de los peces de gran tamaño y, a día de hoy, una tercera parte de las poblaciones de peces están aún sobreexplotadas. Algo que socava todos nuestros esfuerzos por abordar estas amenazas es el hecho de que, aunque el océano sea un único sistema mundial interconectado, estamos adoptando un enfoque fragmentado a la hora de gestionarlo y existen evidentes lagunas de gobernanza en lo referente a la protección de la biodiversidad marina en la alta mar, nuestro último gran bien común, que cubre casi la mitad del planeta.

Un nuevo tratado vinculante

Urge ampliar el marco jurídico establecido por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) para que refleje nuestra actual capacidad de alcanzar mayores distancias y profundidades con el objetivo de explotar los recursos naturales del océano. Los efectos de la pesca industrial y el calentamiento global se perciben en todo el océano, pero solo el 1,5% de la alta mar goza de protección. Necesitamos un nuevo tratado que comprometa a todos los Estados para con la conservación de los recursos marinos de alta mar, extremadamente vitales para el bienestar humano y planetario.

Afortunadamente, ese proceso está en curso y, dejando de lado las perturbaciones que ha sufrido últimamente el calendario de negociación, el nuevo tratado está al alcance de nuestras manos. Las negociaciones formales se iniciaron finalmente en 2018, casi dos décadas después de que la Organización de las Naciones Unidas reconociera por primera vez la importancia de proteger la biodiversidad de la alta mar. Estábamos a punto de entrar en la recta final cuando, debido a la crisis sanitaria mundial, la cuarta y última sesión de negociación del tratado quedó aplazada.

Chile tiene el firme compromiso de llevar a buen puerto la conclusión de un tratado sólido para la alta mar. Mientras se discuten nuevas fechas, resulta esencial aprovechar el tiempo adicional para seguir haciendo avanzar las negociaciones, mantener la inercia positiva generada y elevar el nivel de ambición para poder acordar un sólido instrumento jurídicamente vinculante. Con todo eso en mente, a principios de marzo participamos en dos diálogos para alentar a las naciones a unirse en pro de este objetivo; una mesa redonda organizada por la revista Prospect Magazine en Londres, y una reunión intergubernamental informal coorganizada en Mónaco por la Fundación Alberto II de Mónaco y el Instituto Nobel de Noruega.

Como país oceánico que cuenta con 5.300 km de litoral, y como una de las diez principales naciones pesqueras del mundo, Chile también tiene un papel clave que desempeñar para alcanzar el objetivo de desarrollo sostenible (ODS) 14. Valoramos mucho la protección del océano, y lo demostramos colgando toda nuestra información de seguimiento de buques pesqueros en la plataforma pública Global Fishing Watch y protegiendo el 42% de nuestra extensa zona económica exclusiva (ZEE), un porcentaje muy superior al 10% que figura en la meta para el 2020 del ODS 14.

Chile se ha situado, junto a toda una serie de países socios, al frente de los debates sobre sostenibilidad del océano.

Hemos sido un actor destacado dentro del ciclo de conferencias “Nuestro Océano” (“Our Ocean”) desde sus inicios, en 2014, junto con EE.UU., la Unión Europea, Indonesia, Noruega y Palaos.  En la decisiva conferencia COP 21 celebrada en París en 2015, Chile promovió junto a Francia y Mónaco la iniciativa “Porque el océano” (“Because the Ocean”), que unió a 40 países entorno al objetivo de incorporar el océano en las negociaciones sobre el cambio climático. También tomamos la atrevida decisión de definir la COP 25, organizada por Chile, como la “COP azul”, con el fin de subrayar la importancia del océano como uno de los principales reguladores del clima y sumideros de carbono. Para terminar, Chile participa en el Panel de Alto Nivel para una economía sostenible del océano, una iniciativa lanzada por el primer ministro de Noruega para demostrar por qué la transición hacia una economía sostenible es vital para poder alcanzar todos los objetivos de desarrollo sostenible.

Medio ambiente y COVID-19

Los últimos meses demuestran cuán cambiante puede ser la brújula política mundial, y ahora se nos presenta una oportunidad sin precedentes de introducir transformaciones profundas para el que será el mundo pos-COVID-19. A medida que nos vamos acercando a una población mundial de 10.000 millones de seres humanos, debemos encarar el futuro con la naturaleza de nuestro lado. No dar prioridad a la biodiversidad y a la lucha contra el cambio climático en nuestra respuesta colectiva a la COVID-19 tendría graves repercusiones para nuestra propia supervivencia, siendo los países en desarrollo, los pequeños estados insulares y las mujeres y los niños los que se verían afectados en primer lugar y de forma más dramática. El mundo tiene que invertir en nuevos sistemas, y en mecanismos jurídicos y políticos, que sustenten todas las formas de vida en nuestro planeta y favorezcan el buen estado de salud de nuestros océanos, un clima estable y una mejor calidad del aire y del agua. Durante demasiado tiempo se han postergado estos objetivos con la excusa de que son poco realistas y demasiado onerosos, pero, en la actualidad, no perseguir dichas metas es un lujo que ya no podemos permitirnos.

Celebrar con éxito un nuevo tratado de la alta mar ayudará a la humanidad a realizar esta tarea hercúlea. Proteger la vida marina no solo es fundamental para la supervivencia de millones de especies con las que compartimos este planeta, sino que también resulta vital para el propio futuro del ser humano y puede constituir el resplandeciente estandarte de solidaridad mundial que nos hará avanzar juntos hacia una nueva era marcada por la valentía.

 

(*) Waldemar Coutts
Embajador de Chile en Noruega
Representante Especial de Chile en el Panel de Alto Nivel para una economía sostenible del océano 
Fotografia principal: Archivo EFE/María Molina 
Adopting a High Seas Treaty key to sustainable Post-COVID-19 world. (*) Waldemar Coutts

The belief that human health and environmental policy can be separated is a dangerous illusion that the current global pandemic is tragically dispelling. With Nature sending us a warning of the dire consequences of exerting too much pressure on the natural world, it is high time for all decision makers to realize that our health depends on the ocean, the climate and the billions of other organisms with which we share our amazing planet.

Science is particularly clear about the damage being inflicted on the ocean by multiple human impacts, from overfishing, illegal fishing, plastic and chemical pollution, to climate change, acidification and deoxygenation. In the last hundred years, 90% of large fish have been removed from the sea, and a third of all marine fish stocks are still being overfished today. Hampering all our efforts to address these threats is the fact that, although the ocean is one interconnected global system, we take a fragmented approach to its management and there is glaring governance gap when it comes to protecting marine biodiversity on the high seas, the last great global commons that covers almost half the Earth. The legal framework set by the UN Convention on the Law of the Sea urgently needs augmenting to reflect our ability to reach ever further and deeper to exploit the ocean’s natural resources. The impacts of industrial fishing and global heating are felt throughout the ocean, but only 1.5% of the high seas are protected. We need a new treaty to commit all states to the conservation of the high seas marine resources so vital to both human and planetary wellbeing.

Fortunately, that process is well underway, and – barring current disruptions to the negotiating schedule – a new treaty is within our grasp. Nearly two decades after the United Nations first recognized the importance of protecting high seas biodiversity, formal negotiations were finally initiated in 2018. But we were just about to enter the finishing stretch, when the fourth and final session of the treaty negotiations was postponed due to the global health crisis.

Chile is committed to the successful conclusion of a robust high seas treaty. While new dates are being discussed, it is essential to use this additional time to continue moving negotiations forward, maintain momentum and raise ambitions to agree on a strong, legally-binding instrument.  With this in view, we participated in two dialogues in early March to encourage nations to unite behind this goal; a round-table discussion hosted by Prospect Magazine in London, and an informal meeting of governments in Monaco, co-hosted by the Prince Albert II Foundation of Monaco and the Norwegian Nobel Institute.

As an oceanic country with a 5,300-kilometer coastline, and one of the world’s top-ten fishing nations, Chile is also playing a key role in achieving Sustainable Development Goal 14. We treasure ocean protection, putting all our fishing vessel tracking data on the Global Fishing Watch public platform, and protecting 42% of our vast EEZ, far beyond the 10% by 2020 target of SDG 14.

Chile has joined partner countries at the forefront of global ocean sustainability discussions.

We have been a lead actor within the Our Ocean conferences process since its beginning in 2014, together with the United States, the European Union, Indonesia, Norway and Palau. At the pivotal Paris COP 21 in 2015, Chile promoted the “Because the Ocean” initiative alongside France and Monaco, bringing together 40 countries with the aim of incorporating the ocean into the climate change negotiations. We also made the bold move of declaring the Chilean-hosted COP 25 the “Blue COP”, underscoring the role of the ocean as a major climate regulator and carbon sink. Finally, Chile participates in the High Level Panel for a Sustainable Ocean Economy, an initiative created by the Prime Minister of Norway to demonstrate how transitioning to a sustainable ocean economy is critical to achieving all the Sustainable Development Goals.

The past few months prove just how changeable the global political compass can be, and now there is an unprecedented opportunity to introduce far reaching transformations in the post-COVID-19 world. As we move towards a world population of 10 billion, we must face the future with nature on our side. If we fail to prioritize biodiversity and the fight against climate change in our collective response to COVID-19, there will be severe repercussions for our own survival, affecting developing countries, small island states, women and children harsher and sooner. The world must invest in new systems, and legal and policy mechanisms, that support all life on our planet, favoring healthy oceans, a stable climate and better air and water quality. These goals have long been postponed as being too unrealistic and costly, but now we cannot afford not to seize them.

The successful conclusion of a new high seas treaty will help humanity achieve this gigantic task. Protecting marine life is not only critical to the survival of millions of species with which we share this planet, but also crucial to humanity’s own future, and can be a shining symbol of global solidarity as we emerge together into a bold new era.

(signed by)

Waldemar Coutts, Ambassador of Chile to Norway, Special Representative of Chile to the High Level Panel for a Sustainable Ocean Economy

 

 Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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