La última revolución. Por (*) Yeli Arroyo Baeza

Hace unos 500.000 años apareció en la Tierra el Homo Sapiens, la forma moderna de homínido a la que pertenecemos. Su nicho original era el de cazadores-recolectores; nosotros evolucionamos para salir adelante en pequeñas bandas de nómadas que obtenían dos tercios de su alimento de productos vegetales y un tercio de origen animal.

La única cultura de la humanidad, la primera fase ecológica que ha sido sostenible hasta este momento, ha sido la de los grupos de cazadores-recolectores. 

Este largo periodo de tiempo, vivimos siendo parte de los ecosistemas, y durante muchos años la existencia de los humanos se basó en el nicho ecológico descrito, pero poco a poco nos fuimos extendiendo por los continentes y, los impactos que ocasionamos sobre la Biosfera fueron importantes, como el uso continuado del fuego y la transformación de los hábitats.

Esta forma de vida no estaba ya en total equilibrio con su ambiente y, esto dio lugar a una transición de fase ecológica.

Grupos humanos de zonas muy apartadas del globo, fueron cambiando su forma de vivir, iniciando así la domesticación de plantas y animales en la llamada revolución agrícola (surgió hace 10.000 años en Mesopotamia y unos miles de años después se fue extendiendo al resto del mundo), y con ella la segunda fase ecológica: la agrícola; surgió la necesidad de usar los bienes naturales de forma más intensiva y, así se inició la agricultura.

Ésto hizo necesaria la sedentarización de los grupos hasta entonces nómadas, surgieron nuevas tecnologías, instituciones sociales, etc.

Una nueva forma de vida que fue, a su vez, relativamente estable durante milenios (y aún hoy se mantiene en algunas zonas reducidas), en que la gente se adaptó a vivir con su entorno, interviniendo en la capacidad de sustentación del mismo, mediante la agricultura y la ganadería.

La otra revolución la revolución industrial dio paso a la tercera fase ecológica, que surgió hace menos de 200 años en el norte de Europa y, nos encontramos en ella.

La capacidad cultural antes mencionada, es lo que nos ha hecho llegar hasta aquí, entrados ya en el siglo XXI y, enfrentándonos a lo que es, el mayor reto al que se ha enfrentado la humanidad, la crisis ambiental: destrucción de los soportes de vida del planeta, impactos múltiples sobre la Biosfera, superpoblación humana, sobreexplotación y destrucción de los recursos naturales, contaminación global, consumo desbordado de materias primas, etc.; es una curva claramente amenazante en un sistema cerrado y limitado como la Tierra.

Es inviable que la actual etapa ecológica se mantenga en el planeta un periodo de tiempo dilatado.

En pos del saber y de la ciencia, hemos de decidirnos ya por un mundo sustentable, la finalización de las guerras y el respeto a los derechos humanos, la equidad entre las personas, la utilización masiva de energías limpias, renovables y no contaminantes, políticas de reforestación y recuperación del patrimonio natural, transformación industrial y económica, etc.

La urgencia es muy grave, se trata de la supervivencia de nuestra especie (por desgracia con nosotros nos llevaremos muchas más), el planeta continuará con su evolución, siempre lo ha hecho.

La “amabilidad” del planeta con la que hemos vivido estos últimos 12.500 años cuando acabó la última glaciación, está cambiando radicalmente.

Alterar de manera drástica la química y los ciclos de los sistemas planetarios es una autentica monstruosidad.

La creación de un mundo sostenible es, ni más ni menos, que la cuarta fase ecológica y esto significará un cambio total en todos los ámbitos de la vida, estoy convencida de que es ya, la única revolución posible.

(*) Yeli Arroyo Baeza es educadora ambiental y activista.

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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