Líderes azules: Demos a nuestro océano una oportunidad de luchar

Líderes azules: Demos a nuestro océano una oportunidad de luchar. Por (*) Philippe De Backer, ministro belga del Mar del Norte

Líderes azules: Demos a nuestro océano una oportunidad de luchar. Por (*) Philippe De Backer, ministro belga del Mar del Norte

“Como líderes, sabemos muy bien que es imposible proteger el océano sin resolver el problema del cambio climático. Y, sin duda, no podemos resolver el cambio climático sin proteger el océano. No puede haber ningún plan de resiliencia y lucha contra el cambio climático que no incluya como elemento central la sostenibilidad de los océanos”.

Estas fueron las palabras de Peter Martin Christian, Presidente de los Estados Federados de Micronesia, tras la publicación del desolador informe especial sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC SROCC). Tanto él como otros ‘líderes azules’ se habían reunido en Nueva York el 25 de septiembre, por invitación de Bélgica, con el fin de idear una vía de acción a la luz de las alarmantes noticias que contenía el informe.

La Dra. Thelma Krug, vicepresidenta del Grupo IPCC, resumió el informe para los invitados al evento. Confirmó que el cambio climático inducido por la acción humana deja una importante huella en ecosistemas de los que dependemos – “desde la cima de las montañas a las profundidades del océano, y que estos cambios continuarán también durante las generaciones venideras”.

Las alteraciones son más amplias y profundas de lo que nadie habría esperado – el océano, en proceso de calentamiento, se encuentra en verdadero peligro; asimismo, otras múltiples presiones antropogénicas, desde la sobrepesca a la contaminación por plástico, limitan enormemente su capacidad de autorrestablecimiento.

Desde 1970 el océano ha absorbido aproximadamente el 90% del exceso de calor retenido por los gases de efecto invernadero y se halla en un proceso de calentamiento constante – a un ritmo que se ha duplicado desde 1993. La mayor temperatura de las aguas está fundiendo los mantos polares y el hielo del Océano Ártico, intensificando con ello el aumento del nivel del mar; también es la causa de la mayor frecuencia e intensidad de las olas de calor marinas y otros fenómenos meteorológicos extremos. La superficie más cálida del océano está provocando la estratificación de la temperatura en la columna de agua, reduciendo su contenido de oxígeno y amenazando con provocar cambios a gran escala en el flujo de las corrientes oceánicas. La alteración de la distribución de las especies marinas y la menor productividad del océano resultan inevitables.

Asimismo, el CO2 absorbido de la atmósfera – alrededor del 40% de todas las emisiones generadas hasta la fecha – está acidificando las aguas oceánicas, lo cual está dañando directamente los organismos marinos y pone en peligro ecosistemas enteros, así como los servicios que proporcionan, desde la seguridad alimentaria a la protección de los litorales. Nuestros arrecifes de coral moribundos son un buen ejemplo de ello.

Es fundamental realizar “acciones oportunas, ambicionas y coordinadas”, dijo la Dra. Krug a los líderes azules. “Cuanto antes actuemos y más contundentes sean nuestras medidas, mayor será nuestra capacidad de abordar cambios inevitables, gestionar los riesgos, mejorar nuestras condiciones de vida y alcanzar la sostenibilidad de los ecosistemas y la gente en todo el mundo tanto ahora como en el futuro”.

Sin embargo, a pesar de la gravedad y la urgencia de la situación, nuestro estado de ánimo no está marcado por la desesperación. Jane Lubchenco, gurú de la protección del océano, salió al escenario después de la Dra. Krug y puntualizó que “la ciencia ha hablado… pero la ciencia también nos ha dicho que aún no es demasiado tarde. Sabemos lo que hay que hacer. Ahora sólo tenemos que hacerlo”.

Con las palabras de Lubchenco en mente, los líderes azules debatieron acerca de lo que sus respectivos países ya están haciendo, destacando algunos logros notables en materia de conservación del océano.

Como dije yo mismo a nuestros invitados, ha llegado el momento de que la actividad política tenga como elemento central legislar sobre la base de pruebas científicas. Expliqué las intenciones de Bélgica de establecer objetivos claros de reducir, por un lado, las emisiones de la industria del transporte marítimo y de invertir, por el otro, en planificación espacial marina basada en la ciencia con el fin de proteger el 35% de nuestra parte del mar del Norte y duplicar nuestra capacidad de generación de energía eólica marina.

Entre otras iniciativas presentadas durante el evento, el Presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció que más del 43% de la gran ZEE de su país se encuentra ahora bajo protección. Las islas Maldivas y Micronesia anunciaron la introducción de importantes programas de protección marina en sus aguas territoriales. Las islas Seychelles hicieron lo mismo, pero apostando por el potencial de los pastos marinos, los manglares y los arrecifes de coral como soluciones basadas en los ecosistemas para combatir el cambio climático.

Los líderes azules centran de forma colegiada sus esfuerzos en tres ámbitos clave. El primero pasa por continuar potenciando la ciencia y la investigación sobre nuestro océano y sobre el clima cambiante, fomentando la colaboración, la cooperación y la puesta en común de conocimientos entre naciones y sectores a todos los niveles: este sigue siendo un campo subdesarrollado y, cuantos más conocimientos mundiales adquiramos, más eficaces serán las soluciones que podremos diseñar y poner en práctica.

Se trata de un reto a escala planetaria, y eso queda patente en la segunda prioridad: los científicos piden que se salvaguarde el 30% el océano mundial de aquí al año 2030 a través de una red de áreas marinas altamente protegidas. Esto es esencial para poder desarrollar la resiliencia de la flora y la fauna marinas ante un planeta en proceso de calentamiento; al mismo tiempo, unos ecosistemas oceánicos en buen estado de salud podrán desempeñar un papel decisivo a la hora de mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, combatiendo por ende el mismo calentamiento oceánico que los amenaza.

Pero este tipo de acción global requiere un marco también global, y aquí está el vínculo con la tercera prioridad. La mitad de la superficie de la tierra – y dos terceras partes de su océano – está ocupada por la alta mar, aguas internacionales que quedan fuera de la jurisdicción nacional de cualquier país. Hasta la fecha, se ha proporcionado un alto nivel de protección a menos de un 1% de esta vasta superficie y, lamentablemente, carecemos de instrumentos para conservar y gestionar su biodiversidad y sus ecosistemas. Una asociación de más de 40 ONG, la Alianza por la Alta Mar (High Seas Alliance, HSA), está coordinando una campaña a través de la ONU para cambiar esta situación e introducir un mecanismo de gobernanza internacional legalmente vinculante – un Tratado sobre la alta mar – que guíe la alta mar por la senda de la sostenibilidad.

Los próximos 18 meses ofrecerán claras oportunidades de alcanzar estos objetivos urgentemente necesarios. Cuando los líderes azules nos volvamos a reunir el 11 de diciembre en Madrid con motivo de la COP25, nos aseguraremos de que el océano esté en primera línea y en el centro del debate, y seremos la punta de lanza de la presión ejercida para que se incremente de forma radical la acción en todos los frentes. Un futuro sostenible para nuestro océano sigue estando – aunque a duras penas – a nuestro alcance. Si damos a nuestro océano una oportunidad de luchar le estaremos permitiendo que se sustente a sí mismo… y nos sustente a nosotros. Tenemos que actuar ahora si queremos poder garantizar un futuro sostenible y saludable para nuestros hijos.

H.E. Philippe De Backer, Minister of the North Sea, Belgium

A sustainable ocean future is still – just – within our grasp

“As leaders, we know all too well that it is impossible to protect the ocean without solving climate change. And certainly, we can’t solve climate change without protecting the ocean. There is no climate and resilience plan without sustainable oceans at its very centre.”

Peter Martin Christian, President of the Federated States of Micronesia, was speaking in the wake of the release of the Intergovernmental Panel on Climate Change’s shocking Special Report on the Ocean and Cryosphere in a Changing Climate (IPCC SROCC). He and other ‘Blue Leaders’ had gathered in New York on 25 September, at Belgium’s invitation, to plot a way forwards in light of the dire news the report contained.

Dr Thelma Krug, Vice Chair of the IPCC group, summarized the report for the guests at the event. She confirmed that human-induced climate change has a major footprint on ecosystems that we depend on – “from the top of the mountains to the depths of the ocean, and these changes will continue for generations to come.”

The changes run broader and deeper than anyone previously realized – the warming ocean is in real trouble, and multiple other anthropogenic pressures from overfishing to plastic pollution are limiting its ability to fix itself.

Since 1970 the ocean has absorbed some 90% of the excess heat trapped by greenhouse gases, and it’s warming constantly – the rate has doubled since 1993. Warmer water is melting polar ice sheets and Arctic sea ice, driving sea level rise, and is behind more intense and frequent marine heatwaves and other extreme weather events. A hotter sea surface is causing temperature stratification in the water column, reducing oxygen content, and threatens large-scale changes in ocean current circulation. Altered marine species distribution and reduced ocean productivity are inevitable.

In addition, CO2 absorbed from the atmosphere – some 40% of all emissions to date – is making ocean waters more acidic, directly harming marine organisms and threatening entire ecosystems and the services they provide, from food security to coastal protection. Our dying coral reefs are a case in point.

“Timely, ambitious and coordinated actions” are essential, Dr Krug told the Blue Leaders. “The more decisively and early we act, the more we will be able to address unavoidable changes, manage the risks and improve our lives and achieve sustainability for ecosystems and people around the world in the present and in the future.”

But despite the seriousness and urgency of the situation, our mood is not one of despair. Ocean protection guru Jane Lubchenco took the stage after Dr Krug, and pointed out that “Science has spoken… But science also tells us it is not too late. We know what needs to be done. We just need to do it.”

With Lubchenco’s words in mind, the Blue Leaders discussed what their countries were already doing, highlighting some notable wins for ocean conservation.

As I said to our guests, it’s high time to put evidence-based policy making at the heart of political action. I explained Belgium’s intentions to set clear targets for cutting shipping industry emissions; and to invest in science-based marine spatial planning which protects 35% of our part of the North Sea and doubling capacity for offshore wind energy.

Among other initiatives discussed at the event, Chile’s President, Sebastián Piñera, announced that more than 43% of his nation’s large EEZ is now under protection. The Maldives and Micronesia announced major marine protection programmes in their national waters. The Seychelles did likewise, while focusing on the potential of seagrass, mangroves and coral reefs as ecosystem-based solutions to climate change.

Collectively, Blue Leaders are focusing on three key areas. The first is to continue to scale up science and research into our ocean and changing climate, with collaboration and cooperation and sharing knowledge between nations and sectors at all levels: this is still an underdeveloped field, and the more global knowledge we gain the more effective the solutions we’ll be able to build and act on.

The global scale of the challenge is reflected in the second priority: scientists are calling for 30% of the world’s ocean to be safeguarded by 2030 through a network of highly protected marine areas. This is essential to build the resilience of marine life on a heating planet; while healthy ocean ecosystems can at the same time also play a major role in mitigating greenhouse gas emissions, fighting the very ocean warming that is threatening them in the first place.

But this kind of global action needs a global framework, and this connects to the third priority. Half of the planet’s surface – and two-thirds of its ocean – is made up of the high seas, international waters outside the jurisdiction of any individual nation. So far, less than 1% of this vast area is highly protected, and there are no instruments in place to conserve and manage its biodiversity and ecosystems. A partnership of more than 40 NGOs, the High Seas Alliance, is coordinating a campaign through the UN to change this situation, and put in place a legally binding international governance mechanism – a High Seas Treaty – to drive sustainability on the high seas.

Over the next 18 months, there are some clear opportunities to deliver these urgently needed objectives. When the Blue Leaders gather again in Madrid at COP25 on 11 December, we’ll make sure the ocean is front and centre, and we’ll spearhead the push for radically increased action across the board. A sustainable ocean future is still – just – within our grasp. Giving our ocean a fair fighting chance means it can sustain itself, and us. We have to act now to insure a sustainable and healthy future for our children.

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Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a su autor y a EFEverde

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena   , director de EFEfeverde de la Agencia EFE




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