Subvencionar o no subvencionar. ¿Está escapándosele a los países en desarrollo una oportunidad de oro para cambiar el statu quo del océano mundial? Por (*) Dona Bertarelli y James Alix Michel

Insostenibles, injustas y pidiendo a gritos una reforma radical desde hace largo tiempo, las reglas que gobiernan (o dejan de gobernar) las subvenciones pesqueras favorecen a las flotas industriales de países ricos y fomentan la sobrepesca, en detrimento de los pescadores de pequeña escala y de la seguridad alimentaria en todo el mundo.

La responsabilidad de acabar con este sistema destructivo recae en las grandes potencias pesqueras, que son quienes aportan el grueso de las subvenciones, pero los países en desarrollo pueden ayudar a que esto ocurra – y apoyar a sus propias comunidades pesqueras – haciendo frente común por un acuerdo global robusto que elimine esas dañinas ayudas financieras.

Tenemos que hacer naufragar el statu quo de las subvenciones. El foro para poner en marcha ese cambio de paradigma es la Organización Mundial del Comercio (OMC), y el momento de hacerlo es ya mismo.

Esta semana, después de 20 años de negociaciones y estancamientos, los gobiernos están más cerca que nunca de llegar a un acuerdo para poner fin a las subvenciones pesqueras perniciosas.

Los embajadores de la Organización Mundial del Comercio (OMC) pueden llegar a un acuerdo a tiempo para cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14.6 de la ONU para prohibir los subsidios que contribuyen a la sobrepesca, la sobrecapacidad y la pesca ilegal, no reglamentada y no declarada en el 2020.

Pero los países en desarrollo corren el riesgo de que se les escape esta oportunidad de oro para llamar al orden a los principales subvencionadores y restablecer el equilibrio de las pesquerías globales.

Aunque la mayoría no sean grandes subvencionadores, muchos están adoptando una posición defensiva en las negociaciones, insistiendo en adjudicarse exenciones que también se aplicarían a las grandes potencias pesqueras. Esto solo contribuiría a mantener el statu quo – y continuaría perjudicando a los países en desarrollo.

¿En qué radica exactamente el problema? Las subvenciones perniciosas, como por ejemplo las destinadas al carburante o a motores más potentes, amenazan directamente la biodiversidad del océano al reducir artificialmente el coste de la pesca, aumentando los beneficios e incentivando la actividad insostenible, e incluso ilegal, de las grandes flotas de altura.

Las subvenciones a la industria pesquera ascienden a alrededor de $ 35,2 mil millones por año, de los cuales alrededor de $ 22,2 mil millones se otorgan a actividades que mejoran la capacidad.

Más de la mitad de estas subvenciones perniciosas son otorgados por China, la UE, Japón, Corea y EE.UU.

El apoyo público al sector pesquero en los países de África, América del Sur, el sudeste asiático y el Pacífico no solo es mucho menor, sino que estos países también son víctimas de flotas industriales extranjeras que operan cerca o incluso dentro de sus zonas económicas exclusivas (ZEE).

El modelo que siguen las grandes potencias pesqueras causa estragos en nuestro océano y evidencia el disparate de los países que subvencionan la sobreexplotación de sus propias poblaciones de peces, induciendo a flotas masivamente subvencionadas a arrasar la alta mar.

Este no es un modelo comercial que otros países deberían intentar replicar.

Si nos fijamos en el océano Índico, en el que el 30% de las poblaciones de peces están sobreexplotadas, puede verse claramente el impacto de la pesca de altura subvencionada.

Tan solo en la ZEE de Seychelles, al menos 192 buques extranjeros declararon faenar en 2018, apoyados por una cifra estimada de 35 millones de dólares en subvenciones para el aumento de la capacidad – lo que equivale a 182.000 dólares por buque.

¿Cómo podrían competir con algo así los pescadores locales de pequeña escala?

A lo largo de la costa de la India, en el golfo de Bengala y en el mar de Omán, la flota nacional india rivaliza por el mismo pescado con cientos de buques de grandes naciones subvencionadoras, tales como China Taipéi, China y Japón.

Según los datos de la Comisión del Atún para el Océano Índico, desde 2010 la captura de atún de la India ha descendido de 2.631 toneladas a 7 toneladas, mientras que la captura de los buques industriales chinos ha aumentado de 496 toneladas a 4.641 toneladas.

India no está sola; otros países en desarrollo y estados costeros también están en desventaja.

La pesca a distancia probablemente no sería económicamente viable sin ciertas formas de apoyo público.

Sin embargo, no todo el apoyo público al sector pesquero es perjudicial, y tampoco todo procede de países desarrollados.

Algunas subvenciones son beneficiosas, tales como las que apoyan la conservación marina y la pesca sostenible.

En la OMC, muchos países en desarrollo propugnan que las nuevas reglas incluyan cláusulas que les permitan seguir subvencionando la pesca en sus aguas.

Sin embargo, las grandes exenciones de este tipo debilitarán el acuerdo, repercutirán negativamente sobre las pesquerías de pequeña escala que ya se encuentran presionadas, y podrían constituir un refugio – una auténtica “vía de escape” – para los grandes subvencionadores.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de fijar un nuevo rumbo que proteja a peces y pescadores de cara al futuro? Hacer frente común por una ambiciosa reforma de las subvenciones.

Los países en desarrollo deberían utilizar su poder de negociación colectiva para conseguir un acuerdo multilateral que no solo fuerce a los más culpables a renunciar a las subvenciones que les hacen prácticamente inasequibles a la competencia, sino que también ayude a transformar el modo en que los países en desarrollo gestionan sus propios recursos marinos.

Acordar la eliminación de las subvenciones perniciosas es una oportunidad incomparable para reconfigurar las políticas y redirigir los recursos hacia una pesca más sostenible y equitativa, que permita la recuperación de las poblaciones de peces y proporcione beneficios duraderos tanto para la biodiversidad marina como para todas las comunidades que dependen del océano para subsistir y alimentarse.

Un acuerdo de la OMC robusto puede cambiar el statu quo con el apoyo de una fuerte coalición de países en desarrollo. Afortunadamente, existen amplios precedentes de un liderazgo audaz y visionario de los países en desarrollo para allanar el camino hacia el progreso.

Con las conversaciones entrando en una fase final intensiva y de alto nivel para desenredar las contenciones restantes antes del plazo, esperamos estar ante otro de esos momentos.

 

 

(*) Dona Bertarelli es asesora especial de la CNUCED para la Economía Azul, y James Alix Michel es presidente ejecutivo de la Fundación James Michel y ex presidente de Seychelles.

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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