Sistemas alimentarios sostenibles para garantizar la protección de la salud del suelo. Por (*) Cristina Rodrigo y Jordi Fabregas

agricultura sostenible reconstrucción económica

El pasado mes de abril, el legendario divulgador científico y naturalista, David Attenborough presentaba el documental Una vida en nuestro planeta, una reflexión sobre el futuro de la humanidad y la necesaria actuación contra la crisis climática.

A lo largo de largometraje, subyace un mensaje de urgencia por acometer tanto grandes transformaciones como pequeños cambios cotidianos. Gran parte de la atención en los esfuerzos para mitigar el cambio climático se centra en el sector energético y el transporte, pero el sistema alimentario mundial es responsable de casi un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero1.

Patrón alimentario

Un pequeño gesto como el cambio de nuestra dieta hacia una alimentación de origen vegetal, basada en plantas y, por lo tanto, sostenible, compone una decisión individual que puede dar lugar a un enorme cambio colectivo.

El patrón alimentario tiene un gran impacto directo a nivel medioambiental. Siguiendo con las grandes enseñanzas que nos deja el documental, cuando se trata de preservar la biodiversidad de la tierra y la protección de la salud del suelo, es necesario reducir radicalmente el área que usamos para cultivar.

Si todos llevamos a cabo una alimentación basada en plantas, se reduciría el uso de la tierra a la mitad, al mismo tiempo que incrementamos su rendimiento2.

Ganadería

La ganadería es uno de los elementos principales en el cambio de uso de la tierra en todo el mundo. Los bosques son talados para proporcionar espacio para los cultivos y los pastos y, de esta forma, satisfacer la demanda creciente de carne.

Esto deriva en una alarmante deforestación, causada en un 80%3 por la tierra agrícola que se usa para el ganado, ya sea para el pastoreo o para hacer crecer cultivos con los que alimentarlo.

El uso intensivo del suelo por la ganadería deriva, además, en intrusiones masivas en hábitats naturales y pérdida de biodiversidad.

Actualmente, la mitad de la tierra habitable es usada para la producción de cultivos y ganado. Más del 80% de las tierras de cultivo del mundo son utilizadas para la producción de carne, huevos y lácteos4.

Es decir, un espacio del tamaño de Europa y África juntas se emplea para producir tan solo el 18 % de las calorías que ingerimos a nivel mundial.

Una realidad que se puede extrapolar a nuestro país si atendemos a los datos ofrecidos por el informe de ProVeg “Más allá de la Carne”: el consumo de cada ciudadano español supone un uso de tierra de alrededor de 3.400 metros cuadrados al año o lo que es lo mismo, la extensión de alrededor de 632 parques como el madrileño Retiro.

Esta concatenación de hechos contribuye al cambio climático, que a su vez contribuye al incremento de la transmisión de patógenos de animales a humanos.

Mejorar la salud del suelo significa mejorar la salud de las personas.

Concienciación para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París

El establecimiento de sistemas alimentarios sostenibles es una preocupación de Naciones Unidas que se plasma en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, que, entre otras cosas, promueve la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria.

Entre 2012 y 2017, la producción mundial de alimentos liberó a la atmosfera un promedio de 17.600 millones de toneladas de CO21.

El objetivo central del Acuerdo de París es limitar el aumento de la temperatura mundial a 1,5 ó 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales.

Si la industria alimentaria continua al ritmo señalado, entre 2020 y 2100 podría llegar a emitir 1.356 gigatoneladas, una cantidad que superaría el punto de referencia de 1,5 grados entre 2051 y 2063 y tal vez la temperatura de 2 grados para finales de siglo1.

Estas emisiones podrían reducirse significativamente mediante cambios en la dieta.

Disminuir radicalmente el consumo de carne y lácteos ayudará a reducir la sobreexplotación de la tierra y los recursos naturales, disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, mejorar la calidad del suelo y preservar la biodiversidad de los ecosistemas.

Los beneficios de los productos de origen vegetal han sido científicamente probados por la consultora independiente Quantis5.

Un ejemplo destacado es que con un acto tan sencillo como reemplazar un kilo de mantequilla animal por su alternativa de origen vegetal, la margarina, se utilizarían 8 m2 menos de tierra5.

La concienciación individual juega un papel esencial como agente del cambio y motor del proceso de transformación hacia un modelo de producción vegetal, sostenible y beneficioso para la salud.

Un uso más eficiente de los recursos, como el uso del suelo, conforman el camino a seguir para mitigar los efectos negativos sobre el medio ambiente y alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 establecido por las Naciones Unidas.

 

(*) Cristina Rodrigo es directora de ProVeg España y Jordi Fabregas es director general de Flora España

 

 

 

1 informe Revista ScienceGlobal food system emissions could preclude achieving the 1.5° and 2°C climate change targets’. Nov 2020.

2Documental Una vida en nuestro planeta de David Attenborough.

3Informe sobre pandemias y alimentación de ProVeg https://proveg.com/es/wp-content/uploads/sites/2/2020/09/Informe-sobre-Pandemias-y-Alimentacion-parte-1ESPAN%CC%83OL.pdf

4Ritchie, H. & M. Roser (2019): Land Use. Our World in Data. Available at https://ourworldindata.org/land-use. [Accessed: 22.5.2020]

5Investigación sobre el Análisis del Ciclo de Vida (ACV) llevado a cabo por Quantis en 2018. Para más info https://upfield.com/purpose/sustainability/

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

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