El sector invisible. Por (*) Francisco Carreño (COSE)

El 26 de mayo, el Parlamento nacional informó de la creación de una Comisión no Permanente para la Reconstrucción social y económica tras la covid-19. Además, lo hacía con vocación participativa al habilitar un buzón para que la ciudadanía pudiera dirigir a nuestros diputados sugerencias y propuestas sobre cómo salir de la crisis provocada por el coronavirus.

Desde COSE, Confederación de Selvicultores de España que aglutina a 30.000 entidades y unos 300.000 selvicultores, creemos que la reactivación de la economía y el desarrollo económico y sostenible de este país debe pasar necesariamente por el desarrollo del sector y los territorios forestales, uno de los pilares en que debemos sustentar el futuro de nuestro país

Su desarrollo económico mitigaría los problemas del cambio climático y abandono del mundo rural y sería una fuente de creación de empleo. Por el contrario, la inacción nos llevará a consecuencias desastrosas para la calidad de vida de las personas y la supervivencia del planeta. Algunas, como incendios forestales, inundaciones y daños en las costas, ya las estamos sufriendo.

La mitad de la superficie de nuestro país es forestal y de ésta, el 67% es privado o de gestión privada. España, tercer país europeo extensión forestal tras Suecia y Finlandia no está en la media europea de la riqueza que aportan los bosques, ni siquiera alcanzamos un tercio de esa cuantía. Pero podría estarlo.

El sector forestal podría crear 200.000 puestos de trabajo en los próximos 15 años si la Administración invirtiera mil millones anuales

En España conseguimos generar un puesto de trabajo por cada cien hectáreas, pero Europa consigue un puesto de trabajo cada 60. Lo que significa que sería posible prácticamente duplicar el empleo en el sector, generando alrededor de cien mil puestos de trabajo en las áreas más despobladas del país. De hecho, el informe de CCOO “Posibilidades de creación de empleo” consideraba que era factible crear 50.000 empleos en el monte durante los próximos años.

Si además observamos que en Europa, por cada empleo en el monte hay cuatro puestos de trabajo en la industria de madera, podríamos pensar que, con los datos de CCOO, cabría plantearse unos 200.000 empleos en la industria. En un escenario temporal de diez a 20 años si el conjunto de las administraciones españolas hiciera una inversión de mil millones de euros por año, al margen de los gastos de la extinción de los incendios forestales. Esto supondría duplicar la inversión por hectárea y año (actualmente es de 30 euros)

Y ¿dónde se ubicarían estos puestos de trabajo? Pues en el desarrollo de las diferentes cadenas de valor. La ciudadanía suele identificar el sector forestal con el de la madera. Pero no es el único ni el más importante. Veamos cuáles son:

  1. Las dehesas y pastos para la ganadería extensiva. Tenemos tres millones de hectáreas de dehesas, pero podríamos y deberíamos recuperar otro tanto, una alternativa inmejorable a los piensos de importación. El ejemplo por excelencia es el del cerdo ibérico, pero también son terreno de ovejas y vacuno. Las dehesas y los pastos permiten la fabricación-elaboración de productos de máxima calidad, como el jamón ibérico, los quesos asturianos o el cordero de las Sierras del Segura.

    Los árboles de hoja ancha -encinas, hayas y roble- se adaptan mejor al cambio climático.

    Archivo EFE/Carlos García

  2. Las actividades de ocio en la naturaleza. España es una potencia turística a nivel mundial y ha desarrollado también el turismo rural. Pero carece de una red de empresas vinculadas al turismo para, por ejemplo, avistamiento de fauna, circuitos de bicicleta, circuitos a caballo, deporte de cayac en los ríos más caudalosos. O más recientemente los bosques de salud o baños de bosque. Existen aún muchas actividades por descubrir, bien reguladas al coincidir actividades no compatibles. Y hay una masa crítica de turistas dispuesta a consumirlas.

  3. Las cadenas de valor de productos no maderables: como el corcho en Andalucía y Extremadura, la resina en Castilla y León, la castaña en Galicia y todas las provincias occidentales; las trufas en Aragón o Castilla y León, o las setas silvestres, con millones de aficionados en toda España.  Es importante resaltar el esfuerzo que se está realizando por detectar la trazabilidad para conocer su procedencia, demandado sobre todo por la hostelería.

  1. Y finalmente, claro, la madera como producto de consumo. Un producto, la madera, que iría destinado a la construcción, fabricación de muebles, para biomasa en sustitución de energías más contaminantes o para el desarrollo de la industria de la resina. Hay espacio para empresas madereras ubicadas en entornos rurales, muchas de las cuales deben acudir al mercado exterior, pues de los 45 millones de metros cúbicos de madera que se demanda, 15 son importados. Y además fijarían población. Un caso de éxito en el desarrollo de esta industria es Galicia, el Pirineo o la cordillera Ibérica.

Todas esas empresas, todos esos emprendedores, propietarios y selvicultores deberían tener el respaldo de la Administración Central y de los gobiernos autonómicos y locales. Recibir las ayudas que el monte necesita. Favorecer a las empresas que utilicen productos maderables. La clave es promover la inversión y la gestión forestal, combinando inversión pública y privada, y reducir el riesgo y la amenaza permanente que suponen los incendios forestales.

Pero todo esto apenas está en la agenda política del Gobierno de nuestro país, pese a tener bien definida una batería de iniciativas para los retos demográficos y el despoblamiento. Y quizá no figura porque tampoco está entre las demandas de la sociedad, cada vez más urbana y alejada del campo y sus montes.

La realidad es que hay muchas dificultades a la hora de abordar el sector forestal desde el punto de vista político. Las inversiones son grandes para los beneficios a corto que generan. Una plantación forestal necesita entre 15 y 25 años para generar ingresos, mucho más de lo que dura una legislatura. Aunque disponen de herramientas factibles de generar estímulos como la fiscalidad verde. Además, el monte privado está completamente atomizado y en una buena parte abandonado. Las últimas crisis económicas han reducido aún más el presupuesto dedicado a la gestión forestal.

Pero si el sector forestal se dinamiza los montes resucitarán de su letargo y estarán limpios y cuidados. Y protegidos por las poblaciones rurales en tanto fuente de riqueza, que crecerían viendo una oportunidad de vida lejos de las grandes urbes y frenando el despoblamiento. Disminuirían los incendios forestales y los recursos económicos irían destinados a la prevención y no a la extinción. Y por supuesto, se beneficiaría toda la sociedad en su conjunto, por la captura de CO2 que procura el monte, que a su vez regula el ciclo hídrico. Llovería más y bajaría la temperatura en los meses de más calor.

Escuchemos al monte, a los selvicultores, unos actores muy importantes en el cuidado de nuestros bosques con una función de utilidad social al cuidar terrenos agroforestales, con beneficios para todos pero sin recursos públicos. Escuchemos al mundo rural. Hay mucho que hacer -dicen- y si no, mucho que perder. Como bien sabe la gente del campo, la protección de los recursos no se consigue sin tocarlos, dejándolos en una urna, que probablemente arderá. Se consigue gestionando sus usos y de paso movilizamos un desarrollo económico y sostenible que tan necesario es en estos momentos de pandemia.

Francisco Carreño (Cose)

Francisco Carreño (Cose)

Pensemos en verde.

(*) Francisco Carreño Sandoval

Presidente de COSE, Confederación de Asociaciones Forestales de España

Fotografía principal: Recurso de archivo de @efeverde (@arturolarena) a título ilustrativo

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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