No se alarmen… ¡Solo es petróleo! Por Carlos P. Cembrero*

Por Carlos P. Cembrero* Lo que tiene de malo señalar un error obvio es que siempre molesta tanto a los que viven directamente en el negocio del engaño, que no dudan en asegurar lo que haga falta para desviar la atención del meollo del problema.

Vivimos en un mundo sobrepoblado, sobrecalentado, contaminado y con una tasa de extinción de especies espeluznante. Se nos está viniendo todo abajo por causa de nuestra mala gestión como especie. Hoy, las ONG’s que trabajan en medir la degradación ambiental advierten que necesitaríamos tres o cuatro planetas solo para mantener los actuales ritmos de consumo y población. De la contaminación, incompatible con la salud y calidad de lo que comemos, bebemos y respiramos, para qué hablar. Los políticos españoles, por ejemplo, vuelven de sus negociaciones en la Unión Europea tocando las trompetas por haber conseguido cuotas de pesca, sobre el papel, que los científicos dicen que no existen disponibles en el océano. Quién no entienda que el ritmo de consumo, la tasa de reproducción de la población y los usos industriales hay que cambiarlos, no entiende nada.

Hace veinticinco años largos ya leíamos sobre las pruebas científicas que se iban encontrando y que apuntaban hacia un calentamiento global con origen en la actividad industrial humana. Durante décadas, quienes se atrevían a hablar de estas evidencias eran ridiculizados por los mercenarios de turno. Se les calificaba, según conviniese, de mentirosos, ignorantes, a sueldo de intereses oscuros, defensores de la vuelta a las cavernas,…lo que hiciese falta para mantener a la opinión pública confundida, inerme e ignorante del peligro. ¡Que corra el dinero!

Todavía no consigo explicarme cómo es posible que los mismos lobbys de negocio destructivo sigan perennes en escena y opinando. Contaron tantos disparates que la realidad ha acabado revelando falsos y manipuladores, que no entiendo cómo su sola aparición en el debate no provoca miedo. ¿Alguien recuerda que los grupos ambientalistas llevan décadas intentando dar resonancia pública a los estudios de los científicos que se atrevieron a alertar sobre el calentamiento global? Hoy es un hecho con un terrible escenario de consecuencias en un futuro inmediato. ¿Quién va a pagar por las consecuencias que ya no vamos a poder evitar por causa del tiempo perdido? ¿Quién va a pagar por la culpa de los que solo defendían su negocio privado?

Las petroleras son un negocio subvencionado, ruinoso para la humanidad y muy lucrativo para sus propietarios. Una opción energética, el petróleo, que tuvo su momento en el devenir del impulso humano por investigar, descubrir e inventar, se ha convertido hoy en una adicción suicida que domina gobiernos y corrompe la política. Es tiempo de ir parando y, sin embargo, la maquinaria exploradora a la búsqueda de yacimientos continúa como si no supiésemos que la corneta ya ha tocado retirada. En los años setenta la sociedad estaba preocupada por si se acababa el petróleo, hoy la única preocupación razonable es que aun seguimos quemando combustibles fósiles como si ignorásemos las consecuencias catastróficas de hacerlo. Privatizar el beneficio, socializar el perjuicio,… lo de siempre.

Las Islas Canarias son un lugar maravilloso. Los humanos que las han habitado han desarrollado técnicas para aprovechar el agua del rocío, para desarrollar cultivos a salvo de vientos duros y constantes, para pescar artesanalmente sin agotar los caladeros, para obtener ingresos ofreciendo sol y playa, para obtener su energía de fuentes renovables. Nada de esto está exento de problemas, desde luego, pero algo fascinante tienen estas islas cuando su gente mayoritariamente ha comprendido el valor económico real del océano del que nace la tierra que pisan. Usar la inteligencia para sobrevivir, no para destruir. No parece tan difícil de entender, ¿no?
He tenido la suerte de explorar sus fondos marinos hasta casi ochocientos metros de profundidad. He visto en directo las esponjas de un metro de altura, los corales, los tiburones, meros, tortugas, calderones, delfines, rorcuales, peces reloj. He experimentado la potencia de corrientes, vientos y mareas. He tenido que mantener la proa o dar la popa al temporal desatado. Las Islas Canarias son un increíble espectáculo continuo de vida salvaje y energía.

En este mismo archipiélago hoy se están padeciendo las consecuencias de un desarrollo urbanístico no compatible con los fenómenos meteorológicos extremos que últimamente ocurren con frecuencia. Una dura lección que nos puede indicar lo que será el escenario de un planeta cuyos parámetros estamos alterando gravemente. El equilibrio inestable propio de nuestra biosfera nos devuelve la patada sin remedio.

Las Islas Canarias son otro ejemplo de oportunidad real para ensayar, en la práctica, lo único que nos puede curar y salvar como especie. “Economía Sostenible” es una redundancia. Si no es sostenible no es economía. Los negocios no son sino la herramienta. La confusión entre los negocios y la economía es un fraude, un error, y no es inocente. La economía que necesitamos, ya con urgencia, está en las antípodas de la práctica de seguir extrayendo y quemando petróleo.

Los mercenarios que hoy hablan de la inocuidad de las prospecciones y de la seguridad prácticamente absoluta de la extracción de petróleo son el mismo tipo de gente que luego desaparece de escena cuando un desastre como el de la Deep Water Horizon de BP en el Golfo de Mexico destroza la vida y las posibilidades de economía real de un ecosistema. Los profesionales de la política, y la puerta giratoria, que protegen los intereses de las petroleras se ocupan de confundir más el debate añadiendo ruido y verborrea sin contenido. Les van en ello sus sueldos y cargos como pago por los favores realizados.

En Ecología existen tres certezas quizá principales: los recursos son finitos, sin biodiversidad los ecosistemas colapsan y todas las especies somos interdependientes. El día en que todo este modelo de negocio inviable colapse definitivamente, habiéndose llevado por delante vidas y haciendas, solo habrá una pequeña esperanza de reconstrucción en aquellos lugares que se hayan mantenido relativamente a salvo. Los que no hayan sido convertidos en un vertedero sin remedio. Aquellos que hayan protegido la vida salvaje y desarrollado una economía real adaptada al viento y la marea.

Muchísimas personas en las Islas Canarias están peleando por conseguir que las petroleras saquen sus subvencionadas negras manos de su hogar. De un lugar que podría ser uno de estos escasos oasis donde, más temprano que tarde, habrá que intentar reconstruir el sentido común, economía real. Lo único sensato es arrimar el hombro a esa pelea. Seamos quienes seamos y estemos donde estemos. Por nuestro futuro como especie.

*Carlos P. Cembrero es Licenciado en Zoología e Instructor de Navegación. Durante años ha diseñado y coordinado la logística en operaciones de defensa ambiental y de exploración oceanográfica. Ha participado como tripulante voluntario en diversas campañas de Sea Shepherd y es miembro de la Junta Directiva de Sea Shepherd España.

“Nuestros edificios se desmoronarán, nuestras estructuras de hierro se convertirán en polvo, nuestras grandes obras de arte se deteriorarán y se descompondrán, nuestra música se desvanecerá. El único legado que perdurará no está en lo que podamos crear sino en lo que no destruyamos”. – Capitán Paul Watson




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Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com