Ruanda: Un país sin agua

Ruanda: Un país sin agua

Por Eloisa Molina: Coordinadora de Comunicación de Wolrd Vision. Junto a un estanque en Ruanda, una vez vagaban los legendarios "Cinco Grandes": leones, leopardos, rinocerontes, elefantes y búfalos.

Pero después del genocidio de 1994, su casa, el Parque Nacional Akagera de Ruanda, se partió por la mitad para dar
cabida a los refugiados que regresaban. Los animales fueron reubicados al este, hacia Tanzania, para protegerlos de la caza furtiva. Los seres vivos más pequeños, pero aún más letales como parásitos que chupan la sangre, lombrices intestinales y mosquitos
que propagan la malaria dominan ahora el territorio.

Esther Gisubizo, de ocho años, odia el estanque, sin embargo, este pantano sucio es la única fuente de agua de su familia. Esther y sus cinco hermanas, de 6 a 17 años, hacen la caminata al estanque varias veces al día para recolectar agua. Viven con sus padres,
Augustin Hakizimana, de 45 años, y Olive Nirere, de 38, en el distrito de Gatsibo, a dos horas de la capital de Ruanda. Después del genocidio, Augustin y Olive regresaron a su casa, Olive desde el refugio en Tanzania y Augustin desde la República Democrática del
Congo donde, como soldado, sufrió una grave herida de bala en la pierna.

La familia vive en una pequeña casa de dos habitaciones cerca del estanque, y opera una pequeña tienda en el lado de la carretera donde venden té para los transeúntes y algún que otro tentempié. Por la noche, se amontonan en la casa para dormir convirtiendo la tienda en un dormitorio.

Miles de personas de siete aldeas cercanas caminan por el sendero cargando bidones amarillos para llenar, compitiendo con manadas de animales que van a beber al mismo sitio. “Es agua estancada”, dice Augustin. “No fluye. Las heces están en ella. Cuando
bebes, sabes lo que hay dentro”.

Una ola de miedo

“A veces caminamos en la oscuridad por la mañana”;, dice Sandrine, la hermana de 11 años de Esther. Las hermanas se cogen de las manos cuando hacen eso, reuniendo coraje para emprender la caminata a lo largo de un campo de fútbol. Esther y sus hermanas temen los múltiples viajes que tienen que hacer para recolectar suficiente agua, a menudo seis por día.

El estanque es pardo y pantanoso. “Tenemos miedo de beber esta agua”, dice Irene, de 9 años. “Sabemos que hay gusanos en ella”. Las serpientes también la asustan como nos comenta la niña: “Se les puede ver nadando en el agua”.

Esther ha sufrido consecuencias terribles a causa de recoger agua del estanque. Fue mordida por un parásito chupador de sangre que se adhirió a su tobillo mientras recogía agua un día. “Fue muy doloroso”, dice. “Ella era generalmente la más divertida y vigorosa de mis hijas”, nos cuenta su padre.

Sin embargo, ahora Esther está excesivamente tranquila. Sin vida. Tiene malaria y le pica la piel. El estanque está tan sucio que las niñas nunca pueden estar realmente limpias. Tampoco se cambian de ropa después de recoger el agua porque no tienen más. “A veces me quedo mojada y me estremezco del frio”, dice Sandrine. Olive niega con la cabeza ante la desdicha de la situación. Ella también tiene malaria, nos desvelan sus ojos brillantes y su rostro cansado. “¿Tenemos alguna opción?”, se pregunta en voz alta, Lo que hacemos es por desesperación”.

Un diluvio de enfermedades

Las familias, las escuelas y los países sufren cuando las personas no tienen acceso a agua potable. En el cercano Centro de Salud de Bihinga, Patient Munezero, de 33 años, supervisa un centro con una sala de espera repleta, en su mayoría de mujeres y niños
envueltos en bufandas y ropa para mantenerse caliente en un día lluvioso. El centro atiende a 42.000 personas y Patient nos dice que siempre está ocupado. El agua sucia es la culpable. El 70% de los pacientes tienen enfermedades relacionadas con el agua.

“La falta de agua afecta de manera general a la condición física del cuerpo. Cuando las personas no tienen suficiente agua para beber, pueden deshidratarse e incluso morir. Y cuando beben el agua, es igual de malo. Las personas enferman con diarrea,
trastornos digestivos, tifoidea y parásitos intestinales”, nos explica Patient.

Entre junio y septiembre, los tanques del centro de salud se secan por lo que el personal también debe recoger agua del estanque conociendo perfectamente las consecuencias que esto tiene. “¿Qué más podemos hacer?, pregunta. “¿A dónde más podemos ir? No se puede tener una sala de maternidad sin agua.

Una oleada de esperanza

Tampoco puedes tener una nación próspera sin agua. En este momento, casi 6 millones de los 11 millones de personas de Ruanda carecen de acceso a agua potable. Es por eso que la ONG World Vision está embarcada en un proyecto de grandes dimensiones en colaboración con el gobierno para llevar agua potable a todos los habitantes de Ruanda en 2022, entre ellas se encuentra Esther.

El progreso se ha acelerado rápidamente desde 2012, cuando World Vision comenzó su programa de agua, saneamiento e higiene en Ruanda, instalando tuberías para servir a miles de personas a la vez. Actualmente, más de 300.000 ruandeses tienen agua limpia y acceso a saneamiento mejorado. Otros 130.000 se han beneficiado de instalaciones para lavarse las manos y han mejorado las letrinas como resultado de las campañas de cambio de hábitos sanitarios de World Vision.

No es demasiado tarde para Esther y sus hermanas. Pero su necesidad de agua limpia es ahora una prioridad aún mayor. En agosto de 2018, Augustin y Olive se separaron después de 18 años de matrimonio, dejando a Olive como madre soltera. Ella dice que su matrimonio se desintegró después de años de conflictos. Una vida ya complicada se volvió aún más difícil para ella y sus seis hijas, que luchan por sobrevivir en una pequeña casa de dos habitaciones junto a un estanque en Ruanda. EFEverde




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