De las palabras a la acción: Resiliencia urbana para hacer frente a la crisis climática. Por (*) Carmen Sánchez-Miranda

La urgencia de la acción climática. Este ha sido el mensaje más repetido durante el Octubre Urbano, la campaña de ONU-Hábitat para promover una conversación global en torno a los principales desafíos que enfrentan las ciudades.

Octubre Urbano

El Octubre Urbano que acabamos de concluir, y que clausuramos con el Día Mundial de las Ciudades –que se celebra anualmente cada 31 de octubre – ha estado centrado, como no podía ser de otra manera, en la crisis climática. Durante las pasadas semanas, se han promovido múltiples espacios a lo largo del planeta, para buscar y mostrar acciones urbanas que fomenten un mundo libre de carbono y que permitan mejorar la adaptación de las ciudades al cambio climático a través de la resiliencia urbana.

Todas estas conversaciones han sido, además, una oportunidad increíble para consolidar los mensajes, y mostrar los logros y preocupaciones de la comunidad urbana de cara a la COP26 – la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático -, que se está celebrando estos días en Glasgow, Escocia.

Conversar para acelerar la acción, para buscar experiencias de las que aprender y para generar cooperación en red, en torno a una crisis que tiene muchas caras, que son muchas crisis en sí. Porque si algo hemos escuchado también durante estas últimas semanas es la necesidad de proveer a nuestra acción local un enfoque de amenazas múltiples.

Ni los principales problemas a los que hacen frente las ciudades, ni sus soluciones, están compartimentadas. Fortalecer la resiliencia de las ciudades pasa precisamente por trabajar de manera holística y no lineal, rompiendo los silos que retrasan las intervenciones integrales y de impacto.

Fortalecer la resiliencia

Ni la crisis generada por el COVID-19, ni la crisis climática, serán las últimas crisis de gran envergadura que enfrentarán los entornos urbanos, y desde luego, debemos incorporar el aprendizaje que estamos desarrollando en torno a ellas para prepararnos mejor de cara al futuro.

Si no logramos fortalecer la resiliencia urbana ante los impactos del cambio climático, por ejemplo, a las ciudades les costará más de 300 mil millones de dólares cada año.

Las ciudades están al frente de la lucha contra el cambio climático y la COVID-19. Son lugares de innovación y los espacios mejor situados para promover verdaderas oportunidades de transformación y cambio.

También son los entornos desde donde se están promoviendo numerosas acciones en este sentido, pero necesitamos políticas urbanas más decididas y cambios de comportamiento más generalizados, que sean capaces de producir una transición significativa hacia una normalidad más verde, más justa, más saludable y más resiliente.

Y con más de la mitad de la población mundial viviendo en ciudades, en el caso de España, más de un 80%, los cambios de comportamiento de esa masa crítica urbana, son clave.

Reducir la vulnerabilidad y la exposición a los riesgos generados tanto por la pandemia de la COVID-19 y por la crisis climática es un proceso que requiere la participación de todas las partes interesadas, otro de los mensajes más compartidos durante el Octubre Urbano.

Sólo si elegimos enfrentar juntos estos desafíos urbanos, podemos asegurar que nuestras comunidades, especialmente las más vulnerables, superen los impactos climáticos y de la pandemia, y puedan prosperar.

Resiliencia climática

La COVID-19 dio una luz más intensa a las fragilidades y desigualdades urbanas que ya existían. Es desde ahí que nos toca intensificar nuestros esfuerzos, porque las ciudades son, además, las que están sufriendo cada vez más, efectos del cambio climático como inundaciones, sequías, aumento del nivel del mar, olas de calor, tormentas o deslizamientos de tierra.

Los riesgos de desastres provocados por el clima son de alguna manera impredecibles, pero no lo es la vulnerabilidad de los entornos donde éstos ocurren. La adaptación para la resiliencia climática ayudará a las ciudades a prepararse, mitigar y responder a los riesgos que plantean los impactos y las tensiones climáticas.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Nueva Agenda Urbana, ya incluyeron compromisos para promover la acción climática de las ciudades, y en especial para promover la adaptación al cambio climático y la construcción de la resiliencia urbana. Y, sin embargo, del financiamiento climático global, el porcentaje destinado a promover una mejor adaptación no llega al 20% y la inversión en medidas de resiliencia de los sistemas urbanos está igualmente rezagada.

Cuando se diseñan atendiendo a la adaptación y la resiliencia climática, los componentes de las ciudades, desde edificios hasta espacios públicos, pueden crear comunidades que mejoren valores ambientales como la biodiversidad y el secuestro de carbono.

Combinados estos esfuerzos, no solo mejoran la calidad de vida de sus habitantes, sino que colocan a las ciudades a la vanguardia de las soluciones frente al cambio climático. Los fondos habilitados para la recuperación frente a la COVID-19 serán también una oportunidad para la reconstrucción verde y sostenible que articule esa vanguardia.

Actuemos ahora. Aceleremos la acción para asegurar que nadie y ningún lugar se quede atrás.

Seamos ambiciosos en las decisiones que tomemos hoy, para permitir que las próximas generaciones puedan disfrutar de un mejor futuro urbano.

 

(*) Carmen Sánchez-Miranda es jefa de la oficina de ONU-Habitat en España

 

 

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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