Reincorporemos la naturaleza a nuestra vida. Por (*) Cesar Luena

(*) Cesar Luena.-  Hace aproximadamente un año que la Comisión Europea propuso su Estrategia de Biodiversidad para la UE 2030. Muchas horas de estudio, reuniones, redacción y negociación después, hoy me alegra anunciar que mis compañeros de la Comisión de Medioambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo han apoyado mayoritariamente el informe que presenté sobre la misma en calidad de ponente de la Eurocámara.

Ha sido (es, porque todavía tenemos que llegar a pleno) un trabajo duro, pero imprescindible dada la crisis de biodiversidad que afronta el planeta. Nada menos que un millón de especies están en peligro de desaparición en lo que supone la sexta extinción masiva de especies. Una crisis sin precedentes que, sin embargo, no atrae la misma atención mediática ni política que el cambio climático. Pero esto no va solo de animales. La diversidad biológica es la base de la vida. De ella dependen nuestro alimento, nuestra salud, nuestros recursos naturales, nuestra ropa, nuestros medicamentos y, por supuesto, nuestros ecosistemas. Por eso debemos ser exigentes y muy ambiciosos con esta Estrategia de Biodiversidad. Si no somos ambiciosos, no conseguiremos nuestro propósito final que es revertir esta enorme pérdida de biodiversidad.

Para lograrlo, he propuesto en mi informe una serie de mejoras con respecto a la propuesta de la Comisión Europea que incluyen, entre otras, la creación de un “Erasmus verde” y el refuerzo del artículo 37 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE (dedicado a la protección del medioambiente) mediante la adopción de una ley europea de biodiversidad a imagen y semejanza de la reciente Ley europea del Clima. La Comisión Europea ya propone (y yo respaldo) un 30% por ciento de áreas marítimas, terrestres y fluviales protegidas para 2030. ¿Qué mejor manera de hacer efectivo el derecho a un medio ambiente sano que con una ley europea que blinde la protección de la biodiversidad, estableciendo objetivos obligatorios y vinculantes para la restauración, protección y conservación de la naturaleza como estos?

Estos son objetivos muy ambiciosos, sin duda, pero convendrán conmigo en que son necesarios. Como necesaria es también la protección de los suelos de la UE, que, aunque no se lo crean, carece de un marco legislativo comunitario específico. Y eso que la salud de nuestros suelos es esencial para nuestra supervivencia, sobre todo teniendo en cuenta que el 95% de nuestros alimentos salen de ahí. ¿Y si les digo que, solo en España, el 74% del territorio está amenazado por la desertificación y que casi el 20% tiene un riesgo grave o muy grave de sufrir este fenómeno? Como decía, objetivos ambiciosos, pero necesarios para proteger los suelos, la diversidad biológica y nuestra propia seguridad alimentaria.

Lo mismo ocurre con los bosques, patrimonio natural y común de la Unión Europea según el Tribunal de Justicia de la Unión. En total, estos cubren alrededor del 38% del territorio de la UE (los bosques españoles suponen aproximadamente un 11% del total comunitario) y aunque la masa forestal europea registra aumentos continuos en prácticamente todos los Estados miembros desde 1990 (algunos estudios hablan del 30% del incremento de superficie forestal en España en los últimos años), no hay que llevarse a equívoco. No es lo mismo una plantación de árboles que un bosque, mucho menos si hablamos de un bosque primario. Los bosques no son solo árboles, son sistemas con múltiples facetas y usos que debemos proteger por nuestro propio interés medioambiental, económico y social.

La Estrategia de Biodiversidad para 2030 es, en definitiva, una hoja de ruta que pretende revertir la pérdida de especies y para hacer de nuestro planeta un lugar mejor. Para ello tenemos que cambiar nuestras pautas de producción y de consumo. Comprendo las preocupaciones del sector primario ante esta perspectiva, pero les digo que no son los únicos que deberán esforzarse por lograr este cambio de modelo, aunque seguramente sí algunos de los más interesados. Porque, ¿de qué servirá agotar la tierra exportando hoy toneladas de comida, si dentro de diez o veinte años no se puede plantar nada? Hay que buscar la sostenibilidad en el largo plazo. Hay que dejar de sucumbir a lo inmediato y poner las luces largas, con educación, reforzando los derechos medioambientales con una ley, introduciendo cambios y defendiendo objetivos que sean vinculantes, conseguiremos proteger, conservar y restaurar la naturaleza y nuestro futuro como especie humana.

Archivo. César Luena. EFE/Raquel Manzanares

(*) César Luena López

Eurodiputado socialista

Ponente del Informe sobre Biodiversidad

 

 

 

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