Reflexiones, ni confinadas ni confitadas, sino confiadas. Por (*) Isabel Rivadulla

(*) Isabel Rivadulla.- Llevamos un mes confinados en nuestras casas, aprendiendo a vivir de otra manera, adaptándonos a las circunstancias del momento. Un momento, sin duda, difícil, desconocido y lleno de incertidumbres. Durante este mes, he reflexionado sobre muchas cosas.

La primera es que nuestra casa es nuestro bien más preciado, tener un techo, agua, electricidad, calefacción y la nevera llena. Hay mucha gente que no tiene tanta suerte y pasar esta situación sin todos esos bienes sumado al peligro sanitario que nos acecha, nos sitúa a la gran mayoría de los españoles y europeos en una verdadera posición de privilegiados. Además, a nuestro alcance tenemos las herramientas necesarias para que gran parte de la población pueda seguir trabajando y relacionándose con amigos y familiares través de la tecnología.

Sostenibilidad

Esta situación que nos obliga a no desplazarnos, a no salir más que a comprar comida, ha conseguido que la contaminación en España se reduzca aproximadamente al 64%, llegando a alcanzar en ciudades como Madrid y Barcelona descensos del 73% y del 83% respectivamente.  Evidentemente no podemos mantener esos niveles tan bajos cuando volvamos a nuestra actividad normal, pero quizás sería el momento de que los ayuntamientos implanten medidas que permitan mantener los niveles en mínimos, porque hemos demostrado que somos capaces de hacerlo a través del teletrabajo o de utilizar otros medios de transporte como metro, autobús urbano e incluso la bicicleta, un medio de transporte cada vez más implantado en ciudades europeas pero también en otros continentes como es el caso de Singapur en Asia o Bogotá en América. En España, hay intención de uso por parte de los ciudadanos pero lo que faltan son infraestructuras y seguridad para los ciclistas algo que impide, sin duda, el crecimiento de usuarios.

Un nuevo concepto de consumo

Vinculado a lo anterior, está el cambio en el concepto del consumo. El consumo es muy importante para que crezca la economía,  de hecho una de las ideas más importantes para todo economista, es que los consumidores tengan los recursos suficientes para entrar al mercado y dinamizar este proceso, pero esto no significa que este consumo tenga que ser como hasta ahora, comprando productos de mala calidad y muchas veces innecesarios por el mero hecho de mostrar a los demás la capacidad adquisitiva que uno tiene. Durante este mes, nos hemos podido dar cuenta que para vivir en un estatus de bienestar no necesitamos tantas cosas y que realmente también somos capaces de realizar un consumo más responsable. Esto no significa que nos ciñamos a comprar solo comida y ropa para cubrirnos el cuerpo, pero sí que significa que compremos siendo conscientes de lo que adquirimos con una diferente perspectiva sobre el uso que se hace de los recursos naturales, del lugar y las condiciones de fabricación e incluso de los desechos que se generan. La falta de material sanitario y la gran dependencia que tenemos de terceros países nos tiene que hacer ver la importancia que tiene el mercado local, el de proximidad, el que seamos capaces de fabricar todo aquello que nos resulta necesario aunque los costes sean algo más elevados, porque la calidad y la seguridad también serán mayores.

Politización

Mi última reflexión sobre esta situación gira en torno a la política. Ni en situaciones así, en las que los fallecidos por el COVID-19, según cifras oficiales, superan las 17.000 personas, somos capaces de dejar de criticar y ridiculizar todos y cada uno de los comentarios que vierten unos y otros grupos de políticos. Dependiendo de la óptica desde la que se mira, unos lo hacen muy bien y otros lo hacen muy mal y viceversa. Ante las buenas noticias todos corren a ponerse medallas, a salir en la foto o en la televisión y ante las críticas todos corren también a tirar la piedra y  esconder la mano porque ya los ciudadanos nos encargamos de llenar nuestros mensajes de whatsapp con esas críticas, sin pararnos a conocer el verdadero contexto de una frase, un comentario o una declaración. Este no es el momento. Dejemos de estar tan politizados, la vida es otra cosa, la vida son las relaciones entre las personas. No dejemos que todo lo que pensamos tiene que estar asociado a ser de derechas o de izquierdas y a pensar que el que no piensa como yo es un sinvergüenza, un pelele o un inútil. Es cierto que España se encuentra en un momento en el que la clase política ha mostrado ser poco fiel a su palabra y a su propia ideología con el único fin de sentarse en el sillón del poder, por lo que dejemos la política a un lado y pensemos por nosotros mismos siendo críticos, pero sobre todo siendo constructivos que ahora mismo es lo que necesitamos. Trabajar para reconstruir nuestras vidas de un modo mejor para todos.

(*) Isabel Rivadulla es periodista

 

Esta tribuna puede ser reproducida citando su autora y a EFEverde

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