¿Qué es el objetivo 55 (Fit for 55)? y ¿Cómo afecta a la distribución alimentaria? Por (*) María Martínez-Herrera

El paquete “Objetivo 55” (Fit for 55), impulsado por la Comisión Europea, es un complejo bloque de propuestas interconectadas con numerosas normativas y directivas para conseguir la reducción de emisiones netas de CO2 y otros gases de efecto invernadero en, al menos, un 55 por ciento de aquí al 2030 sobre la referencia de los datos de 1990. Enmarcado dentro del Gran Pacto Verde, la pretensión es que Europa se convierta en el primer continente climáticamente neutro en 2050.

La orientación es conseguir un equilibrio general entre equidad, reducción de emisiones y competitividad. ​ Se asume, de este modo, la necesidad de la triple sostenibilidad que garantice los objetivos climáticos –en este caso, en cuanto a reducción de emisiones-, pero que lo haga sin dejar a nadie por el camino –o, lo que es lo mismo, garantizando la sostenibilidad social – y sin olvidar que las empresas necesitan asegurar su supervivencia para ofrecer el mejor servicio, competir con otras compañías y crecer para contribuir al crecimiento económico y a la creación de empleo en las zonas en que operan.

De una manera amplia, y centrándonos en la carrera hacia la neutralidad climática, existen metas necesarias a corto plazo, pero muy importantes. La reducción del 39 por ciento de las emisiones difusas en 2030 con respecto a 1990 es la más ambiciosa que afrontan los sectores productivos, incluyendo el sector de la distribución comercial de alimentos.

En este caso, un porcentaje que ya se ha logrado en parte con las medidas puestas en marcha por este sector y que son el principio de una manera de trabajar que se quedará para siempre.

Este cambio se puede agrupar bajo el nombre de economía circular. Esto significa aplicar en todos los procesos productivos criterios de reducción, reutilización, recuperación y tratamiento de las materias primas que se utilizan y es válido cuando tratamos de cualquier tipo de material, pero también en materia energética y de reducción de emisiones.

Sistemas de refrigeración

Un ejemplo en este sentido, y muy importante para la distribución de alimentos es el mantenimiento de los sistemas de refrigeración que garantizan la cadena del frío, y que pasa por la utilización de determinados gases refrigerantes.

Estos se encuentran ya bajo el Reglamento Europeo F-GAS, con unos objetivos de reducción del uso de los fluidos más contaminantes y cambio hacia otros con menos emisiones.

En este sentido, es muy importante cuantificar el gran paso ya dado y seguir trabajando en apoyar la I+D+i de un sector vital para la actividad de la cadena alimentaria en su conjunto.

De hecho, los nuevos sistemas frigoríficos que se están instalando en muchos supermercados ofrecen ahorros energéticos de alrededor del 30 por ciento.

Movilidad sostenible

Otra idea central de la nueva normativa se refiere a la movilidad sostenible. El objetivo aquí es que tanto el parque de turismos como el de vehículos comerciales ligeros -muy utilizados en el sector de la distribución alimentaria- estén libres de emisiones directas para el año 2050.

Las empresas ya han comenzado el cambio hacia vehículos eléctricos o hacia vehículos con combustibles de transición, que aportan una gran mejora en reducción de emisiones.

Además, si tenemos en cuenta el transporte pesado, también hay que resaltar cómo las empresas ya están dando grandes pasos hacia combustibles menos contaminantes como, por ejemplo, el gas natural licuado.

Es preciso hablar también de las exigencias incluidas en los planes de movilidad sostenible que, en aquellas ciudades de más de 50.000 habitantes, serán una realidad a partir de 2023.

Aquí se concilia la necesidad de una mejora de la calidad del aire con la reducción de las emisiones. Y, en materia de distribución alimentaria, es importante estudiar el encaje de las tiendas en el urbanismo y cómo éste contribuye a una movilidad limpia.

En este ámbito es importante destacar, por una parte, que casi el 90 por ciento de los clientes de los supermercados hace sus compras de alimentación a pie, lo que significa emisiones cero en millones de actos de compra al año; por otra, en lo que respecta al transporte de mercancías hasta la tienda, se defiende el uso de vehículos de más de 10Tn de PMA –Peso Másico Autorizado- porque son más eficientes que los camiones más pequeños, cuya generalización supondría un incremento de las emisiones superiores al 55 por ciento.

Edificación

Por último, en cuanto a la edificación, las empresas tienen en cuenta las obligaciones en cuanto a los centros logísticos y puntos de venta en relación con los aparcamientos.

En este sentido, los aparcamientos de los supermercados deberán analizar si son puntos de recarga y deberán tener un porcentaje de plazas destinadas a la recarga de vehículos, en gran parte ya presentes en estos equipamientos. Esto significa que se fomenta el uso del coche privado de bajas emisiones.

Los avances para alcanzar la neutralidad climática dentro y fuera de este amplio paquete legislativo son diarios. Sin embargo, no cabe engañarse, todavía queda mucho por hacer.

Alcanzar los objetivos es responsabilidad de toda la cadena de agroalimentaria, incluyendo el consumidor y las administraciones públicas, pero, para ello, es importante contar con las condiciones económicas que faciliten el cambio.

Diálogo y consenso para alcanzar los objetivos respetando el modelo de la triple sostenibilidad de cada sector es una condición para el éxito.

 

(*) María Martínez-Herrera es responsable de Medio Ambiente en ASEDAS.

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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