Plásticos: El inicio de un círculo virtuoso. Por (*) Charlie Thomas

El reciclaje de plásticos no es un fenómeno nuevo, pero sí lo es que la población esté ampliamente concienciada sobre los efectos de la contaminación provocada por este material.

Este cambio se debe a que ahora la contaminación por plásticos se reconoce como un problema medioambiental que también puede tener efectos perjudiciales para la salud pública. Se trata de un catalizador realmente potente, como ya estamos viendo en el sector del automóvil, donde la atención a la contaminación de los vehículos está transformando esta industria.

Desde el desarrollo de plásticos biodegradables hasta los negocios centrados en las tecnologías de reciclaje de este material sintético, se podría afirmar que el sector empresarial ha ido por delante de la sociedad en cuanto a la necesidad de abordar este problema. Así ha ocurrido, por ejemplo, en el Reino Unido, donde el punto de inflexión para la población en general se produjo con la emisión de la segunda parte de la serie de documentales Planeta Azul, que mostraban los efectos devastadores del plástico en los océanos del planeta. La conocida previsión de que en 2050 habrá más plástico en los océanos que peces caló profundamente, hasta el punto de que la sociedad está reclamando desde entonces a las autoridades que actúen.

Coordinar esfuerzos

Aunque cualquier iniciativa para reducir los residuos plásticos es bienvenida, los intentos individuales de los países por resolver el problema ponen de relieve que todavía queda camino por recorrer antes de que podamos ver una respuesta internacional coordinada al problema, como ha ocurrido en el pasado con la capa de ozono o actualmente con el cambio climático. Es un punto de inflexión al que todavía no hemos llegado, pero que está a nuestro alcance.

A escala mundial, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU comparten al menos una meta común en materia de reducción de los residuos y protección de los entornos naturales.

Para alcanzar estos objetivos se requieren planes de acción nacionales, sobre todo allí donde más importan. Se calcula que Asia aporta el 80% del plástico que acaba en los océanos, pero los residuos se comercian en todo el mundo y solo China importa alrededor de la mitad de los residuos de plástico del mundo. En China, se espera que la reciente fusión de varios departamentos del gobierno relacionados con el medio ambiente para formar el Ministerio del Entorno Ecológico acelere una serie de nuevas iniciativas en el marco de la Ley de fomento de la economía circular, aprobada hace una década[1].

El Reino Unido, que ha anunciado su intención de poner en marcha un programa de recuperación de botellas de plástico, se ha sumado hace relativamente poco tiempo a estos esfuerzos, ya que varios países del norte de Europa, como Alemania, llevan ya varios años desarrollando programas de estas características. Europa está tomando impulso y esperamos que pronto se lancen iniciativas para combatir la contaminación por plásticos en Francia, España e Italia.

El argumento económico

La dinámica en torno al reciclaje y reutilización del plástico no hará sino reforzarse si los gobiernos de todo el mundo están dispuestos a defender los argumentos económicos de estas acciones. Resulta bastante revelador saber que el 95% de todos los envases de plástico se usa solo una vez, lo que supone entre 80.000 y 120.000 millones de libras anuales que pueden reutilizarse en la economía mundial. El reciclaje también puede tener efectos sociales muy beneficiosos; por ejemplo, en los países donde se ha puesto en marcha un programa de recuperación de plásticos se ha reducido la cantidad de basura arrojada en la vía pública entre un 50% y un 60%. Por último, los costes sanitarios son otro argumento que empieza a tener incidencia. Un estudio realizado por la Universidad Estatal de Nueva York ha descubierto que casi todas las grandes marcas de agua embotellada contenían diminutas partículas de plástico. El informe generó una gran cobertura mediática y ha dado lugar a un estudio de la Organización Mundial de la Salud para evaluar las consecuencias a largo plazo de la ingesta de microplásticos para el cuerpo humano.

Dado que todos estos factores están coincidiendo en el tiempo, probablemente asistamos al fomento del reciclaje y la reutilización del plástico, acompañados de innovaciones encaminadas a su sustitución. Para algunos, esto está sucediendo en el momento justo. Durante los últimos 50 años, la producción de plástico se ha disparado de 15 millones de toneladas en 1964 hasta 311 millones en toneladas en 2014 y se prevé que vuelva a duplicarse durante los próximos 20 años. En el área del reciclaje, empresas como Tomra Systems, una de las posiciones en cartera desde que gestiono el fondo, se presenta como un beneficiario claro de este “despertar” en torno a la lacra de los residuos plásticos. Esta empresa noruega, que es líder mundial en sistemas de recogida automática de envases, cuenta con una cuota de mercado del 75% en sistemas de recogida de botellas en todo el mundo y estamos seguros de que se adjudicará una parte importante del contrato para poner en marcha el sistema de recuperación de botellas en el Reino Unido. Aunque es nueva en el Reino Unido, esta tecnología de recogida automática la consideramos madura: la empresa está registrando actividad vinculada a un “ciclo de renovación” en Alemania, donde está sustituyéndose la primera hornada de máquinas de recogida automática instaladas hace 12-15 años. De cara al futuro, la próxima fase de oportunidades provendrá de la innovación.

 Nuevos innovadores: Sustitución del plástico

 Nuestra experiencia observando la evolución de las temáticas de inversión sostenible nos dice que, a largo plazo, podemos esperar que aumente el número de empresas donde invertir que trabajan para encontrar alternativas al plástico. Actualmente invertimos en Lenzing, una empresa austriaca que originalmente producía papel y pasta de papel y que actualmente se le conoce mejor por Tencel®, su marca de productos textiles fabricados a partir de residuos de madera y restos de algodón y que son una alternativa viable a las fibras artificiales como el nylon y el poliéster. Un factor clave de este material para las cadenas internacionales de moda son sus credenciales medioambientales, sobre todo su menor consumo de agua comparado con los algodones tradicionales. Los estudios que revelan que los productos textiles sintéticos están contribuyendo al problema de los microplásticos en los ecosistemas acuáticos, lo que tiene implicaciones medioambientales y sanitarias, son un ejemplo de confluencia de factores que probablemente eleve las rentabilidades generadas por innovaciones como esta.

Nuestros contactos con actores consolidados y nuevos innovadores en el negocio de los materiales sugieren que la temática de las innovaciones ecológicas puede generar un gran conjunto de oportunidades. Por su versatilidad y su bajo coste, los plásticos se han convertido en un elemento casi omnipresente en la producción y el consumo modernos. Ante eso, una empresa con la que hemos hablado recientemente ha desarrollado una tecnología que permite sellar las bolsitas de té sin polipropileno.

Resumiendo, estamos alcanzando una fase crítica en la contaminación por plásticos en la que todos los elementos están conjugándose para propiciar acciones concertadas contra este problema, lo que tendrá repercusiones positivas para todas las empresas que ofrezcan soluciones en esta área.

 (*) Charlie Thomas es responsable de estrategia del área de Medio Ambiente y Sostenibilidad de Jupiter AM




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