Las plantas fotovoltaicas como herramientas en la conservación de la biodiversidad. Por (*) José Donoso

Imagen de placas fotovoltaicas. EFE/Fermín Cabanillas

El 12 de diciembre del año 2015 se producía un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad, 197 países adoptaban el llamado Acuerdo de París, por el cual se establecía un consenso universal sobre la necesidad de tomar medidas perentorias para frenar el proceso de cambio climático. Este acuerdo respondía, además, a una demanda social extendida a este respecto.

Hay una conciencia generalizada de la necesidad de una exitosa lucha contra el cambio climático. Igual que la hay de que la mayor amenaza contra la biodiversidad es este mismo cambio climático.

El 80 % de las emisiones de los gases que influyen en el cambio climático proviene de la energía. Para frenarlas solo hay dos instrumentos: la eficiencia energética y las energías renovables.

Sin embargo, cuando en nuestro país se está intentando avanzar en este desafío implementando el Plan Nacional de Energía y Clima, comienzan a surgir voces que, supuestamente en nombre de la biodiversidad, cuestionan la solución a la defensa de esta biodiversidad.

Lo curioso es que, probablemente, son los mismos que por otro lado cuestionan los objetivos establecidos considerándolos poco ambiciosos.

Críticas que, en su mayoría, para la energía fotovoltaica, parten de lo que podemos llamar malos entendidos.

El primer gran malentendido es el expandir el concepto de que se va a “alicatar” España de paneles fotovoltaicos o el de que puede afectar a los usos agropecuarios.

Si todos los objetivos de fotovoltaica del PNIEC se cumplieran utilizando terreno calificado como para uso agrario, cosa que no sucederá porque una parte importante de los mismos se va a cumplir con el autoconsumo o la instalación de plantas en eriales, se estaría ocupando solo el 0,25% de ese territorio.

Cuando se usa la cifra de las solicitudes de acceso y conexión para generar alarma, más del doble del objetivo, se olvida que toda esa cantidad todavía tiene que pasar por el tamiz de la aprobación ambiental y posteriormente de la consecución de la financiación correspondiente.

Y en todo caso si se instalara una cifra similar a ella, lo que estaríamos haciendo en términos de biodiversidad sería adelantar el cumplimento de los objetivos, que no olvidemos debe ser la descarbonización total.

La cantidad no debería ser un problema desde el punto de vista de la biodiversidad, lo debería ser la calidad, es decir el que estas plantas se instalen en los lugares adecuados.

Otro malentendido es la utilización de la terminología “macro” para referirse a todas las plantas en suelo, independientemente de la potencia de las mismas.

Olvidándose de que la mayor parte de las instalaciones existentes en España tiene una potencia inferior a 50MW.

Solo nueve plantas superan esta cifra.

Si se construyeran todos los proyectos en curso, sin recortes en su potencia, estaríamos hablando de solo el 19% de la potencia instalada lo habría sido en este tipo de plantas.

Un malentendido asociado es el de presuponer que cuanto mayor es el tamaño de una planta mayor es su impacto negativo con respecto a la biodiversidad.

Una planta o conjunto de plantas pequeñas en lugares inadecuados podría tener un impacto mas negativo que una planta de mayor tamaño en un lugar adecuado. Una vez mas no se trata del “cuanto” sino del “donde “y “como”.

No existen los números mágicos que nos permitan decidir cuál es el tamaño ideal para las pantas. La clave reside en un estudio de impacto ambiental bien elaborado y en una consecuente concienzuda evaluación.

Es posible y necesario hacer que las plantas solares sean no solo un instrumento para la preservación de la biodiversidad por su producción de energía limpia, sino que además pueden contribuir a ello a través de su emplazamiento.

Por ello desde UNEF, hemos elaborado unas recomendaciones para trabajar en este concepto.

Partiendo de la recomendación de no instalar plantas en ninguna zona que goce de algún tipo de protección natural o de Patrimonio cultural, la no utilización de hormigón o productos fitosanitarios, la instalación de redes cinegéticas, nidales, hoteles de insectos y humedales.

La instalación de muros vegetales para impedir el impacto visual, la compatibilización con actividades agropecuarias locales como el pastoreo o la instalación de panales.

Compaginando estas medidas con otras de tipo social como la de actividades de formación local para permitir que los empleos y los servicios que se necesiten se cubran por personas y empresas locales, favoreciendo la integración de colectivos poco representados en nuestro sector como el femenino o los discapacitados.

Es responsabilidad del sector fotovoltaico hacer bien las cosas para asumir su doble responsabilidad con respecto a la sostenibilidad.

José Donoso, director general de UNEF.

Pero también, de los que critican, discernir bien cuando una actividad o planta lo debe ser o no.

Su responsabilidad en el posible retraso de la lucha contra el cambio climático es muy grande.

 

(*) José Donoso es director general de UNEF.

 

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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