El Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama cumple cinco años sin plan de uso y gestión. Por (*) Ana Sabaté Martínez (Equo Sierra)

El Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama (PNSG) fue declarado como tal el 25 de junio de 2013 (Ley 7/2013). Desde entonces, numerosos colectivos han venido reclamando la aprobación del preceptivo Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG), contemplado en la misma Ley del Parque y que ha de ser elaborado por las comunidades autónomas afectadas (Castilla y León y Madrid, en este caso), habiendo previsto tres años para su redacción.

Finalmente, con año y medio de retraso, fue publicado el proyecto de PRUG el 27 de diciembre de 2017 en Castilla y León y Madrid, simultáneamente, abriéndose un plazo de información pública y presentación de alegaciones, que concluyó el pasado 1 de marzo. Un plazo de dos meses, durante los cuales ni la Comunidad de Madrid ni el Patronato del PNSG convocaron reunión alguna para informar sobre los contenidos del plan, ni del plazo y posibilidad de presentar alegaciones. Se repite así una vez más la mínima importancia concedida a los procesos participativos en el proceso de implementación del Parque Nacional.

Ante esta pasividad, EQUO Madrid celebró una Jornada informativa el día 24 de febrero, para compartir con distintas organizaciones y personas expertas puntos de vista y características de las alegaciones que se estaban preparando en ese momento. En dicha jornada se reunieron representantes de muy diversos sectores afectados por una norma tan importante: ecolologismo, ganadería, deporte, patrimonio, ediles locales…,quienes expusieron sus opiniones y alegaciones al proyecto de Plan Rector publicado por la Consejería de Medio Ambiente, Administración Local y Ordenación del Territorio.

El PNSG es un espacio protegido singular dentro de la red de parques nacionales españoles, tanto por su cercanía a un área metropolitana con más de 5 millones de habitantes, como por haber sido históricamente un espacio de profunda transformación por la acción humana, algo a tener muy en cuenta para integrar en la futura gestión los elementos culturales y patrimoniales derivados de esa impronta.

El PRUG apenas plantea soluciones al principal problema de este espacio protegido, que es la masificación de todo tipo (elevado número de automóviles, bicicletas, senderistas que acceden de forma habitual y periódica), ya que en 2016 recibió nada menos que 2,5 millones de visitantes. Teniendo en cuenta que gran parte de las 33.960 hectáreas (algo menos de 22.000 en territorio madrileño) no son accesibles fácilmente para el público, comprenderemos que la concentración de visitantes en unas pocas zonas es impresionante. Además, el proyecto sigue dando máxima importancia al desarrollo turístico, dejando la prestación de servicios en manos del sector privado.

Por el contrario, el texto concede muy poca importancia a proteger y potenciar las actividades tradicionales de la zona, que con su gestión sostenible son en gran medida responsables de la herencia de un espacio natural de altísimos valores naturales y paisajísticos (ganadería extensiva, explotación tradicional del bosque…). Ínfima importancia otorga también a los valores culturales (patrimonio material e inmaterial, puesta en valor de la aportación de los primeros guadarramistas, reconocimiento y protección de espacios afectados por la memoria histórica, oficios y saberes tradicionales, gestión comunitaria del territorio, toponimia…).

Otro aspecto a destacar es el presupuesto de 78 millones en 10 años, una cifra irrelevante, que hace imposible realizar las transformaciones planteadas en el propio PRUG, cuya redacción tiene un enfoque prohibitivo y no propositivo, con escasa información a la ciudadanía acerca de las razones de tales prohibiciones.

Algunas propuestas del PRUG dan paso a una visión más optimista, como son la formación y sensibilización de la población local en temas relacionados con el Parque, así como del personal de las corporaciones municipales de su Área de Influencia Socioeconómica; la importancia concedida a la investigación o la incorporación del conocimiento del Parque a los curricula escolares de los colegios situados en la mencionada área. Sin embargo, la falta de concreción y sobre todo, de presupuesto, pueden determinar la escasa repercusión de estas medidas.

Equo Madrid presentó alegaciones al PRUG en las que se reclamaba una gestión que fomente el desarrollo sostenible de los municipios afectados, facilitando formación y ayudas a la población local para el desarrollo de actividades económicas que permitan una gestión integrada del territorio del parque y su zona de influencia, potenciando en especial las actividades tradicionales. En este sentido se opone a restringir arbitrariamente la ganadería extensiva al tratarse de una actividad que ha garantizado tradicionalmente un uso racional de los recursos y del territorio.

Igualmente, se propuso concentrar la oferta de servicios en los núcleos habitados de la periferia del parque (Área de Influencia Socioeconómica), para limitar el impacto del acceso de visitantes y regular la entrada masiva de vehículos particulares, ofreciendo alternativas de transporte colectivo, que deberán funcionar con motores eléctricos recargables. Ello, además, comportaría oportunidades de empleo en dichas localidades.

Para la formación verde, hay otros muchos aspectos esenciales para garantizar la conservación de este entorno como la necesidad de adoptar medidas para evitar incendios, la elaboración de un catálogo de senderos, eliminar la contaminación lumínica, una gestión adecuada de la caza o la valoración del patrimonio material e inmaterial.

La aprobación de un PRUG que establezca una protección compatible con los usos tradicionales y el desarrollo económico sería la mejor forma de celebrar este quinto aniversario del Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama, el segundo más visitado de España.

* Ana Sabaté Martínez es Coordinadora de Equo Sierra

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