París debe quitar el ´clima´ de la “`ayuda climática´. Por Bjorn Lomborg*, desde París

Una manifestante contra el cambio climático muestra un cartel en una protesta en Los Ángeles (California).

Tribuna de Bjorn Lomborg  para #CDO (Creadores de Opinión Verde) en la blogosfera de @efeverde con ocasión de la COP21 de París.

Por Bjorn Lomborg*, desde París.-  Un tema sobre el que estamos escuchando más y más aquí en París es sobre la llamada “ayuda climática”. Ha habido un enorme empujón de ONGs del clima para convencer a los países ricos de gastar una fortuna en ayuda a los países pobres, para que estos puedan adaptarse al calentamiento global. Este término es un cajón de sastre de dinero que los países ricos brindan a los países pobres para la educación sobre calentamiento global, paneles solares, adaptación, o cualquier cosa imaginable que se pueda relacionar con el calentamiento global.

El impulso ya ha tenido un efecto. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha analizado alrededor del 70% de la ayuda total al desarrollo mundial y encontró que uno de cada cuatro de esos dólares ahora se desvía a la ayuda relacionada con el clima.

Para muchos delegados presentes aquí, el objetivo es que la cantidad gastada internacionalmente en ayuda climática ascienda hasta unos sorprendentes 94 mil millones de euros al año. Esta cifra resultó de la malograda cumbre climática de Copenhague hace seis años, cuando los países desarrollados hicieron una promesa imprudente de gastar ese dinero en “la financiación del clima” para los pobres del mundo hacia 2020.

Rachel Kyte, vicepresidente del Banco Mundial, y enviada especial para el cambio climático, dijo recientemente al diario The Guardian que la cifra 94 mil millones de euros“fue escogida al azar en Copenhague” para rescatar un acuerdo de último momento. Sin embargo, en la forma en que estas cosas suelen suceder, logar esa meta arbitraria se ha convertido en fundamental para el éxito de la cumbre de París.

Estoy profundamente perturbado por este desarrollo – y por el enfoque dado en París basado en negociar un acuerdo que se construye en torno a la ayuda climática.

Mucho de este dinero para “ayuda climática” no es nuevo. No se extrae de los presupuestos existentes para cambio climático. En lugar de ello, está siendo extraído de los fondos de ayuda y de desarrollo existentes. El dinero se está desviando a las cuestiones relacionadas con el clima en detrimento de mejoras en la salud pública, la educación y el desarrollo económico.

En un mundo en el que la desnutrición sigue cobrándose al menos 1,4 millones de vidas de niños cada año, 1200 millones de personas viven en la pobreza extrema, y 2600 millones carecen de agua potable y saneamiento, este creciente énfasis en ayuda climática es simplemente inmoral.

Proporcionar a los países más desfavorecidos del mundo paneles solares en lugar de una mejor atención a la salud o educación, es una auto-complacencia imperdonable. Las fuentes de energía verde pueden ser buenas para mantener prendida una única luz o para cargar un teléfono celular. Pero son en gran medida inútiles para hacer frente a los principales retos energéticos que demandan los pobres del mundo.

La ayuda climática es una de las formas menos efectivas de ayudar a los más desfavorecidos. Las reducciones de carbono del Protocolo de Kioto habrían evitado 1.400 muertes por malaria por unos 170 mil millones de euros al año. Apenas casi medio millón de euros gastados en políticas directas contra la malaria, como mosquiteros, podrían salvar 300.000 vidas. La inversión directa en investigación agrícola y mejores tecnologías agrícolas ayudará a la agricultura mucho, mucho más que las políticas climáticas. Ayudar a la gente a salir de la pobreza es miles de veces más eficaz que depender de las reducciones de carbono.

4-imageLa ayuda climática no es la mayor ayuda que pueden dar los países ricos, y no es lo que quieren o necesitan los más pobres del mundo. 

(*) Bjorn Lomborg es director del Copenhagen Consensus Center y autor de los best seller “El ecologista escéptico” y “Cool It”. Considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por la revista Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian, del Reino Unido. 

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