Ahora es nuestra oportunidad de acelerar la transición. Por (*) Eoin Murray

No debería haber hecho falta la invasión ilegal de una nación democrática y soberana, con todos los horrores que estamos viendo en Ucrania, para que el mundo se despierte y se dé cuenta de que tenemos que ir más lejos y más rápido en la transición hacia el net zero. Sin embargo, aquí estamos.

En Occidente, sobre todo en Europa, la mayoría de los países están reexaminando su combinación energética y poniendo por fin en marcha planes largamente esperados para abordar el problema de cómo garantizar un suministro de energía estable y seguro, al tiempo que se abandonan los combustibles fósiles y se opta por las energías renovables.

En Alemania, el mayor importador europeo de gas ruso, la coalición en el poder ha adelantado su compromiso con la energía renovable y planea construir terminales de importación de gas natural licuado con niveles mínimos obligatorios de almacenamiento de gas.

En Reino Unido, la reciente estrategia energética del Gobierno intenta alcanzar parte de este equilibrio aumentando la capacidad nuclear y desarrollando al mismo tiempo la producción de hidrógeno ecológico. Esto incluye planes para aumentar la extracción de petróleo y gas a corto plazo en el Mar del Norte, al tiempo que pretende invertir en una mayor eficiencia energética en los hogares para reducir la demanda de gas.

Podemos debatir si estos planes van lo suficientemente lejos, lo suficientemente rápido, y si constituyen la combinación energética adecuada, pero parece que las palabras se están convirtiendo, por fin, en hechos.

Se nos ha dado una segunda oportunidad para reflexionar sobre cómo podría ser un sistema energético resistente y sostenible, aunque las preocupaciones por la seguridad del suministro nos lleven a conclusiones sorprendentes como la de potenciar las capacidades de almacenamiento de petróleo y gas a corto plazo.

Mientras que antes se hablaba de la transición energética en términos de décadas, ahora hay una nueva urgencia en juego.

La UE ha anunciado un plan para acelerar la transición a las energías limpias, al que se ha adherido Estados Unidos.

El resultado es que las importaciones de gas natural de Rusia a la UE se reducirán hasta un 65% para finales de este año.

Por otra parte, California ha acelerado su objetivo de energías renovables. La subasta de contratos de energía eólica marina en las costas de Nueva Jersey y Nueva York recibió ofertas récord por valor de 4.400 millones de dólares.

En cambio, una reciente venta de derechos de perforación petrolífera en el Golfo de México atrajo menos de 200 millones de dólares.

China también ha aumentado su ambición de aumentar la producción de energía solar, eólica e hidroeléctrica, así como el almacenamiento de baterías e hidroelectricidad por bombeo.

Impulso para el cambio

Los inversores también sienten este impulso. Dadas las pérdidas financieras sufridas por gran parte del sector y los inversores finales por su exposición al petróleo y el gas rusos, nunca como ahora hemos tenido tanto interés económico en enfrentarnos a los defensores del statu quo y presionar a los Gobiernos para que realicen cambios urgentes que creen el contexto adecuado para un futuro sostenible.

La invasión de Putin ha empujado a los gestores de activos a pensar en las energías renovables como representantes de la «energía de la libertad», poniéndonos a todos de acuerdo sobre el camino a seguir.

Ha quedado claro que los combustibles fósiles, promocionados durante mucho tiempo como fuentes de energía fiables y seguras, pueden ser todo lo contrario.

Si la guerra nos ha enseñado algo, es que están a merced de interrupciones imprevisibles. Las catástrofes climáticas, ya evidentes en muchos lugares del mundo, han demostrado ser insuficientes para apartarnos del consumo de combustibles fósiles.

La preocupación por la seguridad energética nacional ha resultado ser la fuerza movilizadora necesaria.

A medio plazo, esperamos que se aceleren las inversiones energéticas en favor de la transición, dado su creciente vínculo con la seguridad nacional. Las inversiones centradas en la eficiencia energética podrían beneficiarse de los altos precios de la energía, ya que éstos impulsan la reinversión en el sector.

Los inversores se verán obligados a considerar fuentes de suministro alternativas, para evitar la dependencia de actores estatales indeseables.

Al reflexionar sobre la vulnerabilidad de las tecnologías individuales a los minerales de alto riesgo -el almacenamiento, la energía nuclear y la eólica parecen los más amenazados-, esto puede crear un espacio para que surjan más alternativas.

Puede que ahora estemos por fin al borde de una descarbonización generalizada que vaya mucho más allá de la adopción de vehículos eléctricos y la sustitución de combustibles fósiles por renovables.

Incluso los sectores más reacios a la adaptación no van a seguir así, como la producción de metales industriales, productos químicos, fertilizantes y el transporte pesado y de larga distancia.

En muchos ámbitos, los Gobiernos y el sector privado tendrán que trabajar juntos para lograr una transición justa hacia un mundo más resistente y sostenible.

No debemos dejar pasar este impulso de cambio.

 

(*) Eoin Murray es director de Inversiones de Federated Hermes Limited.

 

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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