Objetivo de 1.5 grados: triunfo del simbolismo sobre la esencia *Por Bjorn Lomborg, desde París

Aportada por Lomborg para su post en cdo de @efeverde

La conferencia COP21 se trata de simbolismos: gastar mucho dinero para sentirse bien, pero hacer muy poco. Esta semana el cinismo alcanzó nuevas alturas, cuando Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, firmó una declaración liderada por las Filipinas y otros gobiernos que indica que las temperaturas …

La conferencia COP21 se trata de simbolismos: gastar mucho dinero para sentirse bien, pero hacer muy poco.

Esta semana el cinismo alcanzó nuevas alturas, cuando Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, firmó una declaración liderada por las Filipinas y otros gobiernos que indica que las temperaturas deben limitarse a un aumento de 1,5 grados centígrados, en lugar del objetivo de 2 grados Celsius del que muchos habían estado hablando. Los anfitriones franceses apoyaron la idea y los activistas declararon que mantener las temperaturas por debajo de 1.5° C era de hecho lo “moralmente correcto” para hacer.

El cinismo de todos los involucrados es impresionante. Con una meta ya imposible de alcanzar sobre la mesa de negociaciones, la cabeza del organismo sobre clima de  Naciones Unidas y muchos otros que también sobre el tema, están pretendiendo creer que el mundo debe perseguir un objetivo aún más inverosímil.

El objetivo de 2 °C se ha convertido en una piedra angular para los activistas climáticos, hasta el punto que muchas personas creen que es una especie de punto de inflexión identificado por los científicos, más allá del cual el planeta se desploma en una bola de fuego.

Parece tener su origen en un documento William Nordhaus, de 1977, en el que el economista argumentó que un aumento de dos grados pondría al clima fuera del rango de la temperatura de la Tierra a lo largo de varios cientos de miles de años.Desde entonces, eso ha sido impulsado por una agenda política, no por un análisis científico.

El economista climático Richard Tol analizó el objetivo en 2007, en la revista Energy. “En resumen,” escribió, “los documentos oficiales que justifican un calentamiento de 2°C como política climática a largo plazo tiene graves deficiencias. Los métodos son inadecuados, los razonamientos descuidados, las citas selectivas, y la argumentación en general es más bien ligera. Esto no es suficiente para gobiernos responsables, que responden ante el pueblo, al decidir sobre una cuestión importante”.

El problema fundamental con la meta de dos grados, sin embargo no es que sea arbitraria y política. Es que alcanzarla es imposible. La mayoría de los modelos económicos muestran esto, y la mayoría de las personas comprometidas con la ciencia del clima lo entienden.

El profesor David Victor, de la Universidad de California en San Diego y el Profesor Charles Kennel del Instituto Scripps de Oceanografía, escribieron recientemente en la revista Nature que las pocas simulaciones económicas que muestran que los aumentos limitados a 2 grados C podrían ser posibles “hacen suposiciones heroicas – tales como una cooperación mundial casi inmediata y amplia disponibilidad de tecnologías como métodos de captura y almacenamiento de carbono bioenergéticos que no existen aún en demostración a escala”.

Los profesores Víctor y Kennel argumentaron que en lugar de perseguir una figura de aumento de temperatura arbitraria, debemos realizar un seguimiento de una serie de “signos vitales” planetarios. Esto tiene sentido.

Difícilmente sea necesario explicar que si 2 grados centígrados es imposible, un límite aún más estricto es también imposible.

Los efectos de las promesas climáticas de París en las temperaturas   para 2016-2030, serán de un aumento de solo 0,05 °C menor de lo que hubieran alcanzado en 2100. El costo para el tratado climático de París de lograr precisamente eso, es por lo menos de 1 billón de euros al año para el 2030; incluso tratar de abrazar una meta de 1.5 °C sería desastrosamente caro.

 

(*) Bjorn Lomborg es director del Copenhagen Consensus Center y autor de los best seller El ecologista escéptico y Cool It. Considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por la revista Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian, del Reino Unido. 




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