Nos quedan 12 años. Por (*) Florent Marcellesi y Juantxo López de Uralde

Nos quedan 12 años. Por (*) Florent Marcellesi y Juantxo López de Uralde

12 años. Según el comité científico de Naciones Unidas, nos quedan 12 años. 12 años para evitar lo peor: que el calentamiento global no supere los 1.5ºC. 12 años para evitar que el sur de España se convierta en un desierto de aquí a finales de este siglo y que los migrantes climáticos de las próximas décadas en Europa sean las y los españoles.

Pero también 12 años para aprovechar las oportunidades inauditas que implicaría limitar el calentamiento con un modelo limpio y responsable: millones de puestos de trabajo en sectores sostenibles y millones de muertes menos por olas de calor y contaminación del aire. En definitiva, 12 años para actuar. Pero, para llegar a tiempo, los científicos son muy claros: se necesita más rapidez y más ambición.

Y es exactamente lo que ha faltado en la cumbre climática de COP24 de diciembre de 2019: ambición. Después del grito de alarma de los científicos de la ONU, se esperaba que los gobiernos establecieran mayores compromisos alineados con limitar el calentamiento global por debajo de 1.5C. Sin embargo, esto no ha ocurrido.

Primero, porque la extrema derechización de la geopolítica climática con EEUU y Brasil bloquea la gobernanza y ambición climática. El trumpismo climático, basado en las fake news climáticas, el negacionismo climático y la oposición al multilateralismo, ha hecho mucho daño al Acuerdo de París. Aliado con las tradicionales potencias petroleras como Rusia y Arabia Saudí, han impedido que se viera reflejada en la decisión final de COP24 una referencia ambiciosa a la altura de los últimos datos científicos disponibles. Como dijo el presidente de Maldivas: con la ciencia no se juega. Al menos, no se debería. Ya es una cuestión de supervivencia para muchos Estados. Por cierto que esta corriente ha encontrado en Vox su vocero en España.

Por otro lado, la Unión Europea tiene su parte de responsabilidad por la debilidad del resultado de la COP24. Frente al trumpismo climático, la UE es la única que podría marcar el camino. Lamentablemente, si bien España ha jugado un papel positivo en esta cumbre climática, la mayoría de los gobiernos europeos -empezando por la presidencia polaca de la COP24 y la presidencia austriaca de la UE- no han mostrado la suficiente ambición y unidad. La UE tiene que liderar. Si no, ¿quién lo hará?

¿Ha sido COP24 un fracaso entonces? No. Es una gran decepción por la falta de ambición pero, al mismo tiempo, casi por milagro o gracias a la intervención de los diplomáticos de la ONU, no ha descarrillado el Acuerdo de París. Se ha aprobado in extremis un libro de reglas que fija los procedimientos básicos para poner en marcha el Acuerdo a partir de su entrada en vigor en 2020. Con buenas herramientas sobre transparencia y mecanismos de revisión, aunque con los mercados de carbono por cerrar todavía, permite salvar los muebles. En medio del temporal geopolítico adverso, el Acuerdo de París sigue a flote.

Ahora bien: el libro de reglas no es suficiente. Y los próximos meses serán fundamentales para hablar de lo crucial: la ambición. A petición del secretario general de Naciones Unidas, Antonio Gutierres y antes de llegar a la COP25 prevista en Chile, los países tendrán una nueva ocasión de adecuar sus objetivos a la realidad científica en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre del 2019.

Por su parte, la UE ya no puede esconderse detrás de una vaga estrategia a largo plazo. Es urgente que revise al alza su objetivo de reducción de emisiones hasta al menos un 55% de aquí a 2030, tal y como lo pide el Parlamento Europeo. Y España puede seguir jugando un papel positivo y de liderazgo tanto dentro de la UE como en el proceso internacional climático. Para ello, lo primero es aprobar una ley de cambio climático ambiciosa, tanto a nivel de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero como a nivel de transversalidad de su acción en energía, agricultura e industria.

La península ibérica es el territorio europeo donde el cambio climático está impactando en mayor medida. Aquí el aumento de 1,5º C ya se ha producido. Por fin la ciudadanía demanda mayoritariamente acción contra el cambio climático. Según el último CIS el 88% de los españoles reclama más acción a los partidos políticos para defender el clima. Por eso no podemos fallar, y es imprescindible que esa acción política se concrete en medidas legislativas concretas que deriven en un cambio de modelo energético hacia un sistema basado al 100% en las energías renovables.

Y para conseguir mayor ambición en política, también necesitamos poner en el centro de las prioridades ciudadanas y del ciclo electoral de 2019 el cambio climático. Recordando una realidad cada vez más obvia: lo ecológico y lo social son dos caras de la misma moneda. Ya sea en el Pacífico o en Europa, los colectivos más impactados por el calentamiento global y el cambio de modelo energético son los que más acompañamiento social necesitan. Tras la COP24 en una cuenca minera y con la sombra de los chalecos amarillos, también queda claro que no habrá transición ecológica sin transición justa.

(*) Florent Marcellesi es eurodiputado de EQUO en el grupo Verdes/ALE

(*) Juantxo López de Uralde es diputado de EQUO en el grupo Unidos Podemos




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