El supermercado y la movilidad sostenible y saludable. Por (*) María Martínez-Herrera

Las ciudades han pasado de ser espacios pensados para la circulación de coches a ser concebidas como lugares en los que la movilidad de peatones y vehículos sea compatible y, además, sostenible medioambientalmente. Esta idea incluye la convivencia entre unos y otros en un entorno de aire limpio y de espacios suficientes y seguros para todos.

Movilidad saludable

Para alcanzar esta movilidad sostenible, una de las medidas más visibles son las llamadas ZBE (Zonas de Bajas Emisiones), que serán obligatorias en las ciudades de más de 50.000 habitantes en 2023, y que deben verse complementadas por otras que tienen que ver con el reparto eficaz y sostenible de mercancías.

La colaboración de los sectores público y privado en este aspecto es fundamental para llegar a puntos de equilibro entre las diferentes necesidades que sean beneficiosos para todos.

En pleno análisis de la adecuación de espacios en las nuevas ciudades, estamos avanzando ya hacia una nueva idea: la movilidad saludable.

Si consideramos que, según Naciones Unidas, en el año 2050 casi siete de cada diez personas vivirán en zonas urbanas, podemos fácilmente deducir la importancia de integrar la movilidad en los hábitos de vida de las personas.

Profundizando en este concepto, cabe también preguntarse cómo los diferentes modelos de producción y consumo pueden contribuir a facilitar que los ciudadanos asuman este nuevo reto de la movilidad saludable.

Supermercado de proximidad

Durante el pasado año, como consecuencia de la pandemia, las ventajas del supermercado de proximidad se han hecho muy visibles, al facilitar el acceso a productos de primera necesidad muy cerca de las casas de los ciudadanos.

Detrás de esta reciente visibilidad, hay cifras que nos hablan de un ejemplo de éxito que, en el plano puramente medioambiental, relaciona supermercados y movilidad sostenible y saludable.

Un reciente estudio del Institut Cerdà llamado “Supermercados y proximidad comercial en la movilidad sostenible”, concluye que el 89,7 por ciento de los clientes de los supermercados acuden a las tiendas a pie o en bicicleta, es decir, realizan sus actos cotidianos de compra de productos de alimentación y gran consumo con cero emisiones en lo referente al desplazamiento.

Pero, la mejor noticia es que se trata de una cifra que, en la última década, ha crecido en diez puntos.

Así, se calcula que, frente a un modelo en el que el cien por cien de los clientes se desplazasen en vehículo privado, mediante este modelo de compra de proximidad se obtienen unas reducciones de emisiones de entre el 62% de PM2,5 (partículas en suspensión de menos de 2,5 micras) y del 90% de CO (Monoxido de Carbono), entre otras.

La localización y la dimensión del formato supermercado también condiciona el modo de acceso de los trabajadores a sus puestos de trabajo.

Aquí, la movilidad sostenible y saludable (a pie, en bicicleta y en transporte público) vence al vehículo privado, ya que más del 73 por ciento de los empleados de las tiendas acuden a sus puestos de trabajo por otros medios.

Los efectos beneficios de estas acciones de los ciudadanos que acuden a pie o en bicicleta a hacer sus compras diarias o a trabajar son una mejora en la calidad del aire, en la descongestión del tráfico en las ciudades y en la difusión de hábitos de vida saludables a través de una movilidad activa en los entornos urbanos.

Distribución alimentaria

Para entender este fenómeno, es necesario saber que el modelo de distribución alimentaria que tenemos en España presenta una gran capilaridad, con una alta densidad de tiendas de proximidad en áreas urbanas, y capacidad de ofrecer al consumidor un surtido completo junto a los hogares de los consumidores.

Pero la capacidad de cubrir las necesidades de alimentación e higiene en un solo acto de compra presenta el reto de llevar dicho surtido a las tiendas situadas en los centros de los pueblos y ciudades.

En lo que llamamos la “última milla” y es preciso, también, tener en cuenta el factor medioambiental. Según el estudio del Institut Cerdà, entre las circunstancias que influyen en el reparto de mercancías de las plataformas logísticas a las tiendas, el tamaño de los camiones es importante.

Los supermercados utilizan vehículos de gran tonelaje para abastecer a un gran número de tiendas, lo hacen en horarios regulados y un cambio hacia vehículos más pequeños (10Tn de PMA –Peso Máximo Autorizado-) supondría un incremento de las emisiones para todos los contaminantes estudiados superior al 55%.

Comercio electrónico

Finalmente, en lo que se refiere al comercio electrónico, el análisis realizado por el Institut Cerdà pone en valor que el reparto realizado por las empresas de distribución alimentaria, que es lo que se llama un “reparto dedicado” tiene menor impacto que el desplazamiento de vehículos privados ya que se optimizan rutas al llevar varios pedidos y los vehículos son más eficientes con mayores índices de eficiencia energética; aunque, aun así, no se supera a la eficiencia de ir andando a hacer la compra.

El comercio electrónico de alimentario merecería, en todo caso, un capítulo aparte en esta reflexión, ya que afronta por sí solo de los mismos retos que el resto de la distribución, pero de manera diferente: deberá alcanzar la triple sostenibilidad -económica, social y medioambiental- como, afortunadamente, hoy lo hace el comercio de proximidad.

Todo un desafío.

(*) María Martínez-Herrera es responsable medioambiente ASEDAS

 

 

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

Otras tribunas de Creadores de Opinión Verde (#CDO)




Secciones: