Mi hermano mayor. El árbol, por Ghaleb Jaber Ibrahim

Arboles. Otoño en Benamira. Foto: Arturo Larena

Autor: Ghaleb Jaber Ibrahim, Presidente de la Fundación Araguaney-Puente de Culturas.Cuando Adán y Eva tuvieron aquel encuentro señalado, el árbol ya estaba allí. Un árbol del que podemos tomar sus frutos, usar sus maderas, contemplar sus flores y refugiarnos en su sombra. El árbol es nuestro amigo, ese que nunca se va de la lengua y ese que pocas veces se ha quejado. Y precisamente estoy aquí para deciros algo más sobre el que es nuestro hermano mayor, el árbol.

El árbol tiene raíces, de cuya calidad y arraigo dependen su vida y la calidad de su tronco. De la buena orientación de esas raíces saldrá un tronco robusto, mientras que, de lo contrario, saldrá un árbol defectuoso.

Cuando el tronco es defectuoso, si no se actúa a tiempo nunca podremos corregir sus fallos o debilidades. De lo contrario, si las raíces trabajan bien, el tronco también estará sano. Con esto quiero decir que disponemos de un tiempo limitado para actuar. Sólo al principio, cuando el árbol aún no ha madurado, aún no se ha formado, ni ha crecido, podremos cambiarlo. Después, será tarde. Puesto que en el tronco se van grabando lo bueno y lo malo, la edad y la enfermedad… Y no habrá vuelta atrás.

A continuación vienen las ramas, las hojas, las flores y los frutos. Esto es lo que se llama evolución natural. Todo comienza con las raíces, continúa con el tronco, al cual le siguen las ramas, las hojas, las flores y los frutos… Todo saldrá bien si desde el principio procuramos darle el cuidado y el esmero adecuados. Por lo tanto, es importante tener en cuenta la tierra en la que se sustentará el árbol y el agua con la que regaremos a nuestro hermano mayor.

Foto Benito Pordos para EFEverde

Foto Benito Pordos para EFEverde

Hay muchos tipos de árboles, cada uno de los cuales crecen en un hábitat diferente adaptándose a las condiciones de la tierra que los ve nacer. Pero para todos ellos lo importante es el equilibrio. Y eso lo apreciamos en lo que cada uno de ellos nos aporta a lo largo de su vida, mientras lo cuidemos.

Si aprendemos a cuidar del árbol, él podrá aportarnos el mejor oxígeno, los mejores frutos y las mejores flores. Y con todo ello quiero deciros que si no cuidamos nuestras raíces y valores familiares en la infancia, tendremos problemas en el tronco, tendremos problemas en las relaciones con nuestros hijos y, como resultado, no obtendremos frutos, como es de esperar.

El hombre y el árbol, el árbol y el hombre… Desde el principio de los tiempos están juntos en la naturaleza. El menor debe aprender del mayor, como éste debe proteger al menor, siempre que éste se lo permita.

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