Las mujeres, la Tierra. De la protección al respeto. Por (*) Asunción Ruiz

Las mujeres, la Tierra. De la protección al respeto. Por (*) Asunción Ruiz

Las mujeres, la Tierra. De la protección al respeto. Por (*) Asunción Ruiz

Tribuna de Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/Birdlife con ocasión del 8M en la que reivindica el papel de la mujer en el movimiento conservacionista

No reparo en ti, no te veo siquiera. Desde luego, no te valoro. La parte que necesite usar de ti, la protegeré. Para poder seguir usándote como a mí me parezca.

Ese ha sido el mensaje

Ser objeto de posesión iguala a las mujeres y a la Tierra. No ser vistas, no ser valoradas, son los presupuestos, también comunes, de esa posesión que se ejerce sobre nosotras.

El ecólogo Aldo Leopold escribió: “Abusamos de la Tierra porque consideramos que nos pertenece. Si abandonamos la sensación de dominio y posesión, puede que podamos relacionarnos con ella con amor y respeto”.

Esta reflexión podría aplicarse a las mujeres. Los hombres que abusan de nosotras y el sistema que los justifica y, a menudo, los ampara, actúan del modo que lo hacen porque consideran que les pertenecemos. Y no es esta la única realidad que iguala la condición de la Tierra y la de las mujeres. También nos igualan los erróneos intentos de remediar la injusticia de la posesión a través de la protección.

Con frecuencia, los discursos, las representaciones y los significados sociales colocan a las mujeres y a la Tierra en un estado de vulnerabilidad, enfermedad e inestabilidad. Este estado, exige la “protección” de ambas ante su debilidad. Y además, donde no llega la “protección”, permite, tácita o expresamente, su saqueo, porque frente a la agresión no se espera sino pasividad. Esta es la base del sistema patriarcal y depredador que se presenta como el principal responsable de la crisis socioecológica.

La gran Vandana Shiva ha señalado en varias de sus obras que el dominio del hombre sobre la naturaleza y la mujer “se hace posible a partir de la consideración de ambas como «el otro, lo otro». A ese otro se le representa como externo al hombre, con características inferiores, expropiables y moldeables. Algo o alguien que necesita una intervención para ser completado.

Nosotras, desde el 8 de marzo de 2018 hemos marcado un punto y aparte en la reivindicación feminista. En diversas manifestaciones y posicionamientos, las mujeres del mundo hemos reclamado salir de la invisibilidad, ser reconocidas con todo nuestro valor y nuestra fuerza. No había en ese estallido ni una sombra de solicitud de protección.

Exigimos, de mil formas, respeto.

La Tierra también. Pero las tareas sobre la preservación de la vida en el planeta parecen bloqueadas. Las cumbres internacionales y las políticas ambientales han llegado a un punto de inoperatividad. Lo demuestra la impaciencia de los movimientos juveniles, casi infantiles, que en los últimos meses están apareciendo en diversos países. De los discursos en Naciones Unidas de la quinceañera sueca Greta Thunberg a los manifiestos de las jóvenes polinesias, se desprende una exigencia de respeto. Respeto a los ciclos naturales, respeto a la conservación de las especies.

Es tarde para la protección y no ha funcionado. Ni para nosotras ni para la Tierra.

Míranos. La llamada “ética del cuidado” ha puesto de manifiesto que las aportaciones de las mujeres al mantenimiento de la vida han ido mucho más allá del espacio doméstico. En muchos lugares del mundo a lo largo de la historia, parte de la producción para la subsistencia ha dependido de nosotras. Nos hemos ocupado de mantener la productividad en los terrenos comunales, hemos organizado la vida comunitaria y los sistemas de protección social y hemos defendido nuestra tierra y la supervivencia de nuestras familias y comunidades.

Valóranos. Las mujeres hemos tenido y tenemos un papel protagonista en movimientos de defensa del territorio, en luchas pacifistas, en movimientos de barrio. Cuando los recursos naturales se han degradado o se han visto amenazados, las mujeres nos hemos organizado en su defensa. La conservación de las semillas, las luchas como consumidoras, la protección de los bosques y los océanos, las protestas ante la violencia y ante la guerra, han sido nuestros conflictos, batallas libradas en beneficio de todos. Las experiencias diversas de mujeres en defensa de la salud, la supervivencia y el territorio, han demostrado la solidez de los vínculos entre las mujeres y la Tierra, entre el feminismo y el ecologismo.

Esos vínculos nos recuerdan que el concepto central de la ética del cuidado es la responsabilidad. La responsabilidad y la solidaridad han de ser un deber ético para el conjunto de la sociedad. Además, son un antídoto para la violencia: es difícil destruir lo que uno mismo ha cuidado. Pero mientras fragua esa “ética del cuidado”, que llevará tiempo, tenemos prisa. Nosotras y la Tierra. Y exigimos respeto.

Reparo en ti. Te veo. Te valoro. Te respeto

Ese debe ser el mensaje

Por Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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