La madre de todas las reformas. #VideoblogAmbiental de @ValentinCarrera

¿Os imagináis una reforma fiscal ecológica, que penalice a los contaminadores y contaminantes y prime las energías limpias y el ahorro energético? ¿Os imagináis una reforma de la movilidad en profundidad ―París 15 minutos― que transforme nuestras ciudades atorrantes e irrespirables en espacios sanos?

 

Valentín Carrera

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, escribió Monterroso en el relato más breve y quizás más citado de la historia de la literatura.

Nuestro dinosaurio político es un monstruo de muchas cabezas viejunas y anticuadas, incluida la famosa monarquía. Si repasamos mentalmente, veremos que todas las reformas anunciadas en España en los últimos treinta años siguen pendientes, empezando por la reforma de la Constitución, tantas veces invocada, aplazada, bloqueada o inmovilizada.

Está pendiente desde el tiempo de los romanos, la reforma fiscal, que los partidos invocan en sus programas una elección tras otra. Por supuesto, está pendiente la reforma local: la reorganización del territorio y sus administraciones superpuestas, múltiples, concurrentes.

Arrastramos como asignatura pendiente la reforma educativa y la reforma agraria, atascada desde la Segunda República; por no hablar de la reforma laboral, la reforma del sistema de pensiones, la reforma de la ley electoral o del código penal, y unas cuantas más. Como he dicho, el Estado dinosaurio es un monstruo de cien cabezas obsoletas: después de 40 años de democracia, está todo por hacer.

Y ahora la pandemia de COVID nos sitúa ante una reforma sanitaria urgente; ante una reforma de las residencias de la tercera edad inaplazable; ante una reforma profunda de la investigación científica; y, en fin, ante una reforma de la convivencia que abre en canal nuestras vidas y costumbres: abrazos, proximidad, consumo, trabajo, higiene, colegios…

Ha tenido que venir una epidemia mortal para que las autoridades se tomen en serio (ya veremos) una ratio de 15 escolares por aula en vez de 30; para que aumenten los fondos de investigación o se contraten más profesoras y más médicas.

Pero esa pandemia ―que cuestiona nuestro estilo de vida, nuestro modelo de desarrollo y consumo, y nuestra cultura del exceso―, confirma que la verdadera reforma urgente, necesaria, indispensable, inaplazable, es la reforma ecológica, la madre de todas las reformas, que debe inspirar todas las demás reformas pendientes.

¿Os imagináis una reforma fiscal ecológica, que penalice a los contaminadores y contaminantes y prime las energías limpias y el ahorro energético? ¿Os imagináis una reforma de la movilidad en profundidad ―París 15 minutos― que transforme nuestras ciudades atorrantes e irrespirables en espacios sanos?

Y así la educación, la sanidad, la alimentación, el transporte, el consumo, los plásticos: debemos reformar ecológicamente todo aquello que hacemos mal. Más que una transición ecológica, necesitamos cien reformas del dinosaurio con un denominador común: una revolución ecológica.

La primavera avanza.

Horizonte Antártida

Lo pequeño es hermoso

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