La importancia de proteger los fondos marinos del Delta del Ebro. Por (*) Lydia Chaparro (Fundación ENT)

Hace unos meses el Gobierno español aprobó una serie de vedas temporales y permanentes en el marco del Plan plurianual para la pesca demersal en el Mediterráneo con el objetivo de contribuir significativamente a la recuperación de las principales especies pesqueras demersales del Mediterráneo, tales como la merluza o la cigala, cuyas poblaciones están altamente sobreexplotadas en el Mediterráneo.

Sin embargo, desde un punto de vista científico y de gestión, la propuesta de vedas aprobada por el Gobierno resulta ser insuficiente. Si se pretende recuperar el ecosistema marino y mejorar el estado de las poblaciones de peces se deberían establecer áreas de veda de mayor tamaño y estar ubicadas en zonas de mayor valor ecológico.

La zona marítima en el exterior del Delta del Ebro podría ser una de las mejores candidatas para convertirse en una nueva Zona de Recuperación Pesquera debido a la gran riqueza ecológica que presenta.

La continua sobreexplotación pesquera en el Mediterráneo, las elevadas tasas de descartes y de capturas incidentales, así como la degradación de los ecosistemas marinos debido en gran parte a los impactos de las artes de pesca utilizadas, son aspectos todavía no resueltos y que deberían obligar al Gobierno español a establecer mayores medidas de protección y de gestión con el fin de reducir el impacto de la actividad pesquera, pero también, con el fin de cumplir con la Estrategia sobre Biodiversidad de la UE para el año 2030, que tiene como objetivo proteger de forma eficaz el 30% de las zonas marinas, un 10% de las cuales deben estar estrictamente protegidas.

Teniendo en cuenta que actualmente sólo un 1,2% del Mediterráneo está eficazmente protegido, el reto es enorme. Por ello, ampliar las Zonas de Recuperación Pesquera, es decir, ampliar las áreas marinas en las que no se permita ningún tipo de actividad es una de las vías que ayudarían a alcanzar el objetivo marcado por la Estrategia sobre Biodiversidad. De hecho, en varios puntos del Mediterráneo ya se ha implementado Zonas de Recuperación Pesquera con resultados muy positivos, tanto para los ecosistemas marinos como para el propio sector pesquero.

Un claro ejemplo de esto fue el establecimiento en 2017 de la Zona de Restricción Pesquera de Jabuka/Pomo Pit situada en el Adriático central, entre Italia y Croacia. El establecimiento de esta zona de veda permanente fue impulsado por varios actores ha resultado ser una experiencia muy positiva. Proteger zonas vulnerables de la actividad pesquera ha permitido en pocos años recuperar la biomasa de especies comerciales agotadas, lo que ha conllevado beneficios ambientales, pero también beneficios para los propios pescadores que operan en las proximidades del área vedada.

Ahora bien, para que el establecimiento de un área protegida o una zona vedada se considere exitoso se deben cumplir varios principios, entre los cuales la existencia de un control riguroso, el cumplimiento de las recomendaciones científicas y la implementación de una gestión proactiva y ecosistémica. Desafortunadamente, estas pautas no siempre se cumplen, provocando que determinadas zonas de veda existentes (ya sean permanentes o temporales) no acaben dando los resultados esperados y sean vistas como meras reservas de papel. Sin embargo, este hecho no debe servir de excusa para no implementar nuevas zonas protegidas, al contrario.

Una propuesta evaluada como de interés por el comité científico del Consejo General de la Pesca del Mediterráneo propone el establecimiento de una nueva Zona de Recuperación Pesquera en aguas marinas situadas en el exterior del Delta del Ebro, donde se ha confirmado la presencia de altas concentraciones de juveniles y zonas de desove de especies de gran interés pesquero como la merluza, cigala, calamar, gamba roja, entre muchas otras. A su vez, también se ha detectado la presencia de especies clave tales como el coral bambú y varias especies de plumas de mar, indicadoras de Ecosistemas Marinos Vulnerables.

Así pues, el hallazgo en el exterior del Delta del Ebro de una zona gran riqueza ecológica que alberga Ecosistemas Marinos Vulnerables, y que además presenta zonas de juveniles y áreas de desove de especies comerciales de interés pesquero, sumado al reto de proteger de forma eficaz al menos el 30% de las zonas marinas para 2030, parecen motivos suficientes para solicitar que esta área marina se convierta en una Zona de Recuperación Pesquera.

Probablemente esta solicitud no obtenga apoyo de todos los segmentos de la flota, al menos a priori, y menos en los tiempos agitados como el que vivimos, pero reforzar la protección marina de aquellas zonas identificadas como prioritarias parece una de las vías más sensatas para cumplir con la legislación pesquera y ambiental en vigor. Además, impulsar la recuperación de los ecosistemas y caladeros a niveles saludables es garantía de futuro para el propio sector pesquero, puesto que implicaría un menor esfuerzo pesquero, menor gasto de combustible y costes derivados de la actividad y, entre otros, generaría una mayor estabilidad de las capturas. Así que, potenciar la protección y recuperación Ecosistemas vulnerables y de especies de interés pesquero en aguas exteriores frente al Delta del Ebro puede que no sea, después de todo, una idea muy descabellada.

 (*)  Lydia Chaparro, Ecóloga marina en la Fundació ENT

Fotografía principal: Delta del Ebro, Juanjo Guillen. Archivo EFEverde/LifeInvasaqua

 

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